Orden o Rebelión 3

Orden o Rebelión 3

En el cuarto día de marcha en el horizonte empiezan a surgir árboles, primero pequeños, luego más grandes. El fin del desierto, ¡menos mal!, porque me estaba quedando sin agua.

Llego al comienzo del bosque cuando empieza a oscurecer. Empiezo a ver pequeñas hogueras a lo largo de todo el horizonte. No sé si son de los míos o de los rebeldes esperándome. En cualquier caso, y si mi hipótesis es verdad, tampoco sería buena idea que la Guardia me detectará antes que yo a ellos.

Me dedico a comprobar en qué dirección viene el viento. Me acercó a una de las hogueras teniéndolo en contra para que no me puedan oler. Es bueno ser precavida. Voy en contra del viento, agachada y sin acercarme a la luz.

Me asomo lo más lejos posible para no ser detectada. Veo que solo hay una sombra apoyada en un árbol cerca de la hoguera. Me muevo con total sutileza entre las ramas y hojas caídas para que no me oiga mientras me acercó por detrás de él con el cuchillo desenvainado.

Antes de que se dé cuenta tiene un cuchillo apoyado en la garganta y mi voz susurrándole:

– Si tienes compañeros escondidos, ni se te ocurra hacer ningún ruido para que te ayuden.

– ¡¡Capitana!! ¡¡Por fin!! ¡¡Llevamos tres días acampados por usted!!

– ¿Cómo sabías dónde estaba?

– Después de que el príncipe llegará sano y salvo, se enviaron varias patrullas de ayuda. Descubrimos el rastro que dejó y que nos llevó al Desierto de Brujel. El General ordenó a las patrullas que nos dispusiéramos para encontrarla cuando saliera o para capturar a los rebeldes.

– ¿Y los rebeldes?

– Por ahora nadie ha informado de que hayan podido salir del Desierto, ha sido muy eficaz logrando que se perdieran Capitana.

– Bien, bien. Avisa de que he podido salir. Mantened la posición. ¿Tienes un caballo?

– Sí señora.

– Pues me lo quedó. Soldado continue con su guardia.

Después del susto que le he dado dudo mucho que se vuelva a despistar para que alguien le coja por la espalda. Necesito llegar lo antes posible para hablar con el General de la Guardia del Príncipe, debe saber que podemos tener un topo entre nuestros soldados.

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Recuerdos en el desierto

Recuerdos en el Desierto

Recuerdos en el desierto

Sin poder descansar en el oasis y tampoco en mitad de la arena, solo me queda seguir caminando. Podría rendirme, pero con eso solo conseguiría que los rebeldes ganaran. Tengo que avisar, tengo que llegar como sea. Alguien nos traicionó para poder llevarse al príncipe. Un miembro de la Guardia del Príncipe es de los rebeldes.

Estábamos llevando al príncipe en un viaje de Estado para poder ejercitar su influencia en la provincia del Estelmunque. Íbamos por el camino principal entre las ciudades de Danema y Gobavi después de una semana de visita, cuando los rebeldes realizaron su emboscada.

Un árbol caído cortaba el camino, lo más clásico posible. Quince rebeldes nos cortaban la retirada. Éramos diez soldados a caballo más el carruaje del príncipe, pero teníamos un plan preestablecido. Tres soldados y yo cargamos hacia la retirada mientras que el carro daba media vuelta. En dos grupos de tres soldados desaparecieron por ambos flancos. Nuestra pequeña cuña de cuatro jinetes consigue su objetivo y abre el hueco suficiente para que pueda escapar el carro mientras le cubrimos la retirada.

Somos soldados profesionales, preparados para este tipo de combates en inferioridad contra guerreros no profesionales; podemos dar el tiempo suficiente para que el carro del príncipe tome velocidad antes de caer. A mí me dejan vivir mientras persiguen el carro.

“No sonrías tanto, pronto verás que tus esfuerzos son inútiles porque tendremos a tu príncipe, guardia” dice la última palabra casi escupiéndome como si fuera un insulto.

Pasado doscientos latidos de corazón, resuenan los cascos de los caballos en el suelo, están volviendo. Mi sonrisa es más grande todavía.

La líder salta del caballo antes de que haya parado del todo y me grita enfurecida “¿¿¡¡Dónde está!!?? Maldita guardia de mierda, tu vida no vale más que la suya, dime dónde está y te perdonaré la vida.

