Partido de Rugby

Rugby

Partido de Rugby

El partido comienza a las cuatro de la tarde y durante toda la mañana no ha parado de llover. Una lluvia fina, lo justo para que llenará de barro el campo de rugby, pero permitiendo jugar a la hora convenida. A las cuatro de la tarde y tres minutos, el árbitro indica a nuestro capitán de la patada inicial.

Los primeros minutos, los delanteros no tenemos mucho trabajo, correr de un lado a otro. Las órdenes iniciales de ambos equipos es probar a los zagueros y alas a base de patadas por si hay fallos con tanta lluvia. Durante estos primeros minutos nos limitamos más que a correr, a trotar, siguiendo las patadas, pero sin mucho ánimo al no haber ningún fallo.

Dicho lo cual uno de los zagueros se cansa, recepciona perfectamente la patada y comienza un contraataque a la carrera, seguido por sus dos alas. Es placado, limpiado por alas y empezamos a jugar de verdad. A jugar en el barro, a carreras cortas, limpieza de rucks y algún que otro juego de tres cuartos. Después de diez fases seguidas conseguimos acercarnos a su línea de veintidós metros. Un fallo en el pase nos condena a una melé. El hábitat de los delanteros.

Colocarnos, esperar, empujar y que nuestro talonador robe el balón, ese es el plan. El problema es que mi compañero en la posición de pilier hunde varias veces la melé con golpe de castigo en contra. Patean el balón a fuera, aprovechando que sacan ellos, para recuperar balón y terreno. El principio básico del rugby ganar terreno para estar más cerca de anotar.

Primera touch o saque de banda en contra, dos torres bien puestas, como hemos practicado. Nos sorprenden con un saque rápido a la primera torre, salida a juego de manos a sus tres cuartos que consiguen posar en el otro extremo del campo sin poder hacer nada por nuestra parte; solo mirar y aplaudir. La consiguiente transformación no pasa por los palos lo que nos beneficia.

No deja de llover cuando volvemos a una patada inicial. Perdiendo cinco a cero, pero nos sentimos bien, atacamos fuerte. Otra patada larga. Esta vez ellos quieren jugar cerca, buscándonos las cosquillas con juego de pases. Al primero que veo que puedo placar es un tío de metro noventa y unos cien kilos de peso. Demasiado para tirarle con el placaje, me quedo enganchado a las piernas y dejo que su peso haga el resto. Después de que el muchacho se levante, me levanto yo y veo que mis compañeros lo están celebrando. No sé el qué.

– ¡Tío! Gracias a tu buen placaje, ha perdido el balón y en la contra hemos anotado bajo palos. Se le resbaló entre las manos. Buen placaje.

La posterior transformación entra, ya que está justo bajo palos y tenemos un buen pateador. Nos ponemos por delante: cinco a siete.

Nos preparamos para recibir el balón por primera vez en este partido. Nuestro capitán pregunta al árbitro cuanto tiempo llevamos de partido; le contesta que quedan quince minutos para el descanso. Estamos bien frescos.

El balón vuela hacia la otra zona de donde cubro yo, y corro para apoyar. Pateamos para alejar el oval de nuestra zona de ensayo. El otro equipo tampoco quiere volver a tener un error como en el primer ensayo así que estamos un rato con patadas de un lado y otro sin permitir que el balón llegue a ser jugado por ningún equipo. No queremos errores. Sólo cuando recibimos el balón fuera de nuestra línea de veintidós metros, nuestro ala decide correr para formar un ataque posicional. Los delanteros formados en pequeñas puntas de flechas a petición de nuestro medio-mele, uno para recibir, otros dos para limpiar el ruck. Avanzamos metros poco a poco, sin que puedan placar fácilmente. Con esfuerzo, con el trabajo de nosotros, los delanteros, conseguimos llegar a su línea de veintidós metros justo cuando un defensor placa delante de mí a uno de mis compañeros por encima del cuello. El árbitro lo ve, pita el golpe de castigo a nuestro favor y llama a los capitanes con el número 3 suyo.

Explicación mediante, considera el placaje alto que conlleva una amarilla en rugby, es decir, diez minutos con uno menos a partir de ahora. Preguntamos por el tiempo, el árbitro dice que está cumplido. Pedimos palos para que se luzca nuestro pateador. Golpe de castigo convertido, tres puntos más (cinco a diez) y a los vestuarios tranquilamente sabiendo que lo estamos haciendo bien. Poco a poco sale como en los entrenamientos. Al final me va a gustar la lluvia y todo.

