Orden o Rebelión 3

Orden o Rebelión 3

En el cuarto día de marcha en el horizonte empiezan a surgir árboles, primero pequeños, luego más grandes. El fin del desierto, ¡menos mal!, porque me estaba quedando sin agua.

Llego al comienzo del bosque cuando empieza a oscurecer. Empiezo a ver pequeñas hogueras a lo largo de todo el horizonte. No sé si son de los míos o de los rebeldes esperándome. En cualquier caso, y si mi hipótesis es verdad, tampoco sería buena idea que la Guardia me detectará antes que yo a ellos.

Me dedico a comprobar en qué dirección viene el viento. Me acercó a una de las hogueras teniéndolo en contra para que no me puedan oler. Es bueno ser precavida. Voy en contra del viento, agachada y sin acercarme a la luz.

Me asomo lo más lejos posible para no ser detectada. Veo que solo hay una sombra apoyada en un árbol cerca de la hoguera. Me muevo con total sutileza entre las ramas y hojas caídas para que no me oiga mientras me acercó por detrás de él con el cuchillo desenvainado.

Antes de que se dé cuenta tiene un cuchillo apoyado en la garganta y mi voz susurrándole:

– Si tienes compañeros escondidos, ni se te ocurra hacer ningún ruido para que te ayuden.

– ¡¡Capitana!! ¡¡Por fin!! ¡¡Llevamos tres días acampados por usted!!

– ¿Cómo sabías dónde estaba?

– Después de que el príncipe llegará sano y salvo, se enviaron varias patrullas de ayuda. Descubrimos el rastro que dejó y que nos llevó al Desierto de Brujel. El General ordenó a las patrullas que nos dispusiéramos para encontrarla cuando saliera o para capturar a los rebeldes.

– ¿Y los rebeldes?

– Por ahora nadie ha informado de que hayan podido salir del Desierto, ha sido muy eficaz logrando que se perdieran Capitana.

– Bien, bien. Avisa de que he podido salir. Mantened la posición. ¿Tienes un caballo?

– Sí señora.

– Pues me lo quedó. Soldado continue con su guardia.

Después del susto que le he dado dudo mucho que se vuelva a despistar para que alguien le coja por la espalda. Necesito llegar lo antes posible para hablar con el General de la Guardia del Príncipe, debe saber que podemos tener un topo entre nuestros soldados.

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Recuerdos en el desierto

Recuerdos en el Desierto

Recuerdos en el desierto

Sin poder descansar en el oasis y tampoco en mitad de la arena, solo me queda seguir caminando. Podría rendirme, pero con eso solo conseguiría que los rebeldes ganaran. Tengo que avisar, tengo que llegar como sea. Alguien nos traicionó para poder llevarse al príncipe. Un miembro de la Guardia del Príncipe es de los rebeldes.

Estábamos llevando al príncipe en un viaje de Estado para poder ejercitar su influencia en la provincia del Estelmunque. Íbamos por el camino principal entre las ciudades de Danema y Gobavi después de una semana de visita, cuando los rebeldes realizaron su emboscada.

Un árbol caído cortaba el camino, lo más clásico posible. Quince rebeldes nos cortaban la retirada. Éramos diez soldados a caballo más el carruaje del príncipe, pero teníamos un plan preestablecido. Tres soldados y yo cargamos hacia la retirada mientras que el carro daba media vuelta. En dos grupos de tres soldados desaparecieron por ambos flancos. Nuestra pequeña cuña de cuatro jinetes consigue su objetivo y abre el hueco suficiente para que pueda escapar el carro mientras le cubrimos la retirada.

Somos soldados profesionales, preparados para este tipo de combates en inferioridad contra guerreros no profesionales; podemos dar el tiempo suficiente para que el carro del príncipe tome velocidad antes de caer. A mí me dejan vivir mientras persiguen el carro.