“¿¿¡¡Dónde está el príncipe!!??” me pega con el puño “Esto es para que dejes de sonreír”.

Más de dos horas de diversas torturas hasta que se dieron cuenta que el príncipe ya se había escapado. Pero me quedaba un último truco.

“No sé dónde está el príncipe, pero sí le puedo rastrear”

“¿Por qué no lo dijiste antes?”

“Porque no lo preguntaste”

En ese momento empiezo la pantomima de rastrear. Solo tenía que seguir el camino de una de las patrullas y luego ir descubriendo un rastro que me llevaría al desierto, dentro del cual, después de dar varias vueltas bajo el Sol sofocante me reí de ellos en su cara. Cuando me dejaron, pensé que podría morir, había hecho suficiente, hasta que llegó ese pensamiento. ¿Y si… un guardia es rebelde? Entonces lo supe, todavía me quedaba trabajo por hacer.

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Soledad en un mar de arena

Soledad en un mar de arena

Hace dos días que me dejaron para que muriera en mitad del desierto. También cuenta que les haya guiado al desierto para que se perdieran allí. Solo queda una cosa más. Sobrevivir.

Medio día siguiendo al Sol, el otro medio día dejando en la espalda al astro para seguir yendo hacia el este en todo momento. He guiado al ejército de tal forma que se perdiera en el desierto, aunque yo también he acabado igual.

Me paso todo el día, queriendo quitarme la arena que me llena el cuerpo. Y odiando al viento que me hace entrecerrar los ojos. En definitiva, odio al desierto. Casi tanto o igual que a los rebeldes. 

Al hacerse la noche empieza a refrescar por lo que puedo respirar un poco. Antes d,e nada, seco todas las ropas que puedo para cuando desciendan más las temperaturas. Cuando acabo, busco la Osa Mayor en el cielo, y, una vez encontrada, sigo en dirección este. En algún momento podré salir de este infierno. Seguiré andando al este, hasta llegar a algún sitio.

Al amanecer del segundo día, cuando estaba pensando en cómo descansar durante el momento más caluroso, vislumbro un oasis. Se ve que no es el final del desierto, pero sí uno de los oasis que conocerán los beduinos que viven en él.

Un pequeño lago domina el lugar lleno de palmeras y un poco de césped. Me acercó despacio, comprobando que no haya ningún animal al acecho. Una vez que confirmo que no hay nada esperando, bebo agua despacio. Miró alrededor buscando algo para poder llevarme agua, veo varios cocos sueltos que puedo sujetar. Los abro con un pequeño agujero (fue buena idea coger el cuchillo olvidado por los rebeldes). Bebo todo el contenido de los cocos y los lleno de agua. Luego los sujeto con un cordón que me sobraba del pantalón para llevármelos.

Mi siguiente pensamiento es ¿podré pasar la noche aquí para descansar? Al lado de los cocos hay varios huesos blanquecinos; mejor no esperar a la noche. Seguramente huyan del Sol por el día en las palmeras, el césped oculta su rastro. Antes de anochecer es mejor volver al desierto. Con este pensamiento salgo a mediodía, queda un camino por recorrer.

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Memorias de una hormiga 2

Hormiga

Memorias de una hormiga 2

Por mucho que miremos el césped tenemos que estar pendientes de más cosas. La luz está en todo lo alto y cada vez hay más humanos por el camino. El hormiguero es un orden con muchos y diferentes trabajos. Muchas de mis compañeras y yo entrando con la comida que hemos encontrado, otras están preparando más caminos subterráneos para esconder la comida más abajo. Todos sabemos que empiezan las horas críticas en las que habrá más ataques y más bajas entre nosotras. Los humanos querrán nuestra comida, sobre todo los más pequeños que tienen la manía de meter la mano y chupar todo lo que pueden. Por todo eso, nos fuimos a la tierra más que al césped, aunque seguimos sufriendo ataques, son muchos menos que en el césped.

Después de tardar bastante en llegar los nuevos almacenes y colocar la comida que he obtenido, vuelvo a salir a la superficie. Esta vez me iré cerca de la gran superficie azul dónde siempre caen migas que me puedo llevar. Las reclutas también se vendrán por el mismo camino por lo que he oído a su sargento.