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Una confesión que puede cambiar el mundo

Una confesión que puede cambiar el mundo

-No he llevado una vida lo que se dice de ser humano normal; bueno, a decir verdad, no estoy seguro de que mi vida se pueda denominar vida de ser humano, ni siquiera vida.

He utilizado a toda la gente que he conocido y a la que me ha caído mal, directamente, la he hecho desaparecer.

Al principio me metí en una banda de delincuentes para poder dar de comer a todos mis hermanos ya que mis padres no se preocupaban de eso sino de encontrar la forma en que la policía no los encontrara a ellos. Y le cogí el “gustillo”.  Y conseguí ser el jefe de mi propia banda, con lo cual me distancié de mis hermanos…

-¿Y por qué me cuenta esto a mí, y sobre todo ahora? ¿Quiere que le confiese? Puedo abrir…

-No padre, ahora no quiero que me confiese, no podré contar mi historia dos veces.

– Hijo, ¿a qué te refieres con lo de ahora no?

-Padre, le importaría acompañarme. Ya que en mi vida he visto como las cosas pasaban y no he hecho nada por lo menos quiero elegir por qué morir.

-Hijo, un paseo no me vendrá nada mal a estas alturas de mi vida.

-Padre, usted no está tan mal.

El sacerdote esbozo una sonrisa mientras intentaba cerrar la puerta. El señor trajeado que le había empezado a hablar se limitó a empujar la pesada puerta para que el sacerdote pudiera poner la llave en la cerradura. Cuando consiguieron entre ambos cerrar el portón de la iglesia empezaron a caminar mientras el hombre del traje va indicando el lugar por donde ir.

-¿A dónde vamos, hijo? Si se puede preguntar, claro.

-Claro que puede preguntar, otra cosa es que le conteste. No, padre, es broma, a estas alturas de mi vida lo único que me queda de ser humano es el humor y no se puede decir que sea bueno. Vamos a la comisaría central, creo que se alegran de que aparezca por allí y además al comisario le interesará mucho mi confesión.

-Pero hijo, con el principio que me has contado y como dices que ha sido tu vida… ¿eso no puede ser bastante peligroso para tu propia existencia?

-Por eso le he dicho, padre, que lo único que voy a elegir es el porqué de mi muerte. Quiero que me maten por lo que voy a contarle a usted, padre, y al comisario que nos atienda.

-Hijo, ¿quieres la absolución?

-Puede que sea tarde para mí absolución padre pero no pierdo nada por intentarlo.

-Hijo, el Señor siempre te absolverá si lo pides con el corazón.

– Bueno padre, ya hemos llegado.

En una calle peatonal está situada la comisaría. Antes de entrar en ella les sale una policía que les pregunta:

-¿Qué quieren ustedes? ¿Presentar una denuncia?

-No, hombre, no. Dile a tu comisario que le ha venido a visitarle al que conocéis por el nombre de “La Sombra”.

-Sí, hombre sí, voy a molestar al comisario por un hombre que se hace llamar “La Sombra”.

-Tal vez te interese saber que se quién dirige la mafia napolitana en España, la triada china…

-¿Y qué más buen hombre? ¿Tal vez el asesino del delito que acaba de suceder?

-Hijo, eres muy descortés con este hombre que está intentado ayudar a resolver asuntos muy serios.

-Déjelo padre. Lo único que le interesa saber a este caballero es que tengo muchas formas de inmovilizarlo y pasar si sigue en su trece de impedirme entrar; y que lo mantendré así hasta que alguien me diga amablemente donde se encuentra el despacho del comisario.

-Quédense aquí; ahora mismo voy a ver qué puedo hacer por ustedes.

-Ah, por cierto, cuando hable con su superior o con el comisario, dígale que el de la foto que tiene en mi expediente, dada por la Interpol, no soy yo sino un jefe de la mafia a quién quería fastidiar; yo fui quién hizo la foto. Y, por cierto, los dos cabezones que le siguen, si se fija bien, tienen dos tatuajes iguales en la muñeca derecha. Los tatuajes son de un sapo. Póngale un poco de zoom para verlo con claridad que a simple vista no está muy claro.

Diez minutos después llega el mismo policía con cara de susto diciendo:

-Si hacen el favor de acompañarme, el comisario le está esperando a usted, señor “Sombra”, el sacerdote puede esperar en estas sillas.