“No sonrías tanto, pronto verás que tus esfuerzos son inútiles porque tendremos a tu príncipe, guardia” dice la última palabra casi escupiéndome como si fuera un insulto.

Pasado doscientos latidos de corazón, resuenan los cascos de los caballos en el suelo, están volviendo. Mi sonrisa es más grande todavía.

La líder salta del caballo antes de que haya parado del todo y me grita enfurecida “¿¿¡¡Dónde está!!?? Maldita guardia de mierda, tu vida no vale más que la suya, dime dónde está y te perdonaré la vida.

“¿¿¡¡Dónde está el príncipe!!??” me pega con el puño “Esto es para que dejes de sonreír”.

Más de dos horas de diversas torturas hasta que se dieron cuenta que el príncipe ya se había escapado. Pero me quedaba un último truco.

“No sé dónde está el príncipe, pero sí le puedo rastrear”

“¿Por qué no lo dijiste antes?”

“Porque no lo preguntaste”

En ese momento empiezo la pantomima de rastrear. Solo tenía que seguir el camino de una de las patrullas y luego ir descubriendo un rastro que me llevaría al desierto, dentro del cual, después de dar varias vueltas bajo el Sol sofocante me reí de ellos en su cara. Cuando me dejaron, pensé que podría morir, había hecho suficiente, hasta que llegó ese pensamiento. ¿Y si… un guardia es rebelde? Entonces lo supe, todavía me quedaba trabajo por hacer.

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Soledad en un mar de arena

Soledad en un mar de arena

Hace dos días que me dejaron para que muriera en mitad del desierto. También cuenta que les haya guiado al desierto para que se perdieran allí. Solo queda una cosa más. Sobrevivir.

Medio día siguiendo al Sol, el otro medio día dejando en la espalda al astro para seguir yendo hacia el este en todo momento. He guiado al ejército de tal forma que se perdiera en el desierto, aunque yo también he acabado igual.

Me paso todo el día, queriendo quitarme la arena que me llena el cuerpo. Y odiando al viento que me hace entrecerrar los ojos. En definitiva, odio al desierto. Casi tanto o igual que a los rebeldes. 

Al hacerse la noche empieza a refrescar por lo que puedo respirar un poco. Antes d,e nada, seco todas las ropas que puedo para cuando desciendan más las temperaturas. Cuando acabo, busco la Osa Mayor en el cielo, y, una vez encontrada, sigo en dirección este. En algún momento podré salir de este infierno. Seguiré andando al este, hasta llegar a algún sitio.

Al amanecer del segundo día, cuando estaba pensando en cómo descansar durante el momento más caluroso, vislumbro un oasis. Se ve que no es el final del desierto, pero sí uno de los oasis que conocerán los beduinos que viven en él.

Un pequeño lago domina el lugar lleno de palmeras y un poco de césped. Me acercó despacio, comprobando que no haya ningún animal al acecho. Una vez que confirmo que no hay nada esperando, bebo agua despacio. Miró alrededor buscando algo para poder llevarme agua, veo varios cocos sueltos que puedo sujetar. Los abro con un pequeño agujero (fue buena idea coger el cuchillo olvidado por los rebeldes). Bebo todo el contenido de los cocos y los lleno de agua. Luego los sujeto con un cordón que me sobraba del pantalón para llevármelos.

Mi siguiente pensamiento es ¿podré pasar la noche aquí para descansar? Al lado de los cocos hay varios huesos blanquecinos; mejor no esperar a la noche. Seguramente huyan del Sol por el día en las palmeras, el césped oculta su rastro. Antes de anochecer es mejor volver al desierto. Con este pensamiento salgo a mediodía, queda un camino por recorrer.

