Estilicón 2

Estilicón 2

Con el invierno empezado, con el emperador asustado en Mediolanum, pero con la frontera ya suficientemente controlado, puedo hacerme cargo de los visigodos. Tiempo suficiente para reunirme en la Galia con las cuatro legiones que ordené que llegarán allí cuando me enteré de su avance hacia la península romana. Además, han llegado todos los federados1* que había convocado, incluido los alanos del Pequeño Saúl. Seguro que tendrá ganas de limpiar las acusaciones de cobardía después de la batalla del río Frígido.

Gracias a las calzadas, nos ponemos en movimiento hacia Mediolanum rápidamente. Llegamos antes de que Alarico reciba información de nuestra llegada. Con la caballería a la cabeza atacó directamente el bloqueo que tiene sometido Mediolanum. La primera parte ha salido bien. Alarico debe elegir: o luchar o huir dejando toda posibilidad de tomar al emperador. Con la posibilidad de encontrarse entre dos frentes, mi ejército y las murallas de la ciudad, decide huir. También lo tenía previsto.

Te conozco más de lo que crees, Alarico, luchamos juntos y ya te he vencido más de una vez. Ahora solo queda saber dónde quieres enfrentarte a mí en tu última batalla.

Cuando se ve rodeado, sin posibilidad de huir a las Galias, consigue llegar a lo alto de una cima para enfrentarse a su más que posible final.

1* Pueblo que vivían en territorio romano a cambio de proteger las fronteras

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Silver 2. El Desfiladero Rocker.

Silver 2. El Desfiladero Rocker.

Un jinete llega a la carrera cruzando la avenida principal del campamento militar. El capitán de los mercenarios sale a recibirlo.

-Capitán, se dice que los horms han conseguido pasar por el norte.

-Díselo a los generales.

-Ya se lo he dicho, pero no me hacen caso.

– ¿Y por qué a mí?

-Usted es el único que puede llevar a su compañía sin responder ante los generales.

-Pero si han pasado por el norte la única forma de pararlos es llegar antes al Desfiladero Rocker y para llegar antes… -empieza andar deprisa hacia su campamento- tenemos que salir a marchas forzadas ahora mismo -y empieza a correr- avisaremos cuando empecemos a luchar.

– ¿Cómo?

-El Cuerno de Pok.

La salida del Regimiento Pok no fue espectacular, más bien casi a hurtadillas. En menos de tres horas recogieron el campamento que tenían al lado de las murallas y se desplazaron a marchas forzadas, todos a pie. Cualquier estratega militar estaría anotando cómo se hace.

Horas después, los generales del príncipe se enteraron de que ese Regimiento había salido rumbo al oeste, hacia el Desfiladero de Rocker. Y ese era el Regimiento mercenario que tenía el Príncipe en su mano.

No era una marcha bonita: cada soldado a ritmo infernal, portando todas las armas que pudiera, a la vez que soportaban un aire congelado que dejaba la garganta en un estado precario. Sólo se detenían tres veces a lo largo del día, con menos de una hora de descanso en cada ocasión, excepto por la noche que eran seis. En la octava jornada consiguieron su objetivo, el desfiladero Rocker, sin ningún avistamiento de horms cerca del desfiladero.

Cuando llegaron, y a pesar de los gritos de sus sargentos, los cansados hombres tiraron al suelo sus mochilas y descansaron media hora.

Tras ese breve lapso, empezaron a hacer caso a sus oficiales y levantaron un campamento mediante los árboles caídos que encontraron cerca del Desfiladero Rocker y pusieron patrullas de cincuenta hombres que se situaron en el lado contrario del Desfiladero que era por donde se suponía que llegarían los horms en manadas. Cada manada sería una tribu de horms.

Según contaban las crónicas, la rabia por los humanos les cegaba el entendimiento y eso tenía su lado bueno y su lado malo. El lado bueno es que no se preocupaban por la planificación, pero el lado malo es que no daban cuartel. Cualquier soldado lo sabe y los del regimiento de Pok tenían un miedo atroz que trataban de ocultar con su obediencia ciega a su capitán. Ese miedo lo olía cualquier horms en un kilómetro a la redonda.