-El padre se viene conmigo, gracias.

-Siempre que él quiera…

-Tranquilo hijo este hombre lleva más de media hora en mi compañía y si hubiese querido hacerme algo, habría tenido tiempo de sobra para hacerlo.

Acompañaron al policía por un pasillo en el que todos los despachos tienen las puertas abiertas, por las se asoman todos sus ocupantes observando a ese extraño grupo que acaba su trayecto una sala en el fondo, también con la puerta abierta. Nada más entrar “Sombra” y el sacerdote en ella, el policía que les acompañaban cierra la puerta por fuera y les deja dentro con un hombre sentado en un lado de la mesa que tiene un puro en la boca y con la camisa arremangada hasta los codos.

-Señor comisario, sabía que iba acabar reunido con usted en una sala de interrogatorios.

-No se preocupe no está detenido.

-Eso no me preocupa. Lo que me preocupa es que no estés grabando esta conversación porque posiblemente sea una de las últimas que haga.

-¿Por qué ahora? ¿Por qué con un sacerdote?

-Tranquilo señor comisario se lo explicaré poco a poco. Empezaré por el principio.

Comencé a realizar delitos debido a que éramos una familia numerosa y mis padres no ayudaban para nada. Eso solo fue el principio de todo. Continúe ayudando a la mafia rusa, a las tríadas y a todo el que tenga usted conozca y que ha hecho algo de mal en el mundo; con ellos he estado yo al menos una vez en mi vida. Lo único que me ha cambiado es conocer que tengo una hija; no sé quién es su madre, pero gracias a una prueba de paternidad sé que yo soy su padre. No podré cambiar nada de lo que he hecho, pero ya que voy a morir y, lo más seguro es que me mate alguien, prefiero que mi hija sepa que su padre murió intentando cambiar el sentido de su vida.

Usted, señor comisario, también ha preguntado porqué con un sacerdote. Porque también espero que Dios confié en que quiero cambiar y a la vez, si toda mi confesión sirve para que muchos de los imputados lleguen a la cárcel, mejor que mejor.

-¿Sabes,  “Sombra” que todo lo que diga en este interrogatorio puede ser utilizado en su contra? ¿Sabe que tiene la obligación de que esté su abogado presente aunque sea de oficio?
-¿Sabe que cuando mis antiguos jefes y compañeros se enteren que estoy aquí harán todo lo posible para que no vea el amanecer de mañana? ¿Sabe que un abogado no serviría para nada solo para gastar un tiempo que no tenemos ni usted, ni el señor sacerdote que me ha acompañado tan amablemente, ni yo podemos gastar?

-¿Como sabe que sus compañeros y sus antiguos jefes sabrán que usted ha estado aquí? Le podemos poner como testigo protegido.

-Señor, con el debido respeto, nunca conseguirán protegerme.

-Creo que ya sé porque nunca te hemos cogido ni nunca te hubiéramos cogido si no te hubieras entregado. Usted no se fía ni de su propia sombra.

-No tranquilo, mi sombra hace que tiempo me dejo por otra persona mejor que yo. Una persona que tiene perjuicios para matar a un hombre con tres hijas, una hipoteca de doscientos mil euros y un preciosa mujer de cuarenta y cinco años. Por eso quiero cambiar, porque si consigo mantenerme con vida, pueda ser una persona a la que admire mi hija.

-Sombra, hijo, sé que aunque no lo consigas en esta vida conseguirás poner una piedra para que el Reino de los Cielos llegue a la tierra.

-No espero tanto padre, con un granito para hacer esa piedra me vale. Uno solo no hace nada, pero si mi hija ve que su padre no es tan malo como su leyenda a lo mejor poco a poco se cambiaría el mundo.

 “Sombra” empezó a hablar sobre su vida de gánster; y estuvo durante varias horas hablando con el comisario, con el sacerdote y a la vez consigo mismo. Después de acabar de hablar el sacerdote le dijo:

-Ego te absovo en nombre del Padre, del Hijo y del Espirítu Santo.

-Comisario les recomiendo que, con el tiempo que he pasado desde que estoy con el padre desalojen la comisaría y me dejen a mí solo, y sobre todo, espero que la grabación de la cinta no sea la única.

-Sombra, la grabación está conectada mediante una red inalámbrica a mis superiores y a un conjunto de memorias que tienen un sistema único contra el hackeo.