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Memorias de una hormiga 2

Hormiga

Memorias de una hormiga 2

Por mucho que miremos el césped tenemos que estar pendientes de más cosas. La luz está en todo lo alto y cada vez hay más humanos por el camino. El hormiguero es un orden con muchos y diferentes trabajos. Muchas de mis compañeras y yo entrando con la comida que hemos encontrado, otras están preparando más caminos subterráneos para esconder la comida más abajo. Todos sabemos que empiezan las horas críticas en las que habrá más ataques y más bajas entre nosotras. Los humanos querrán nuestra comida, sobre todo los más pequeños que tienen la manía de meter la mano y chupar todo lo que pueden. Por todo eso, nos fuimos a la tierra más que al césped, aunque seguimos sufriendo ataques, son muchos menos que en el césped.

Después de tardar bastante en llegar los nuevos almacenes y colocar la comida que he obtenido, vuelvo a salir a la superficie. Esta vez me iré cerca de la gran superficie azul dónde siempre caen migas que me puedo llevar. Las reclutas también se vendrán por el mismo camino por lo que he oído a su sargento.

Subiendo por el balcón que da lugar a la gran superficie me doy cuenta de que hay muchos humanos asomados. Eso es bueno. Más migas que habrá para recoger. Perfecto.

Al llegar cerca de la gran superficie veo que las migas que tiran los humanos están provocando que grandes gotas salgan de la superficie e intenten darnos. Hace tiempo descubrí que morimos si nos dan esas gotas, le sucedió a tres de mis compañeras. Oigo que el sargento da las indicaciones oportunas a las reclutas mientras recogemos todo lo que podemos. Coger lo que puedas, ojo al azul, baja deprisa, no te quedes mucho tiempo, no es necesario.

Todas las que podemos seguimos esas indicaciones como si nos las diera Madre desde el nido. Cuando es una buena indicación, se sigue y punto.

 De vuelta al hormiguero. Volvemos muchas más de las que pensaba yo, incluso casi todas las reclutas nuevas. Todas con comida para las compañeras. Hoy es un buen día para todos.

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Memorias de una hormiga

Hormiga

Memorias de una hormiga

Por lo que más quieran un dos para nuestro grupo, dos, dos, dos…

-¡¡¡Grupo de nuevos reclutas!!….¡¡¡Uno!!!

No, por la mañana, no. Hoy no. El primer día para las nuevas reclutas y justo por la mañana. Esto quiere decir que nos toca a todo humano pequeño loco que quiera matar hormigas, evitar pisotones, bicicletas, monopatín, es decir, casi todo el terreno será un campo de muerte. Enseñarles que no se debe meter en esa gran masa azul si quieren seguir vivas. Casi no tenemos que preocuparnos de depredadores naturales. El significado es que al menos una de cada dos hormigas no vuelva al hormiguero. Lo único bueno es que hay comida de sobra, miga de comidas, almuerzos o meriendas de los humanos. Lo importante es ir y volver con la comida porque tendremos de sobra para el invierno.

Intentaré poner todo lo que pasé este día como hormiga trabajadora que soy. Estas son las memorias de una hormiga en el Retiro.

Las primeras horas son las más fáciles para trabajar. Casi no ha salido la luz por lo que hay muy pocos humanos casi todos con recorridos prefijados por lo que podemos predecirlos y evitarlos con bastante facilidad. Para hacerlo solo hay que evitar los exteriores del parque y la gran superficie azul. Naturalmente si buscamos por la hierba nos podemos encontrar con alguna araña o de las pocas ardillas que quedan.

Salgo del hormiguero, me dirijo al césped junto a mis otras hermanas. La unión hace la fuerza, si aparece un saltamontes mejor que salga corriendo. Lo malo de estas dos primeras horas es que el turno de noche ha hecho un buen trabajo y no se suele conseguir gran cosa. Después de recorrer todo el césped entero solo encontrando basura no comestible nos arriesgamos yendo a la gran superficie azul. Antes de volver a cruzar sentimos un pequeño terremoto que indica que se acerca uno de los corredores, por lo que esperamos a que pasé para seguir nuestro camino. Seguimos vigilando nuestras espaldas en el césped, por si acaso. Nunca se sabe lo que puede salir.