Subiendo por el balcón que da lugar a la gran superficie me doy cuenta de que hay muchos humanos asomados. Eso es bueno. Más migas que habrá para recoger. Perfecto.

Al llegar cerca de la gran superficie veo que las migas que tiran los humanos están provocando que grandes gotas salgan de la superficie e intenten darnos. Hace tiempo descubrí que morimos si nos dan esas gotas, le sucedió a tres de mis compañeras. Oigo que el sargento da las indicaciones oportunas a las reclutas mientras recogemos todo lo que podemos. Coger lo que puedas, ojo al azul, baja deprisa, no te quedes mucho tiempo, no es necesario.

Todas las que podemos seguimos esas indicaciones como si nos las diera Madre desde el nido. Cuando es una buena indicación, se sigue y punto.

 De vuelta al hormiguero. Volvemos muchas más de las que pensaba yo, incluso casi todas las reclutas nuevas. Todas con comida para las compañeras. Hoy es un buen día para todos.

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Memorias de una hormiga

Hormiga

Memorias de una hormiga

Por lo que más quieran un dos para nuestro grupo, dos, dos, dos…

-¡¡¡Grupo de nuevos reclutas!!….¡¡¡Uno!!!

No, por la mañana, no. Hoy no. El primer día para las nuevas reclutas y justo por la mañana. Esto quiere decir que nos toca a todo humano pequeño loco que quiera matar hormigas, evitar pisotones, bicicletas, monopatín, es decir, casi todo el terreno será un campo de muerte. Enseñarles que no se debe meter en esa gran masa azul si quieren seguir vivas. Casi no tenemos que preocuparnos de depredadores naturales. El significado es que al menos una de cada dos hormigas no vuelva al hormiguero. Lo único bueno es que hay comida de sobra, miga de comidas, almuerzos o meriendas de los humanos. Lo importante es ir y volver con la comida porque tendremos de sobra para el invierno.

Intentaré poner todo lo que pasé este día como hormiga trabajadora que soy. Estas son las memorias de una hormiga en el Retiro.

Las primeras horas son las más fáciles para trabajar. Casi no ha salido la luz por lo que hay muy pocos humanos casi todos con recorridos prefijados por lo que podemos predecirlos y evitarlos con bastante facilidad. Para hacerlo solo hay que evitar los exteriores del parque y la gran superficie azul. Naturalmente si buscamos por la hierba nos podemos encontrar con alguna araña o de las pocas ardillas que quedan.

Salgo del hormiguero, me dirijo al césped junto a mis otras hermanas. La unión hace la fuerza, si aparece un saltamontes mejor que salga corriendo. Lo malo de estas dos primeras horas es que el turno de noche ha hecho un buen trabajo y no se suele conseguir gran cosa. Después de recorrer todo el césped entero solo encontrando basura no comestible nos arriesgamos yendo a la gran superficie azul. Antes de volver a cruzar sentimos un pequeño terremoto que indica que se acerca uno de los corredores, por lo que esperamos a que pasé para seguir nuestro camino. Seguimos vigilando nuestras espaldas en el césped, por si acaso. Nunca se sabe lo que puede salir.

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Batalla de Magia

Magia

Batalla de Magia

A mediodía, un grupo de quince personas suben lo más rápido posible una colina. Nueve niñas de edades comprendidas entre los cinco y los diez años con ropas de sirvientas y caras asustadas acompañadas por cuatro soldados con las armas en la mano y dos encapuchados que cierran la marcha. Son perseguidos de cerca por diez magos abiertos en semicírculo, destacando por el ropaje llamativo que llevan.

– ¡¡Deteneos!! – grita el mago que encabeza la persecución – ¡¡O ateneos a las consecuencias!!

Los dos encapuchados se miran.

– Estamos suficiente altos.

– Pero….

– Me he cansado – se quita la capucha dejando flotar una larga melena pelirroja oscura. El otro procede a quitarse también la capucha dejando una cara con barba incipiente de color marrón oscuro, ojos marrones y pelo muy corto.

Las niñas miran al hombre y la más pequeña de ellas pregunta:

– ¿Qué pasa? ¿Hemos hecho algo malo?

– No cariño, vosotras no habéis hecho nada malo. Han sido ellos, que le han conseguido cabrear. Vamos a sentarnos mientras tomamos un pequeño refrigerio.