-Eso espero comisario. Y ahora quiero que me dejen solo en esta comisaria que no sé lo que va a pasar, pero estoy seguro de que nada bueno.

-Adiós, Sombra.

Momentos después toda la comisaría había sido desalojada por orden del comisario y también, al mismo tiempo, los edificios del al lado. Diez minutos después de que se llevará a cabo el desalojo entero la comisaría explotó. La única víctima fue Sombra que se había quedado en la misma sala de interrogatorios.

En los periódicos de los días siguientes aparecieron varios asesinatos que nunca fueron resueltos. El primero de ellos fue el de un sacerdote asesinado por la espalda cuando estaba cerrando la iglesia por la noche, pero por mucho que buscó la policía nunca encontraron a su asesino, aunque el caso tuvo mucha repercusión en el vecindario ya que era una persona muy querida. Por otra parte, aún más gran repercusión tuvo el tiroteo en una comisaría recién inaugurada donde murió un comisario, fueron heridos cuatro agentes y cinco de los asaltantes no pudieron escapar debido a sus heridas. Dichos asaltantes nunca pudieron recuperarse debido a una enfermedad todavía desconocida.

En este caso la policía detuvo a sus asesinos, aunque nunca encontraron quién fue el ideólogo del asalto a esa comisaría concreta y ningún de ellos dijo nada al morir de la misma enfermedad que sus compañeros.

A pesar de los rumores nunca se ha confirmado que la red de la policía tuvo un asalto a su base de datos de la cual pudieron extraer un solo archivo antes de que la policía consiguiera rechazarles el ataque. Este hecho está relacionado con que nunca se supo que había pasado una confesión de un tal “Sombra”.

Por eso durante mucho tiempo todas las agencias de todos los gobiernos han buscado a un delincuente llamado “Sombra”. De este delincuente no sabían nada porque la foto que tenían era de un jefe de una banda criminal posteriormente desarticulada.

Sin embargo, hace unos veinte años la policía dejo de buscar a “Sombra” para empezar a buscar a una mujer con el mismo nombre, famosa por no dejar pistas en sus delitos. Era tanta su fama de cruel que las madres dejaron de usar al hombre del saco para asustar a sus niños y lo sustituyeron por “Sombra” para así conseguir que sus hijos se tomaran lo que ellas querían.

Una filtración de última hora confirma que la policía, por fin, ha encontrado a esta delincuente que lo único que pidió para su confesión era que estuviera presente un sacerdote para que le pudiera dar la absolución ya que sabría que no iba a sobrevivir en la cárcel mucho tiempo.

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De un lugar caliente

De un lugar caliente

Después de una semana en el mejor lugar en el que he estado, me echan. No puede ser. Es muy duro dejar un sitio tan cómodo, tan caliente. Yo no había hecho nada. Había aceptado a todo lo que me echaban.

Me arrastran hasta la temible caja de acero. Me encierra dentro y de repente se mueve. Nunca había sentido esa sensación tan rara; es como si me desplazara hacia abajo, pero sin que se moviera nada. Él me seguía sujetando fuertemente… En cuanto tuviera oportunidad me libreraría hacia la independencia.

Abre otra vez la caja de metal. Ahora me arrastra por un suelo diferente y mucho más frío que el anterior. Pulsa algo de la pared y abre una puerta más grande que la anterior: es completamente negra, con barrotes, fea.

Escalera. La baja mientras me arrastra. Me hago daño con cada escalón.

Y de repente sucede…  Se despista.

Miró a la libertad a la cara, saboreo la independencia. Me empiezo a mover para bajar el último escalón cuando oigo una voz:

-Psst, ¿qué haces tío?

Otra compañera también abandona en el penúltimo escalón.

-Libertad, compañera, libertad. Volveré al sitio caliente y cómodo del que me acaban de echar.

-Así no lo vas a conseguir. Si te vas, pasarás frío. La única forma es dejar que nos tiré. Y volveremos.

– ¿Y cómo lo sabes? ¿Cómo puedes estar segura de que mi método no funcionará?

-Porque yo ya he sido una bolsa reciclada. Fui libre, pero todo fue a peor. Sólo frío y mucho viento; pisotones y desgarros Alguien me recogió y me tiró. Me reciclaron. Volví.

Nos levantan del escalón. Ya no había escapatoria. Mi compañera me desea:

-Recíclate volveremos más fuertes.

