Combates Espaciales 4

Combates Espaciales 4

Al llegar a la nave nodriza, la fiesta ha empezado. Casi todos los cazas ya están en el embarque y sus pilotos gritan de alegría por las pasarelas. El comandante nos espera a los tres en la zona de salida.

-Quiero hablar con los tres. ¡Ahora!

-Sí señor.

Dejamos la fiesta. Nos dirigimos a la oficina que tiene el comandante en la parte posterior del embarque desde donde se pueden ver los doscientos cazas en sus zonas de salida. Su bigote está tranquilo, se quita la gorra al entrar dejándola en la percha. Se peina el poco pelo que le queda hacia atrás mientras nos mira a la cara.

-Sé lo que habéis hecho. Me habéis salvado el culo, pero sin que nadie lo supiera. Gracias. He decidido que vosotros tres tendréis un Ala aparte. Seréis el Ala Dragón.

-Señor, sólo yo soy sargento, mis otros dos hermanos son soldados rasos.

-Lo sé, lo tenía previsto. Sargento acabas de ascender a Teniente, soldados ahora llevaréis las enseñas de Sargento. No os puedo dar ni un solo soldado sin que se enfade ninguna otro Teniente de Ala, pero tenéis libertad.

-Sí señor, con su permiso, queremos salir.

-Por supuesto, disfrutad de la fiesta.

-Lo siento señor, iremos a descansar que en seis horas tenemos simulador. Queremos probar nuevas ideas que tenemos tras la lucha.

El comandante nos lo concede con un gesto de la mano mientras su cara refleja una gran sorpresa. De verdad, estamos hechos de otra pasta.

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Orden o Rebelión 9

Orden o Rebelión 9

Hoy es el día en el que se produce el ataque. Ataque que nadie, excepto los cuatro ideólogos, espera. Yo soy la capitana preparada para la guardia. Y si todo sale como tenemos planeado hay cierta posibilidad de resultar herida pero no de que me puedan rematar.

Salimos de la capital para dirigirnos a una ciudad a dos días de camino. Haremos un descanso en una posada pre acordada. Allí será dónde tendrá lugar el ataque.

Según nuestro plan, los rebeldes ya están infiltrados en la posada cuando hemos llegado. Mis soldados se quedan fuera esperando un ataque mientras que yo me mantengo junto al Príncipe. El asesor se encarga de mí mientras que los rebeldes raptan al Príncipe golpeando rápidamente a todos los que intentan seguirles. El único truco debajo de la manga es que no se están llevando al Príncipe. Se llevan a un doble.

Me despierto con un gran dolor de cabeza mientras oigo el grito de frustración del asesor -que habíamos acordado- cuando se supone que ha descubierto que se ha llevado a un doble. Miro a mis soldados que están compungidos.

-Soldados, volvamos a casa. Que se queden con el doble del Príncipe.

Falsas sonrisas aparecen en sus rostros crispados. Los entiendo. Se sienten engañados y traicionados por los rebeldes; y hubiera sido una deshonra si no fuera porque lo habíamos previsto así. Ahora todo queda en manos del asesor para descubrir al traidor en nuestra Guardia. Mientras tanto queda algo claro: si hay una próxima vez, seré un objetivo. La capitana que les ha engañado dos veces debe morir. No les tengo miedo, que vengan.

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Estilicón 3

Estilicón 3

Rodeamos la cima en la que se habían instalado los visigodos de Alarico. Todos mis soldados forman una línea defensiva para mantener la cota controlada. Mientras tanto veíamos que los visigodos preparaban una posición defensiva colocando a sus carros a modo murallas de su campamento.

Me reúno con mis centuriones y federados:

– Hoy es Pascua de Resurrección. No necesitamos atacar este día tan señalado además de que tenemos bastante cerca la victoria. Tiene casi ciento cincuenta mil almas allí arriba. Ha abandonado rápidamente un asedio que tenía. Dudo mucho que hayan llevado muchas viandas. Así que ordeno que nos quedemos a la espera de que ellos hagan el primer movimiento.

– Sí señor – me contesta el primero, el Pequeño Saúl. El rey de los alanos es de estatura baja, complexión fuerte, duro y un gran soldado. Tiene unas ganas horribles de acabar con las habladurías de cobardía en las últimas batallas conjuntas. Todo ellas salidas de la boca de Alarico.

Junto a uno de mis centuriones vamos con sus soldados para cerciorarme que está todo en orden. Todos los soldados a sus órdenes están mirando fijamente a lo alto de la cima. El escudo a la espalda, la spatha1* guardada, varios venados2* en la mano y cerca, muy cerca, la lanza de acometida. Las corazas no es que abunden en el ejército, tanto porque les causan molestias como que en el norte prefieren llevar más ropa de abrigo.

Entonces oigo el grito:

– ¡¡Señor!! ¡Los alanos! ¡Atacan!

Miró colina arriba. Saúl no ha querido esperar.

1* Espada romana usada en el cuerpo a cuerpo.

2* Jabalina ligera.

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