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Patrulla de Exploración

Galaxia

Patrulla de Exploración

Nuestra pequeña flota llega al quinto y último planeta de este sistema solar. Contamos con una nave exploradora, tres destructores y la nave principal. En principio no necesitamos más porque no estamos en modo de guerra, sino que venimos a recopilar información. Primero tenemos que comprender que planetas tienen seres inteligentes y, de esos, cuales podrían luchar en la guerra galáctica que está a punto de comenzar.

Los cuatro primeros planetas están totalmente deshabitados, pero en el quinto había indicios de lo contrario. Satélites que están recorriendo el sistema solar, pequeños artefactos aterrizados en el resto de los planetas para explorarlos.

Si esa civilización sigue existiendo, no es la primera que nos encontramos que se autodestruyen y solo encontramos los restos de los que eran, tenemos que hablar con ellos.

Tienen un pequeño puerto galáctico. Algo es algo. Me cambio a la nave exploradora que es la única que puede llegar a dicho puerto. Soy la comandante de la octava patrulla galáctica y tendré que demostrar mis dotes de negociación.

Después de colocarnos nuestros trajes espaciales, acoplamos la nave exploradora con el puerto. Dentro del mismo se encuentran diez seres bastante pequeños, no llegan a un metro humano de altura, respecto a nuestro metro setenta de media. Colores marrones pardos, sus cuerpos tras unos trajes más antiguos que los nuestros, además de dos cabezas, eso es lo único que puedo observar. Uno de ellos se adelanta y comienza a hablar en su dialecto. No entiendo nada por el momento. Minutos después nos mira esperanzado mientras que la Inteligencia Artificial de mi traje estudia, clasifica y traduce su idioma. Un pequeño pitido me indica que todo está preparado.

– “Bienvenidos seres extraplanetarios, somos seres científicos en son de paz (son de paz no me gusta) que solo quedemos explorar nuestro sistema solar. Podremos defendernos con nuestros ejércitos (ojo que somo científicos, pero no nos invadías que nos liamos a leches) en caso de intento de invasión. Nos gustaría conocer sus pretensiones y una posible alianza”.

– “Nosotros también venimos en son de paz. Estaremos contentos de poder compartir conocimientos y habilidades con una civilización de científicos”.- si se sorprenden de que hable rápidamente su idioma no dejan que se vea en lo poco de cara que se asoma en sus dos cascos. –“El objetivo de nuestra patrulla galáctica es avisar. Hemos descubierto de que nuestra galaxia está en peligro eminente. Les rogamos que se preparen para cualquier cosa. Si no tienen ningún problema, en los próximos días compartiremos lo que hemos descubierto.”

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La Tempestad

Tempestad

La Tempestad

En el año 1648 de la muerte de nuestro señor Jesucristo, en Sábado Santo, volviendo del nuevo mundo con el barco lleno, nos enfrentamos a la mayor tormenta que recordamos cualquiera de los que allí estamos. Las olas son más grandes que tres barcos como el nuestro, vientos que se llevarían varias casas juntas. Solo podemos intentar aguantar sin ninguna vela y rezar para no hundirnos.

Más de tres personas sujetando el timón para no irnos a

 la deriva, pero sin tener mucha idea de qué rumbo estamos llevando, empapados hasta los calzones. El resto de la tripulación está escondida en la bodega atada a los laterales, como la carga para, evitar salir rebotando mientras dura la tormenta.

Llevamos todo el día aguantando la dirección del barco en la tempestad casi agotados cuando creemos que llega el domingo, Domingo de Resurrección. Nuestros rezos son escuchados, no es que desaparezca la tormenta, es que aparece una isla delante del barco, donde podemos encallarlo de la forma más rápida que podemos cogiendo la ola más grande que rompe en la orilla.