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Combates Espaciales 2

Combates Espaciales 2

Nada más salir de la nave nodriza nos acoge la gran oscuridad del espacio. A medida que nos vamos situando en las posiciones de defensa de la nave principal, van apareciendo las luces de las naves enemigas. Todo el horizonte del espacio se llena de puntos rojos. Más de quinientas naves enemigas llenan todos los visores.

-Nos superan en número, mantened formación de defensa. Responded a su fuego sin escatimar en gastos.

Las luces se mueven cada vez más rápido y, entonces, en un instante, todo el firmamento estalla en colores. Sus misiles, nuestras barreras respondiendo. Nuestras doscientas naves esperando.

Es Nuestro turno. Salimos los tres disparados hacia los enemigos, como habíamos practicado durante tantas horas. Ellos se mantienen estáticos para intentar destruir las defensas mientras nosotros no paramos de disparar y movernos. Los tres, en menos de un minuto, hemos destruido a más de treinta naves, abriendo un hueco en su formación por el que pasamos. Han intentado llenar todo el espacio para disparar, pero sin profundidad. Todas sus naves ocupadas en llegar a la nave nodriza, ninguna en reserva. Como habíamos pensado en un primer contacto alienígena.

Se parece a nuestros entrenamientos, destruir su formación paulatinamente. En ese momento, un gran grupo de naves, unas ciento cincuenta, dejan la formación, pierden la paciencia y se lanzan en nuestra persecución. Por un canal interno, solo para el general.

-Señor, es su momento. Destruyan las naves que quedan. Nosotros nos encargamos de este grupo.

Se oye resoplar por el transistor. Después por el comunicador principal:

-A todas las naves disponibles, formación de ataque. Destruid las naves que quedan disparando. Los hermanos Dragón tienen la misión de darnos el tiempo suficiente para que nos preparemos cuando vuelvan.

Nos hemos entrenador para este movimiento. Que vengan, tenemos unas cuantas sorpresas preparadas. Nos vamos a divertir.

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Orden o Rebelión 7

Orden o Rebelión 7

-El capitán Tus nos conoce a las dos, por lo menos la cara. Si le seguimos así seguro que nos descubre muy rápido- le digo a la Maga Real.

Me mira tranquila y dice:

-Muy fácil – -dice mientras hace un manejo de la mano delante de mí – ahora somos dos lavanderas en busca de nueva ropa para sus amos.

Me miró al espejo y me veo diferente, pero a la Maga Real la veo exactamente igual:

-Contigo no veo ninguna diferencia.

-Claro, lo he hecho sólo para ti, así no tienes que estar pensando quien soy yo. Para el resto del mundo sigue siendo un disfraz. Si la Maga Real no puede controlar a ese nivel la magia, le quedaría poco tiempo a la nación.

En eso tenía bastante razón. Comprobamos que Trus ya ha salido y le seguimos discretamente un rato. De vez en cuando paramos en alguna tienda y comentamos sobre los diferentes tejidos que vemos.

En ningún momento Tus demuestra que nos ha detectado y sigue su camino por el mercado mientras que nosotras ya hemos comprado dos vestidos y tres rollos de lana delgada para el verano que se acerca. Después de dar vueltas un buen rato, se aleja de allí moviéndose rápidamente por las calles con gran precisión hasta llegar una pared. En ese momento casi nos descubre pues, de repente, se da la vuelta, pero la Maga Real, con gran pericia, me empuja para volver a la misma calle por la que habíamos llegado.

Cuando volvemos a mirar, Tus ya no está. Y es una calle sin salida cortada, al frente por un muro, y a cada lado por tres casas de dos alturas.

-El rastro se queda en la puerta de la última calle. Seguramente no podamos seguirle más.