La mujer deja caer la pesada capa de viaje, dejando ver unos pantalones de vestir con un jersey de lana sin pulir. El hombre ayuda a sentarse a las nueve niñas mientras les reparte unas pequeñas escudillas con fruta dentro. Los cuatro soldados también se dan la vuelta para ver.

– Somos diez grandes magos del Rey Jaime. Depón de tu actitud antes de que te arrepientas.

– Los que os vais a arrepentir sois vosotros.

Una niña de diez años mira al hombre:

– ¿Diez contra una no es poco justo?

– Sí, lamentablemente, sí que es lo es. Tendría que ser el triple como mínimo para poder hacerle cosquillas. Atended niñas, hoy será vuestra primera clase de magia en práctica.

Mientras va a hablando la mujer baja de la colina con los puños cerrados mientras que los magos empiezan a hacer muchos gestos con las manos mientras recitan en idiomas arcanos.

– ¡¡CUANDO QUERÁIS QUE NO TENGO TODO EL DÍA!! – les grita la mujer cuando ha bajado la colina y está a cuatrocientos metros de ellos.

– Sí que la han cabreado. Bueno niñas atended, último mago de la derecha ha lanzado un hechizo de fuego purificador, ¿veis que es un pequeño perro? Bueno bien, pues a los perros les encanta volver con sus amos; por eso, cuando lo lancéis, estad preparadas contra el fuego; no como ese muchacho. Los tres magos siguientes han preparado tres hechizos conjuntos de fuego, tierra y agua, son difíciles de parar si no lo hubiera unido a una flecha como conexión; destruida la flecha se acaban los hechizos y has perdido mucha fuerza.

– Allí, ¿no es un demonio?

– ¿Dónde?

– Detrás de Ella.

– Hmmmm. Capitán Fudor, ¿a qué distancia estima que se encuentra el demonio de nuestra maga?

– A unos cien pasos, señor, pero hay como una pequeña llama que le sigue.

– Entonces nada de lo que preocuparse niñas, lo tiene todo controlado, con la llama indica que sabe dónde está. Es un pequeño hechizo muy fácil que os enseñaremos dentro de poco. En este momento que le llegan cinco hechizos diferentes ¿veis que se queda quieta? Respirad, que está quieta para que el demonio esté cerca y pueda saber quién se lo ha mandado. Eso solo hacedlo los primeros años bajo supervisión; es mucha tensión.

La maga mueve rápidamente la mano y los cincos hechizos desaparecen de un plumazo mientras que el demonio levanta las zarpas para comerla.

– Y ahora que sabe quién es el mago, no os perdáis detalle- el demonio desaparece de su espalda, aparece en la espalda del mago principal al cual agarra y chilla antes de desaparecer los dos con dos movimientos de mano de la maga – Los magos que molestan a los demonios para sus luchas se merecen estar un tiempo en el éter de los demonios y, os lo aseguro, no es agradable.

– Decid al rey Jaime que deje de raptar niños y niñas para ingresar como magos. Lo sabré e iré a rescatarles.

Dicho lo cual un gran caballo de agua y aire en su carrera barre a los ocho magos restantes haciéndolos desaparecer. La maga se da la vuelta sonriendo.

– Bueno niñas, ¿Qué os ha parecido? ¿Queréis aprender a manejar la magia?

Las nueve niñas se levantan gritando sí a la vez mientras tiran sus escudillas. El hombre se levanta lentamente mientras mira a las nueve niñas. Suspira mientras con un pequeño gesto dirige las escudillas a su mochila.

La maga llega para encabezar la marcha mientras que la niña más pequeña se queda mirando al hombre.

– ¿Ya no va a haber más caballos? Me gustan los caballos.

– Mira a tu derecha.

A la altura de sus ojos un pequeño caballo de agua trota mientras la niña se ríe.

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El Emperador del Sol

Desde lo alto de la loma se puede observar perfectamente la cantidad de soldados que ha traído el emperador. No es que sean ni dos por cada uno de los nuestros; tendremos suerte si el balance está en diez soldados por cada uno de los nuestros. Pero, nos favorece la altura; el que no se consuela es porque no quiere.