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Ladridos

Ladridos

Ladridos

Me despierto un día nuevo estirando todos los músculos del cuerpo. Por lo menos esta noche no ha habido nada preocupante que me sobresaltara. Estoy hambriento, queda comida de ayer por la noche, algo es algo.

Rodeo toda la casa buscando algo que hacer, algún olor interesante que seguir. Nada. Al final, vuelvo a las escaleras en dónde he dormido todos los días para tumbarme esperando algo, cualquier cosa.

Un rato después, huelo que viene gente. Interesante. Me acerco a la reja de la casa para verlos. Están andando tranquilamente como llevan haciendo varias veces en los últimos tiempos. Ladro para saludarlos; asustando a uno de ellos, pero el más grande se acerca para saludarme. Buen hombre.

Después de que el Sol llegue a la mitad de su camino, mis dueños salen de la casa, me acercó para saludarles, pero no me hacen caso. Están muy cargados de cosas que meten en mi caseta los días de lluvia. Y se van sin mí. Me encargaré de cuidar la casa en su ausencia.

Olfateo el aire, hay más comida en el comedero. Como tranquilamente, y sin nada más que hacer me vuelvo a tumbar en las escaleras esperando a que vuelvan mis amos.

Varias personas más andando, varias comidas más, ya de noche vuelven mis amos. Me acercó, ahora sí que vamos a jugar. Se meten en casa, me dejan fuera otra vez. Otra noche cubriendo el terreno.

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Fantasma

Relato de Fantasma

Las luces se van, me quedo totalmente a oscuras. La televisión se apaga. Gruño. Por decimosexta vez se han ido los plomos. Conforme me acercó por el pasillo a la entrada de la casa, veo una pequeña luminosidad. Está al lado de cuadro de luces. Una luz propia.

– ¿No querrás darme miedo apagándome las luces y, simplemente, haciéndote fluorescente?

– Esa era la idea sí. Además, que había dejado bastantes mensajes para que llegaras con miedo.

– ¿Qué mensajes?

Por mucho fantasma que se ponga, vuelvo a encender las luces y me dirijo de nuevo al salón.

– Yo no he visto ningún mensaje.

– ¿Cómo que no has visto ningún mensaje? ¿El vaho en el espejo mientras te duchabas?

– Es que salgo sin gafas y no veo. Limpio el vaho con la toalla.

– ¿Las cartas que te mandé con las letras cortadas de diversas revistas?

– ¡Ah! ¿Eran tuyas? Como ahora solo recibo cartas de publicidad, las tiré directamente a la basura.

– Las interferencias en la televisión ¿tampoco las viste?

– Pensé que estaba mal conectado.

Me había seguido hasta el salón donde me he sentado cara a la televisión. Se queda levitando a mi lado, enfadado.

– De verdad, es que a esta población de ahora no consigo darle ni un pequeño susto.

Entonces se me ocurre.

– Si quieres, voy a ver una película de miedo de Netflix. Quédate y podrás aprender de lo que da miedo ahora.

Se pone todo lo pensativo que puede ponerse un fantasma.

 

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Relato de Navidad

Relato de Navidad

25 de diciembre de 1914

Estimada madre,

Después de todas las cartas que le he mandado sobre esta guerra, increíblemente, madre, hemos tenido una situación de fraternidad con los alemanes. En la mañana de ayer, empezaron a cantar algo en alemán. Aunque no entendíamos la letra, la melodía claramente era la “Campanas de Belén”. Nosotros también empezamos a cantar en inglés. En ese momento, recordé cuando lo celebrábamos en casa, cuando oíamos a un vecino, nos uníamos a sus cantos.

Nuestro capitán llegó escuchando nuestro cántico. Se contagió del espíritu navideño. No tiene otra explicación ya que salió a campo abierto hacia la trinchera alemana. A la vez, el capitán alemán le imitaba desde el otro lado. Acordaron enterrar a los soldados caídos conjuntamente y celebrar un partido de fútbol por Navidad.

Hoy nos hemos vestido con nuestras mejores galas. Por fin, hemos podido a enterrar a todos nuestros compañeros que se quedaron entre ambas trincheras. Según acabe de escribir esta carta, iré a jugar el partido; soy el portero, como de pequeño.

Te seguiré escribiendo madre.

Espero que en casa esté todo bien.

Feliz Navidad a padre y a usted.