-Me encargaré de enterarme de que hay allí. Usaré a los nuevos reclutas para eso.

-Mañana tocará seguir a Tradus

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Estilicón 1

Estilicón 1

En el año 402 desde que Dios envió a Jesucristo seguimos con problemas. Se nota que los godos han aprovechado su momento. Cuando más amenazada tenemos la frontera del Danubio con intentos de invasión de los germanos, ellos han entrado en la península romana. Aquilea tomada, el emperador asustado en Mediolanum1*. Y yo, Flavio Estilicón, magister militum2* estoy luchando para que la frontera del río Danubio siga siendo una frontera romana.

El miedo de los consejeros a los llamados visigodos y su rey es patente. Han solicitado reubicar la corte en la Galia para evitar caer en sus manos. Una chorrada. Mediolanum es una ciudad perfectamente defendible; he ordenado a las tropas que se resguarden y me esperen. Otros enviados estarán reuniendo las tropas que quiero: la VI Victrix de Eburacum3*, Leio III de Castra Regina4*, I Minervia de Bonna5* y la XII Primigenia de Mogontiacum6*. Las mejores tropas que no están en la frontera y me permitirán realizar el ataque con éxito.

Después de verles combatir a nuestro lado en la batalla del río Frígido y derrotarlos en la zona de Tracia cuando rompieron nuestro acuerdo, sé, perfectamente, que los puedo vencer. También llamaré a los alanos, que el rey Saúl les tiene bastante odio.

Mediolanum aguantará. Los visigodos no conseguirán tomar a la corte y al emperador. Estarán perdiendo el tiempo que necesito para poder llegar para plantarles batalla. El emperador nos espera. Alarico, el rey de los visigodos también.

1*Actual Milán

2* Jefe militar de todos los ejércitos.

3* York.

4* Ratisbona.

5* Bon.

6* Maguncia.

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Silver 1

Silver 1

-¿De verdad qué no te quieres venir a cenar a casa? Seguro que Moncarra ha preparado comida contando contigo y los niños estarán contentos de que su tía Silver vuelva a contar sus relatos.

-Es demasiado abusar cenar todos los días en vuestra casa, Vigo. Me quedaré en mi casa, no te preocupes, estaré bien.

La casa en cuestión era el segundo piso de la herrería donde trabajaban los dos. Una herrería que se encontraba al comienzo del pueblo, situada para que los caballos sin herradura no hicieran ruido en el resto del pueblo. Diez años atrás Moncarra y Vigo vivían con ella, pero con el nacimiento de dos parejas de gemelos tuvieron que coger una casa más grande en el pueblo. Desde entonces solo Silver vive en la propia herrería.

Viviendo allí, lo que hacía era levantarse temprano antes de que llegarán los primeros clientes o se pusieran manos a la obra para así poder fabricar todos los diseños que tenía en la cabeza. Ahora mismo, mucha gente del pueblo se beneficiaba de esas ideas rompedoras y de este modo se había ganado el respeto de todos. Y para una enana que había dejado sus montañas y su clan para vivir rodeada de humanos es lo mejor que le podía pasar.

Cuando ya está anocheciendo, enciende un candelabro de su habitación para poder volver a leer la última carta de su hermana respecto a sus sobrinos. El mayor hacía un año que se había independizado y ahora mismo está creando nuevas galerías subterráneas. La mediana está aprendiendo a usar el hacha como arma y a la vez que aprende los trucos del martillo en la forja. Y el más pequeño se dedicaba a ir corriendo por todos lados con hacha de madera pensando que está rodeados de homs

Nada más terminar de leer la carta, sopla las velas y se tumba para dormir. Hasta que tres duros golpes en el portalón de la herrería la hacen levantarse.

En el umbral, su cuñado con la cara totalmente machada por el polvo de la carretera y con ojeras de no haber dormido bien.

-Beue, ¿qué haces aquí?