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Partido de Rugby

Rugby

Partido de Rugby

El partido comienza a las cuatro de la tarde y durante toda la mañana no ha parado de llover. Una lluvia fina, lo justo para que llenará de barro el campo de rugby, pero permitiendo jugar a la hora convenida. A las cuatro de la tarde y tres minutos, el árbitro indica a nuestro capitán de la patada inicial.

Los primeros minutos, los delanteros no tenemos mucho trabajo, correr de un lado a otro. Las órdenes iniciales de ambos equipos es probar a los zagueros y alas a base de patadas por si hay fallos con tanta lluvia. Durante estos primeros minutos nos limitamos más que a correr, a trotar, siguiendo las patadas, pero sin mucho ánimo al no haber ningún fallo.

Dicho lo cual uno de los zagueros se cansa, recepciona perfectamente la patada y comienza un contraataque a la carrera, seguido por sus dos alas. Es placado, limpiado por alas y empezamos a jugar de verdad. A jugar en el barro, a carreras cortas, limpieza de rucks y algún que otro juego de tres cuartos. Después de diez fases seguidas conseguimos acercarnos a su línea de veintidós metros. Un fallo en el pase nos condena a una melé. El hábitat de los delanteros.

Colocarnos, esperar, empujar y que nuestro talonador robe el balón, ese es el plan. El problema es que mi compañero en la posición de pilier hunde varias veces la melé con golpe de castigo en contra. Patean el balón a fuera, aprovechando que sacan ellos, para recuperar balón y terreno. El principio básico del rugby ganar terreno para estar más cerca de anotar.

Primera touch o saque de banda en contra, dos torres bien puestas, como hemos practicado. Nos sorprenden con un saque rápido a la primera torre, salida a juego de manos a sus tres cuartos que consiguen posar en el otro extremo del campo sin poder hacer nada por nuestra parte; solo mirar y aplaudir. La consiguiente transformación no pasa por los palos lo que nos beneficia.

No deja de llover cuando volvemos a una patada inicial. Perdiendo cinco a cero, pero nos sentimos bien, atacamos fuerte. Otra patada larga. Esta vez ellos quieren jugar cerca, buscándonos las cosquillas con juego de pases. Al primero que veo que puedo placar es un tío de metro noventa y unos cien kilos de peso. Demasiado para tirarle con el placaje, me quedo enganchado a las piernas y dejo que su peso haga el resto. Después de que el muchacho se levante, me levanto yo y veo que mis compañeros lo están celebrando. No sé el qué.

– ¡Tío! Gracias a tu buen placaje, ha perdido el balón y en la contra hemos anotado bajo palos. Se le resbaló entre las manos. Buen placaje.

La posterior transformación entra, ya que está justo bajo palos y tenemos un buen pateador. Nos ponemos por delante: cinco a siete.

Nos preparamos para recibir el balón por primera vez en este partido. Nuestro capitán pregunta al árbitro cuanto tiempo llevamos de partido; le contesta que quedan quince minutos para el descanso. Estamos bien frescos.

El balón vuela hacia la otra zona de donde cubro yo, y corro para apoyar. Pateamos para alejar el oval de nuestra zona de ensayo. El otro equipo tampoco quiere volver a tener un error como en el primer ensayo así que estamos un rato con patadas de un lado y otro sin permitir que el balón llegue a ser jugado por ningún equipo. No queremos errores. Sólo cuando recibimos el balón fuera de nuestra línea de veintidós metros, nuestro ala decide correr para formar un ataque posicional. Los delanteros formados en pequeñas puntas de flechas a petición de nuestro medio-mele, uno para recibir, otros dos para limpiar el ruck. Avanzamos metros poco a poco, sin que puedan placar fácilmente. Con esfuerzo, con el trabajo de nosotros, los delanteros, conseguimos llegar a su línea de veintidós metros justo cuando un defensor placa delante de mí a uno de mis compañeros por encima del cuello. El árbitro lo ve, pita el golpe de castigo a nuestro favor y llama a los capitanes con el número 3 suyo.