 

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Alergia

Alergia

La tensión era palpable en el ambiente. Cinco personas sudando,  que no dejan de mirar a la vez ordenadores las pantallas de sus ordenadores. Las diez manos teclean frenéticamente. Una pantalla gigantesca muestra las figuras moviéndose mientras que el público que llena las gradas grita por cada jugada. Llevan más de dos horas jugando la final del torneo y el cansancio hace mella en los jugadores, quienes echan mano de sus bebidas refrescantes. Uno de ellos, nada más ingerirla se lleva la mano la pecho, se levanta de su silla con muchos temblores y se cae al suelo. Los otros cuatros siguen jugando y matan virtualmente al que se ha caído al suelo. Este jugador sigue en el suelo y empieza a echar espuma por la boca mientras no para de temblar. Rápidamente entran en la sala dos sanitarios para atenderle junto con un guardia de seguridad. Mientras tanto parece que el público no se ha dado cuenta de que un jugador ha caído. Para ellos solo ha muerto en la pantalla y quedan cuatro más compitiendo. El médico mira al guarda de seguridad que se había acercado y le dice: – Lo han hecho a propósito, estoy seguro. Le ha producido una reacción alérgica. – ¿Estás seguro Alejandro? – Segurísimo, es un asesinato. Página de Facebook: https://www.facebook.com/TierradeFiccion Otros relatos: https://www.tierradeficcion.com/relatos-sueltos/relato-cien-palabras/

Relato Cien Palabras

Relato Cien Palabras

Siempre me ha gustado entrar en un bar un día cualquiera y observar a la gente. Hoy es uno de esos días. Miro como una pareja de ancianos están más de media hora mirándose a los ojos sin decir nada, simplemente tomándose su café, como si se tratara de una película de amor. El otro cliente del bar de unos sesenta años, con bigote y perilla blanca y una camisa de manga corta con rayas horizontales rojas y blancas, pidió una copa de brandy de Jerez y le observé mientras se la tomaba. No sé de brandy pero observando a ese señor aprendí. Cuando se la sirvieron esperó un poco, luego se acercó la copa la nariz y aspiró levemente los aromas que desprendía y después la bebió poco a poco, en pequeños sorbos, saboreándola. Página de Facebook: https://www.facebook.com/TierradeFiccion Otros relatos: https://www.tierradeficcion.com/relatos-sueltos/atraco/