-Silver, han hecho una nueva expedición para recupera Rocker. Rodrick se va a ir con ellos. No te lo pediríamos nunca, pero tú fuiste de las únicas que has vuelto de esas montañas. Por favor, tráenos a nuestro hijo de vuelta.  Y se echó a llorar.

-¿¡Tu hijo mayor es gilipollas o qué le pasa!? De la última expedición solo volvimos vivos dos de trescientos. Los dos vivimos fuera de las montañas por una razón. Él sabe que perdimos mucho en esas malditas montañas.

-Lo sé, pero no nos hace caso. Dice que esta vez será distinto, que lo tienen más estudiado. Son más de mil; además el segundo hijo del rey de los enanos y su guardia están entre ellos. Van a salir dentro de semana y media -las lágrimas que le caían por la cara convierten el polvo en barro-. Su cuñado nunca ha llorado pero esta vez es desesperación.

-Déjame despedirme de Moncarra y Vigo para que me cuiden la herrería. Cogeré lo que necesito mientras tú descansas. Partimos mañana por la mañana. ¿Habrá algún problema por que vaya una enana más?

-Por lo que se ha enterado tu hermana puede ir cualquiera, humanos, elfos y enanos, todos son bienvenidos. Yo iría, pero…

-Tienes dos hijos más a los que cuidar, Beue. Yo cuidaré de vuestro hijo y lo traeré de vuelta, aunque me cueste la vida. Has hecho bien en venir.

Beue suspira de alivio. Alguien cuidará de su hijo dentro de las Rockers.

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Combates Espaciales 1

Combates Espaciales 1

De vuelta a la nave nodriza, a los tres cazas nos recibe una gran luz. Ya en la zona de embarque, el general de patrullas nos espera en la pasarela. Está con una tablet en la mano izquierda, comprobando datos… como siempre.

-¿Por qué en vuestros vuelos de reconocimiento solo hacéis la distancia necesaria? – pregunta la comandante de los cazas.

-Nosotros no necesitamos probar a nuestras naves. Las conocemos a la perfección; si no está seguro mire nuestras horas en los simuladores.

-El simulador no es una nave normal.

-Con el debido respeto señor, un vuelo de reconocimiento no es una batalla galáctica.

-Eso roza la insolencia.

-Sí señor. ¿Ordena que realicemos batallas ficticias en nuestros vuelos de reconocimiento?

-No, sargento. Retírese del embarque.

No quiere mandarnos simulaciones de batallas durante una exploración porque va en contra del manual , pero, a la vez, quiere que lo hagamos para que nos mantengamos en forma. No es como hemos sido enseñados ni como hemos sido educados. Nosotros seguiremos haciendo los vuelos de reconocimiento y usaremos los simuladores para practicar.

Nosotros seguiremos el método del Maestro. No en balde él derroto a la primera invasión alienígena.

Tenemos tiempo para ir a los simuladores y seguir practicando las diferentes tácticas que habían ideado durante el vuelo de reconocimiento. De repente en toda la nave se encienden luces rojas.

-¡¡ALARMA GENERAL!! ¡¡NO ES UN SIMULACRO!! ¡¡CONTACTO CON CAZAS ENEMIGOS!! ¡¡TODOS LOS PILOTOS A SUS CAZAS!!

Volvemos corriendo a nuestros cazas. El momento que habíamos esperado ha llegado.

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Orden o Rebelión 6

Orden o Rebelión 6

Reunidos los cuatro alrededor de la mesa se disponen a hacer las averiguaciones pertinentes sobre el resto de los capitanes:¿Hay algún sospechoso entre todos mis capitanes? – pregunta el Príncipe.

-Ese es el problema señor. Los soldados que lideraba la capitana Mencar, la mayoría eran suyos, los que cayeron eran de Tradus, Prepontines y Tus – respondió el general Robertus

-Uno de ellos era mío general, el cochero era soldado mío salido directamente de las salas de entrenamientos. Nadie lo sabía, excepto el propio soldado y yo. Antes de nada, ya que están los tres aquí quisiera que hicieran cualquier pregunta o plantearan cualquier duda para poder resolverla. Son tres capitanes muy buenos, y llegará un momento, si no encontramos nada, que van a pensar que la traidora soy yo. Quisiera eliminar esa duda antes, incluso, de que surja.