Explicación mediante, considera el placaje alto que conlleva una amarilla en rugby, es decir, diez minutos con uno menos a partir de ahora. Preguntamos por el tiempo, el árbitro dice que está cumplido. Pedimos palos para que se luzca nuestro pateador. Golpe de castigo convertido, tres puntos más (cinco a diez) y a los vestuarios tranquilamente sabiendo que lo estamos haciendo bien. Poco a poco sale como en los entrenamientos. Al final me va a gustar la lluvia y todo.

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Duende

Duende

Duende

Diecisiete de marzo, ¡por fin! Solo hay dos días dónde un duende puede salir por el mundo humano sin problemas, Carnaval y San Patricio. En Carnaval todos van disfrazados y no se nota un duende más o menos. En San Patricio, todo el mundo se viste de verde, pero mi recomendación es salir en Dublín.

El resto de los trescientos sesenta y tres días del año nos dedicamos a no vernos, pero si a acumular cosas. Calcetines de la lavadora que desaparecen, juguetes o pequeños objetos de la casa, no los encontrarás porque un duende te lo ha quitado. Los calcetines son super mega necesarios. Los necesitamos los dos días que podemos salir para llevar las cosas que les quitamos a los humanos. Porque sí, salimos para robar los objetos a los humanos. Tened más precaución con vuestros bolsillos.

 Las calles llenas de gente, casi todas con sombreros de duende, incluido los niños me permiten pasar totalmente desapercibido entre tanto humano. Las zonas centrales de la calle están valladas para que no haya problemas con el gran desfile. Eso provoca mucha gente en poco espacio, perfecto para unos dedos rápidos como los míos.

– ¡Uy! ¡Qué disfraz más mono llevas niño!

– Gracias señora – “y usted que pulsera más bonita me llevaba”. Dedos rápidos es lo fundamental.

Tras cinco minutos tengo otro calcetín lleno que lo envió a mi rincón secreto. Es muy fácil llenar calcetines con tanta gente confiada y, por esa circunstancia, me gusta tanto el diecisiete de marzo y San Patricio en Dublín.

La mañana transcurre sin ninguna circunstancia especial salvo que me encontré con un humano estaba haciendo exactamente lo mismo que yo, le desvalije. En San Patricio solo robamos los duendes. Acabó detenido por exhibicionismo público al encontrarse sin nada puesto en mitad del desfile.

Por la tarde, pude disfrutar en directo de lo mejor de todo. La selección de rugby de Irlanda contra Inglaterra por el trofeo de la Seis Naciones en el Avivia Stadium de Dublín., Todo de verde y ganando los verdes. Aunque me tenga que ocultar hasta que el año que viene sea carnaval, el rugby en directo es mil veces mejor que en cualquier televisión duendil.

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Batalla de Magia

Magia

Batalla de Magia

A mediodía, un grupo de quince personas suben lo más rápido posible una colina. Nueve niñas de edades comprendidas entre los cinco y los diez años con ropas de sirvientas y caras asustadas acompañadas por cuatro soldados con las armas en la mano y dos encapuchados que cierran la marcha. Son perseguidos de cerca por diez magos abiertos en semicírculo, destacando por el ropaje llamativo que llevan.

– ¡¡Deteneos!! – grita el mago que encabeza la persecución – ¡¡O ateneos a las consecuencias!!

Los dos encapuchados se miran.

– Estamos suficiente altos.

– Pero….

– Me he cansado – se quita la capucha dejando flotar una larga melena pelirroja oscura. El otro procede a quitarse también la capucha dejando una cara con barba incipiente de color marrón oscuro, ojos marrones y pelo muy corto.

Las niñas miran al hombre y la más pequeña de ellas pregunta:

– ¿Qué pasa? ¿Hemos hecho algo malo?

