Orden o Rebelión 4

Orden o Rebelión 4

Con el caballo pude llegar en menos de dos días a la capital mientras reponía fuerzas ya que tenía vituallas en las alforjas. Nada más llegar me presento ante mi General de la Guardia del Príncipe.

– Señor, ¿el príncipe está bien?

– Sí, gracias a su estrategia y audacia, el príncipe llegó bien a la capital con la compañía de dos de sus guardias. Capitana vaya a su habitación y adecéntese. He convocado una reunión de capitanes para dentro de veinte minutos con el fin de analizar toda la información que tenemos ahora mismo.

– Sí señor.

Es en ese momento que me doy cuenta de que tengo la ropa con un color amarillento en vez del verde oliva de la Guardia del Príncipe. Me dirijo a mi habitación donde ya está esperándome una bañera rebosante de agua caliente junto a un nuevo uniforme impoluto.

A causa de la reunión, no me puedo entretener en el agua, para descansar, tanto como me gustaría. Aún así, al salir, me doy cuenta de que la bañera se encuentra llena de arena de desierto. Me visto con el nuevo uniforme, como algo y me dirijo hacia los aposentos del General para ser de las primeras en llegar. Prefiero esperar a que me esperen.

Cuando entro solo está el General. Sería un buen momento para hablar con él en privado, pero aparecen el resto de los capitanes. Nos situamos en semicírculo a su alrededor en su habitación de recibimiento, un lugar de lo más austero excepto por un baúl en el fondo. Los asistentes son:

Jenes, el más antiguo en el cargo por tanto el que mejores guardias tiene; calvo con ojeras profundas y un cuerpo resistente a la edad, duro como el solo y en más en forma que cualquiera.

Traduros, segundo en antigüedad con una gran mata de pelo, el uniforme cada vez le queda más grande; con la tensión y el ejercicio ha adelgazado mucho, recibió una flecha en el hombre por el príncipe.

Prepontines, pequeño, delgado, inteligente, muy agudo. Se entera de todas las cosas incluso antes de que pasen. Los sastres tuvieron que hacer sus trajes a media. El espadachín más rápido que he visto nunca junto a una de las mentes más perspicaces solo superada por el General.

Tus, fuerte, grande, robusto. Más de un recluta ha sufrido en sus carnes que por muy grande que sea, es más rápido de lo que parece. Para sofocar una pequeña trifulca que intentaron los rebeldes en el mercado principal, se limitó a sacarlos volando de dos en dos sin que pudieran ni empuñar la espada.

El General Rotertus, mi antiguo amigo cuando éramos capitanes. Me lo enseño todo. Un hombre corriente, pero como la mejor mente que se puede tener. Capaz de todo en menos de un minuto. Al jubilarse el anterior general de la Guardia del Príncipe a todos nos quedó claro que iba a sucederle.

– Bienvenidos. Seré rápido para que volváis a vuestros quehaceres. La capitana Mencar ha repelido un ataque coordinado por parte de los rebeldes. Hemos sufrido tres bajas que serán cubiertas a mi elección. Estad pendientes y vigilantes.

Utilizo nuestro código secreto para que sepa que quiero hablar con él en privado.

– Podéis retiraros, capitana Mencar quiero hablar con usted.

El resto de los capitanes se retiran. Prepontines más rápido que el resto al estar de guardia para comprobar que sigue todo en orden. Esperamos a que el último cierre la puerta.

– Señor, tengo sospechas de que tenemos ratas en el Castillo.

– Capitana, aquí no hablaremos de esto. Espere mi llamada.

– Sí señor.

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