-Me salvó la vida, capitana, con su astucia – dijo el príncipe.

-Puede ser un sistema por mi parte para estar más cerca de la cúpula señor.

-Has mencionado las ratas – le replica Robertus.

-Forma de ocultar mi propio rastro por si alguien tenía dudas.

-Estás limpia. Lo puedo detectar con mi propia magia. Todo lo que dices es sincero.

-Puede que me enseñaran a ocultar de la magia.

La Maga Real se ríe ruidosamente.

-De cualquier mago puede, pero no de mí. Capitana no tienes ningún toque mágico, pero si hago el mismo estudio con el resto…. Tendrán alguna salvaguarda que les avisen. No queremos que las ratas estén prevenidas. Mi plan es el siguiente:  Capitana Mencar, mientras no esté de guardia, a partir de mañana por la mañana, me ayudará a seguir al resto de capitanes. Con su conocimiento y pericia podemos sacar mejores conclusiones juntas. Además, quiero comprender como me pudiste detectar de esa manera. General Rotertus, mientras esté de guardia vigile discretamente a los capitanes y Príncipe, por su parte, manténgase en sitios concurridos y evite todo lo que pueda conllevar un ataque directo.

Después de estar todas las órdenes repartidas, nos separamos para ir a descansar el tiempo que resta hasta el amanecer.

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Orden o Rebelión 5

Orden o Rebelión 5

Orden o Rebelión 5

Después de la reunión me voy a mi instancia, a descansar. Ha sido una semana muy dura tanto mentalmente como físicamente. Quedan cuatro guardias hasta que vuelva a dirigir la mía por lo que puedo acostarme un rato. Me acuesto con el uniforme puesto como siempre. Cinco horas después me despierta el General Robertus que irrumpe, sin previo aviso, en mi habitación.

– Capitana Mencar, acompáñeme.

-Sí señor.

En la entrada de mi habitación, el baúl está movido, y veo una pequeña puerta, que antes no estaba, en la pared. Traspasamos dicha pared y nos adentramos en un pequeño pasillo que recorre toda la pared norte del castillo hasta unas escaleras por las que descendemos hasta una sala pequeña alumbrada por tres antorchas y en la que sólo veo una mesa y cuatro sillas. Una persona encapuchada está sentada frente a las escaleras por las que bajamos. Viendo que somos nosotros se descubre. El Príncipe Heredero.Alteza, ya estamos todos.

-Bien Robertus. Me alegro de verla de nuevo capitana Mencar. Estoy muy agradecido por su estrategia. Me salvo la vida.  

-Es nuestro trabajo señor.

-General, me ha dicho que existen sospechas de tener un topo de los rebeldes ha logrado infiltrarse en nuestra Guardia. Explíquese.

-Señor, ese trabajo se lo dejo a la capitana.

-Comencé a sospecharlo cuando me di cuenta de que conocían nuestros movimientos habituales. Ahora estoy segura. Solo una cosa, General, confirme cuantos cadáveres encontraron y en qué estado.

-Encontramos tres cadáveres y estaban totalmente quemados.

-Eso es lo que no tuvieron en cuenta. Tendrían que ser cuatro cadáveres. Los tres guardias que cayeron conmigo y el chófer del carro. Normalmente no llevamos chófer en el carro por eso no has parecido extraño, pero…. Yo decidí que sí, para que nadie supiera lo que había dentro del carro… -Me llevo un dedo a los labios porque he oído algo.

Rápidamente me levantó y lanzo un cuchillo por encima de mi cabeza hacia dónde se encuentran un raro rayo de luz. Al llegar el cuchillo, desenvaino rápidamente la espada.Tranquila capitana – levanta la mano el príncipe – maga, sal que te ha detectado.