– No cariño, vosotras no habéis hecho nada malo. Han sido ellos, que le han conseguido cabrear. Vamos a sentarnos mientras tomamos un pequeño refrigerio.

La mujer deja caer la pesada capa de viaje, dejando ver unos pantalones de vestir con un jersey de lana sin pulir. El hombre ayuda a sentarse a las nueve niñas mientras les reparte unas pequeñas escudillas con fruta dentro. Los cuatro soldados también se dan la vuelta para ver.

– Somos diez grandes magos del Rey Jaime. Depón de tu actitud antes de que te arrepientas.

– Los que os vais a arrepentir sois vosotros.

Una niña de diez años mira al hombre:

– ¿Diez contra una no es poco justo?

– Sí, lamentablemente, sí que es lo es. Tendría que ser el triple como mínimo para poder hacerle cosquillas. Atended niñas, hoy será vuestra primera clase de magia en práctica.

Mientras va a hablando la mujer baja de la colina con los puños cerrados mientras que los magos empiezan a hacer muchos gestos con las manos mientras recitan en idiomas arcanos.

– ¡¡CUANDO QUERÁIS QUE NO TENGO TODO EL DÍA!! – les grita la mujer cuando ha bajado la colina y está a cuatrocientos metros de ellos.

– Sí que la han cabreado. Bueno niñas atended, último mago de la derecha ha lanzado un hechizo de fuego purificador, ¿veis que es un pequeño perro? Bueno bien, pues a los perros les encanta volver con sus amos; por eso, cuando lo lancéis, estad preparadas contra el fuego; no como ese muchacho. Los tres magos siguientes han preparado tres hechizos conjuntos de fuego, tierra y agua, son difíciles de parar si no lo hubiera unido a una flecha como conexión; destruida la flecha se acaban los hechizos y has perdido mucha fuerza.

– Allí, ¿no es un demonio?

– ¿Dónde?

– Detrás de Ella.

– Hmmmm. Capitán Fudor, ¿a qué distancia estima que se encuentra el demonio de nuestra maga?

– A unos cien pasos, señor, pero hay como una pequeña llama que le sigue.

– Entonces nada de lo que preocuparse niñas, lo tiene todo controlado, con la llama indica que sabe dónde está. Es un pequeño hechizo muy fácil que os enseñaremos dentro de poco. En este momento que le llegan cinco hechizos diferentes ¿veis que se queda quieta? Respirad, que está quieta para que el demonio esté cerca y pueda saber quién se lo ha mandado. Eso solo hacedlo los primeros años bajo supervisión; es mucha tensión.

La maga mueve rápidamente la mano y los cincos hechizos desaparecen de un plumazo mientras que el demonio levanta las zarpas para comerla.

– Y ahora que sabe quién es el mago, no os perdáis detalle- el demonio desaparece de su espalda, aparece en la espalda del mago principal al cual agarra y chilla antes de desaparecer los dos con dos movimientos de mano de la maga – Los magos que molestan a los demonios para sus luchas se merecen estar un tiempo en el éter de los demonios y, os lo aseguro, no es agradable.

– Decid al rey Jaime que deje de raptar niños y niñas para ingresar como magos. Lo sabré e iré a rescatarles.

Dicho lo cual un gran caballo de agua y aire en su carrera barre a los ocho magos restantes haciéndolos desaparecer. La maga se da la vuelta sonriendo.

– Bueno niñas, ¿Qué os ha parecido? ¿Queréis aprender a manejar la magia?

Las nueve niñas se levantan gritando sí a la vez mientras tiran sus escudillas. El hombre se levanta lentamente mientras mira a las nueve niñas. Suspira mientras con un pequeño gesto dirige las escudillas a su mochila.

La maga llega para encabezar la marcha mientras que la niña más pequeña se queda mirando al hombre.

– ¿Ya no va a haber más caballos? Me gustan los caballos.

– Mira a tu derecha.

A la altura de sus ojos un pequeño caballo de agua trota mientras la niña se ríe.

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