Mil quinientos piqueros están formados como lo hacían las antiguas falanges griegas. Líneas de picas en diferentes alturas convirtiéndose en un erizo. Justo delante, quinientos arqueros, los mejores de todos. Y ya están todos los soldados. Todos los soldados profesionales que hemos podido reunir para evitar que el Paso de los Elefantes caiga en manos del emperador del Sol.

Enfrente miles y miles de soldados entregados a la causa. A llevar su religión a los sitios más recónditos del continente, incluso a nuestro pequeño reino. Llevarlo con armas, fuego y sangre.

Al mediodía se ponen en movimiento hacia nuestra posición. Los arqueros empiezan tirando hacia el cielo para que las flechas lleguen más lejos mientras, que según se acercan, no tienen que tirar en perpendicular; solo tienen que tirar al bulto. Hay tantos soldados mal equipados que cada flecha lanzada es un enemigo caído. Pero no es suficiente, no sirve ni para que les entre el miedo. Siguen avanzando, son una ola imparable.

Los arqueros se retiran corriendo entre las filas de la falange. Al llegar a la parte de atrás sigue disparando sin parar. Hemos traído flechas de sobra. La falange cierra filas, aseguran los pies, se preparan para el choque que no se hace esperar. Las primeras filas de la marabunta son pinchadas y mueren en el lugar donde se encuentran. Empezamos a caminar hacia delante, empujando las últimas filas a las primeras para expulsar el poco espacio que habían conseguido ganar de la loma.

El resto de tarde intentamos mantener el terreno de la loma; la fuerza empieza a fallar cuando queda un cuarto de día. Los arqueros han conseguido situarse por encima de nosotros y disparar más a gusto hasta que su capitán grita:

– ¡¡LOBOS!! ¡¡Lobos de poniente!! ¡¡Los refuerzos han llegado!!

— ¡¡Falange adelante!! – gritó como puedo. Como un solo cuerpo, mi falange hace caso a su general.

Recuperamos toda la loma perdida hasta situarnos en el borde. Esta vez no vuelven a presionarnos inmediatamente. Vemos porque a su espalda, en la loma dónde construyeron su campamento, aparece una gran columna de humo de la que surgen miles de soldados montados sobre lobos.

– ¡¡Falange!! ¡¡HACHAS!!

Todos soltamos nuestras picas ensangrentadas para recoger las hachas que tenemos en la espalda. Me situó en la primera fila. El lobo del general se eleva en dos patas, a la vez que el general me saluda con su propia espada. Elevó mi hacha devolviendo el saludo. Es hora de acabar esta batalla. A nuestros pies los soldados del Emperador del Sol, que ahora no tienen a dónde huir.