La Maga Real sale de detrás de la pared donde he lanzado el cuchillo. Baja, delgada, con el pelo dorado, su túnica verde oliva realza sus movimientos mientras que me mira extrañada:

-¿Cómo sabías que estoy aquí?

-Lo he notado.

-Aja – mirando al príncipe – Alteza está limpia, dice la verdad. Y sus suposiciones también me cuadran. Tenemos ratas

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Orden o Rebelión 4

Orden o Rebelión 4

Con el caballo pude llegar en menos de dos días a la capital mientras reponía fuerzas ya que tenía vituallas en las alforjas. Nada más llegar me presento ante mi General de la Guardia del Príncipe.

– Señor, ¿el príncipe está bien?

– Sí, gracias a su estrategia y audacia, el príncipe llegó bien a la capital con la compañía de dos de sus guardias. Capitana vaya a su habitación y adecéntese. He convocado una reunión de capitanes para dentro de veinte minutos con el fin de analizar toda la información que tenemos ahora mismo.

– Sí señor.

Es en ese momento que me doy cuenta de que tengo la ropa con un color amarillento en vez del verde oliva de la Guardia del Príncipe. Me dirijo a mi habitación donde ya está esperándome una bañera rebosante de agua caliente junto a un nuevo uniforme impoluto.

A causa de la reunión, no me puedo entretener en el agua, para descansar, tanto como me gustaría. Aún así, al salir, me doy cuenta de que la bañera se encuentra llena de arena de desierto. Me visto con el nuevo uniforme, como algo y me dirijo hacia los aposentos del General para ser de las primeras en llegar. Prefiero esperar a que me esperen.

Cuando entro solo está el General. Sería un buen momento para hablar con él en privado, pero aparecen el resto de los capitanes. Nos situamos en semicírculo a su alrededor en su habitación de recibimiento, un lugar de lo más austero excepto por un baúl en el fondo. Los asistentes son:

Jenes, el más antiguo en el cargo por tanto el que mejores guardias tiene; calvo con ojeras profundas y un cuerpo resistente a la edad, duro como el solo y en más en forma que cualquiera.

Traduros, segundo en antigüedad con una gran mata de pelo, el uniforme cada vez le queda más grande; con la tensión y el ejercicio ha adelgazado mucho, recibió una flecha en el hombre por el príncipe.

Prepontines, pequeño, delgado, inteligente, muy agudo. Se entera de todas las cosas incluso antes de que pasen. Los sastres tuvieron que hacer sus trajes a media. El espadachín más rápido que he visto nunca junto a una de las mentes más perspicaces solo superada por el General.

Tus, fuerte, grande, robusto. Más de un recluta ha sufrido en sus carnes que por muy grande que sea, es más rápido de lo que parece. Para sofocar una pequeña trifulca que intentaron los rebeldes en el mercado principal, se limitó a sacarlos volando de dos en dos sin que pudieran ni empuñar la espada.

El General Rotertus, mi antiguo amigo cuando éramos capitanes. Me lo enseño todo. Un hombre corriente, pero como la mejor mente que se puede tener. Capaz de todo en menos de un minuto. Al jubilarse el anterior general de la Guardia del Príncipe a todos nos quedó claro que iba a sucederle.

– Bienvenidos. Seré rápido para que volváis a vuestros quehaceres. La capitana Mencar ha repelido un ataque coordinado por parte de los rebeldes. Hemos sufrido tres bajas que serán cubiertas a mi elección. Estad pendientes y vigilantes.

Utilizo nuestro código secreto para que sepa que quiero hablar con él en privado.

– Podéis retiraros, capitana Mencar quiero hablar con usted.

El resto de los capitanes se retiran. Prepontines más rápido que el resto al estar de guardia para comprobar que sigue todo en orden. Esperamos a que el último cierre la puerta.

– Señor, tengo sospechas de que tenemos ratas en el Castillo.

– Capitana, aquí no hablaremos de esto. Espere mi llamada.

– Sí señor.

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