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Traición 15: El Final

TRAICIÓN 15: La gran batalla. Después de separarse de la familia real, tanto el rastreador como la general se dirigen hacia dónde empezó todo: la gran comunidad del rezo del Gran Sol. Si hay alguien que pudiera quedar fiel a la monarquía, son esas personas. Si es que alguna de ellas sigue viva. De la gran casa, donde cayó el rastreador, solo quedan cenizas. La quemaron todo lo que pudieron. El hombre empezó a hacer su trabajo. Rastrear. Hace mucho tiempo que pasaron por allí. Un buen rastreador debe tener, a parte de capacidad de observación, intuición y táctica. Aunque tardó, lo encontró. Por fin encontró el rastro y lo siguieron. Se alejaba hacia las montañas. Hacia la posibilidad que dan las montañas. Siguieron la pista durante dos días, hasta que llegaron a un bosque en las faldas de la montaña. Cuando se quieren dar cuentan están rodeados. Rodeados por los pocos soldados que quedan del rezo. Los miraron y sonrieron. Al poco rato se encuentran junto a una gran hoguera. El fuego está dorando un jabalí. Siguen hablando de lo que ha pasado en el tiempo que han estado separados hasta que llegan al punto que querían tratar. – La familia real se ha escapado de los mercenarios. Necesitan nuestra ayuda. – propone la general. – Nosotros ya hemos pasado la edad de ayudar. De luchar. – responde el líder de los supervivientes. – Lo sabemos, nosotros también, y aún así hemos luchado. El problema no es luchar, sino cuándo luchamos. Si los mercenarios vencen, y sin nosotros, vencerán, vendrán a por nosotros. Y moriremos. En cambio, todos juntos tenemos una posibilidad de vencer. – General, sabe que con usted iría al infierno, pero tenemos que pensarlo. – Por supuesto, aquí estaremos. Primero, cenemos, el jabalí ya está listo. Después de cenar, se acuestan. Hace buen tiempo y no necesitan una tienda. Los primeros rayos de Sol les despiertan. Todos los miembros que quedan se reúnen otra vez con el rastreador y la general. – No puedo hablar en nombre de los demás, pero os seguiré dice…..? El resto de los supervivientes asienten con al cabeza. Todos les seguirán. Siguiente paso, moverse rápido hacia el oeste. Los miembros de la secta habían rescatado a los caballos, por tanto, pueden hacerlo. Al llegar al camino real, el rastreador ordena el alto. – Los mercenarios han salido. Se dirigen al oeste. Han pensado igual que la familia real. Tienen dos días de ventaja. – Mi primer plan no es viable. No podremos unirnos antes de que empiece la batalla, pero si podemos movernos desde detrás. Guíanos. – ordena la general. Después de tres días casi sin bajarse del caballo y comiendo de las reservas que llevaban consigo pueden ver el campamento de los mercenarios. – No hay mucha gente. Quiere decir que ya ha empezado la batalla. La general sonríe. – Perfecto, hemos llegado junto a tiempo. Todos fuera del caballo ahora mismo. Rastreador, quiero que nos metas en ese campamento. – ¿A todos? – A todos. Tenemos que incendiarlo por los cuatro costados. Son mercenarios. Cuando vean que su campamento está destruido creerán que una gran fuerza vendrá a por ellos y huirán. – ¿Y si no huyen? – Les atacaremos por la espalda. Todos asienten. Les gusta el plan. Dejan los caballos en lateral del camino lleno de árboles. Ellos se ensucian lo máximo posible para no destacar entre las hierbas tal y como estaba haciendo el rastreador. Elige el lado más cercano a dónde se encuentran. Los dos vigías que controlan ese lado mueren rápidamente de la mano del rastreador. Aunque el número no llega a más de treinta soldados, son suficientes para desplegarse por todos lados y empezar a provocar incendios. Los pocos soldados que salen a detenerles son asesinados. Salen por la puerta contraria a la que entraron con todo el campamento en llamas. Media hora después llega corriendo la caballería real. El capitán es antiguo amigo de la general. – La habéis liado buena. Casi todos los mercenarios salieron huyendo y los pocos que se quedaron han sido aplastados por nuestra infantería. Ahora nos iremos a cazar mercenarios. Gracias. Este es el final. Página de Facebook: https://www.facebook.com/TierradeFiccion Otros relatos: https://www.tierradeficcion.com/traicion/traicion-14-el-pasillo/

Traición 14: El Pasillo

Traición 14: El Pasillo

Lo más fácil es entrar. Eso es lo que estaba más claro en todo el plan. Si no sabes que existe algo, no te defiendes de ellos. Por eso, es tan importante que ese pasadizo sea secreto. Según entramos los tres en el pasadizo nos damos cuenta de que hace mucho tiempo que no ha pasado nadie por allí. La cantidad de telarañas que estamos pasando se nota en el cuerpo y eso que no llevamos ninguna luz por si acaso. La primera parte del plan funciona a la perfección. Ningún grito que relate que nos han encontrado, ninguna luz sospechosa. Llegamos a la habitación dónde está retenida la familia real. Habitación por decirlo de alguna manera porque con ese espacio la población normal tiene para tres casas, incluso cuatro. La reina sonríe al ver a su Capitana. El rey nos mira con detenimiento a nosotros dos. – Majestades, es un buen momento para irnos. Los dos entienden que no hay que hablar mucho y nos siguen rápidamente. Más difícil son dos hijos. No quieren pasar por un sitio tan oscuro. Con ocho y diez primaveras todavía tienen miedo a la oscuridad. Mientras no griten todo irá bien. Por lo menos, están aceptando disfrazarse mientras preparamos todo para seguir con el plan. – Vamos mis príncipes. Ya sabéis que como Capitana de la Guardia de la Reina tengo obligación de protegeros. Además, me he traído refuerzos. A mi hermano, el mejor rastreador que hemos tenido, y a su general. Después de esas palabras de mi hermana, junto a promesas de sus Majestades, conseguimos atarles una cuerda para que no se pierdan por el pasillo oscuro. Entra primero mi hermana, después el Rey, tras él la Reina, sus hijos, mi general y por último entro yo cerrando la puerta del pasadizo. Caminamos más despacio que a la ida por lo que estamos tardando más de lo normal.Peor de lo previsto. Al salir del pasillo quieren descansar, pero no se lo permitimos. Todo el minuto que no usemos para poner distancia entre los mercenarios y nosotros será perjudicial. Será un minuto que tendrá para estar más cerca de encontrarnos en la fuga. Seguimos el camino planificado por mi hermana, encontrándonos con el carro. El mismo carro que usamos mi general y yo para entrar. Todos suben mientras que la general se pone A mi lado en el pescante. La misma guardia que nos dejó entrar está de guardia en el momento de salir. Me mira y cuando se da cuenta de quien soy me saluda con la mano. – ¿Fue buen venta? – me pregunta mientras me deja pasar por delante de otros carros que su compañero inspecciona – Tu tío todavía no ha salido. ¿No os vais juntos? – Muy buena, sí señor. Tan buena que mi tío me ha permitido probar mis propias habilidades solo. – Me parece bien. Buena suerte y hasta la próxima. – Hasta la próxima. Después de salir de la capital, falta lo más importante. Saber quiénes serán todavía leales a sus Majestades. Al norte están las tierras de la familia de la Reina. Página de Facebook: https://www.facebook.com/TierradeFiccion Otros relatos: https://www.tierradeficcion.com/traicion/traicion-13-torre/ https://www.tierradeficcion.com/traicion/traicion-15-el-final/

Traición 13: Torre

Traición 13: Torre.

Se sientan en la mesa de cuatro en el salón situado al lado de la cocina. La hermana sirve la comida que ha preparado rápidamente y a continuación se pone a hablar: – Después del ataque fallido en el bosque, los mercenarios se dieron cuentan que podían perder el poder que tenían hasta entonces. Seguramente fuera el plan B en caso de que no funcionará el ataque. Se movieron rápido, muy rápido. De la noche a la mañana, literalmente, cuando estábamos preparando como decírselo al rey, nos encontramos con que nos dejaban sin poder hacer nada. El Rey desapareció para el desayuno; en cambio estaba el consejo de los mercenarios que se limitaron a dejarnos inconscientes a la Guardia de la Reina – hace un alto para beber un poco de agua y continuar – Cuando me desperté, estábamos todos a las afueras del castillo con las alabardas apuntados. Decidimos irnos a casa a esperaros. -¿Sabemos dónde tienen a la familia real? – pregunta la general mientras termina su pata de conejo. – Eso sí lo hemos podido averiguar. Están en la torre de homenaje con su propia guardia de los mercenarios para que no se intente nada. Lo que no saben es que me conozco varios caminos ocultos para entrar y salir de ese Torre de Homenaje. El problema es que se enterarán de que nos hemos ido. – A no ser que lo hagamos en el período más largo sin vigilancia. – dice el rastreador después de beber agua. Se limpia la boca del tomate del conejo con el brazo. Mira a su hermana justo después. – ¿Durante la noche hermano? – No, seguramente entren varias veces para evitar huidas. Mejor entre la comida y la cena. Al haber tanta luz no crearán que puedan huir y se relajarán. Ese debe ser nuestro momento. – Si seguimos las comidas que había en el castillo, al mediodía entra la comida principal y en el anochecer se sirve la cena. – Es el tiempo perfecto, nos dará tiempo para poder huir. Solo necesitamos una cosa más. ¿Cómo huimos? – pregunta el rastreador. La general sonríe mientras contesta: – Para eso tengo yo una idea. Una gran parte de lo que quedaba de día se ocuparon de reunir al resto de la Guardia de la Reina que se encargaron de preparar todo lo necesario para poder salir de la ciudad inmediatamente después de huir. Finalmente se encargaron de preparar las antorchas para recorrer los pasillos ocultos sin iluminación. Ya estaba entrada la noche cuando por fin pudieron irse a dormir para el día siguiente. Cuando llegaría el momento del rescate. Página de Facebook: https://www.facebook.com/TierradeFiccion Otros relatos: https://www.tierradeficcion.com/traicion/traicion-12-la-capital-ha-cambiado/ https://www.tierradeficcion.com/traicion/traicion-14-el-pasillo/