Atraco

Atraco

Cuando hay un atraco en un banco y hay rehenes y la policía llega tarde, la consecuencia es que investigan a todo el mundo, incluido a un pobre rehén que simplemente quería sacar dinero del cajero. Mientras los últimos GEO comprobaban que no quedaba ningún atracador más dentro del banco, los rehenes, entre los que me incluyo, salíamos lo más deprisa que podíamos después de haber estado una hora tumbados en el frío suelo de la oficina. Los policías habían acordonado la calle entera e interrogaban a todos los testigos por los acontecimientos. Uno de estos agentes me preguntó qué era lo que había pasado y empecé a recordar. Con un simple “No funciona”, a lo mejor no me había pasado todo esto. Un simple cartel que hubieran puesto en el cajero ahorrándome diez minutos de meter y sacar la tarjeta, de soplar la tarjeta, de limpiarla con la camiseta de los Rolling Stones  y, sobretodo, de desquiciarme. Cuando miré hacia atrás y observe toda la cola de gente que había producido, pensé que era un buen momento para entrar en la oficina y pedir amablemente a los cajeros que me dieran veinte euros de mi cuenta para poder invitar a comer a mi novia. -Creo que no funciona. Probad el resto si queréis- les dije a las cinco personas que estaban detrás mío. Dejé el cajero y me dirigí hacia la puerta de la oficina bancaria que se abre tirando pero yo, con toda la confianza del mundo, la empujo y me estrello. Definitivamente hoy no era mi mejor día. Lo que más me sorprendió es que con mi habitual despiste entré tranquilamente con todas las llaves en el bolsillo; las de mi piso; las de mi garaje y las de mi Kawasaki Z 1000SX Tourer y pasé tranquilamente el detector de metales- ¿Cómo se puede pasar un detector de metales con los bolsillos llenos de llaves metálicas sin que suene ni te pare? Esa pregunta me rondó por la cabeza cuando me situaba en la cola para los cajeros humanos y todo se vino abajo. Entraron rápidamente seis personas con caras de payasos y lo que era peor con unas metralletas muy largas. Uno se situó en la entrada mientras que los otros se abrían en abanico perfectamente coordinados: -¡Todo el mundo al suelo! ¡Y que nadie se haga el héroe que no estamos en una película! Dos se fueron rápidamente al mostrador de los cajeros, otros dos a las mesas y el tercero al despacho del director. El último se quedó en la puerta detrás de todos los rehenes y la cerró con un candado mientras decía: -Nuestro objetivo es hacer el atraco rápido, sin tiros y fundamentalmente sin heridos. No se preocupen solo atacamos si nos atacan. No quiero ningún héroe muerto. Su voz era relajada, tranquila, un poco cascada posiblemente por el alcohol o el tabaco, como si fuera un abuelo contando a su nieto un cuento para dormirle pero lo más raro era su forma de andar. Un andar tranquilo de un chaval de veinte años que no concordaba para nada con su voz, perfecto, en cualquier caso, para confundir a los testigos. Siempre daba paseos cortos vigilando a todos los rehenes. Mientras que el que parecía que lideraba controlaba por detrás de nosotros, otros dos de sus compañeros se dedicaban a enchufar pen drives en los ordenadores del banco. El cuarto se puso encima la mesa de los cajeros y nos apuntaba a los rehenes con la metralleta, flanqueado a derecha e izquierda por otros de sus compañeros. Con uno delante apuntándonos, el otro por detrás y otros dos en los laterales que no paraban de dar pequeños paseos ninguno de nosotros movía ni un solo músculo mientras sucedía todo. En menos de dos minutos habían sacado todos los pen drives de los ordenadores y habían salido por la puerta del banco de la misma manera que habían entrado, muy rápido. -Entonces ¿los atracadores salieron por donde entraron?- me preguntó el agente. -Si señor eso creo, aunque no estoy seguro ya que me mantuve pegado al suelo- contesté. -Muchas gracias. Si nos hace un último favor dele sus datos a ese agente para que podamos contactar con usted por si tenemos alguna duda sobre su testimonio- me pidió el agente. Una vez que terminé intenté salir de todo este lío de agentes, testigos, rehenes, ambulancias, coches de policía con las sirenas puestas con un ruido ensordecedor, coches parados y sobre todo con una multitud de observadores anónimos que no dejaban de llegar. A empujones y a “perdón” o  “paso por favor” me moví unos tres metros en diez minutos  y aun así no veía el final del gentío. De repente uno de esos reporteros que andan cazando noticias espectaculares para salir el mayor tiempo posible en el telediario de la noche me enchufó con su alcachofa y me preguntó: -¿Me puede hablar del atraco? -Sí claro le hablo de lo que quiera si me saca de aquí. -Por supuesto. ¡Señores dejen pasar a este pobre hombre! Después de que pude pasar, hice algo de lo que no me siento muy orgulloso. -Señor, la verdad es que no he visto mucho. Solo sé que eran seis atracadores y que estaban muy bien organizados pero muchas gracias por sacarme de ese gentío. -Gracias a usted, nadie quiere hablar conmigo- me respondió el reportero con una pequeña decepción en su cara a causa de la brevedad de mi relato. La verdad es que le podía haber dicho muchas más cosas pero me encontraba cansado y quería salir de allí ya. Lo peor fue llegar al lado de mi  Kawasaki Z 1000SX Tourer y encontrármela caída y con una gran rallón en el lado derecho. Eso me va  a costar una pasta en el taller. Esto demuestra que no es mi mejor día, aunque lo peor de todo es que todavía no es ni mediodía. Página de Facebook: https://www.facebook.com/TierradeFiccion Otros relatos: https://www.tierradeficcion.com/relatos-sueltos/corto/

De Pesca

De Pesca

Metía poco a poco los pies en el agua hasta que le llego a las alturas de las rodillas. Era muy pronto. Tan pronto ni que el propio Sol había salido todavía por el horizonte; pero para él el mejor momento del día. Cuando se podía descubrir muchas cosas de la mar. Con solo estirar un poco los brazos y entreabrir la boca empieza a saborear el salobre que le acompañaba desde hacía treinta y cinco años; sentía además de estar seguido el sabor del agua dulce lo que significaba que iba a llover antes del mediodía. Y si eso lo había descubierto él, los habitantes de la mar también lo sabrían. Por tanto, antes del mediodía habrían salido a comer y como no le gusta mucho el sol los pulpos saldrían a comer antes del amanecer. No le queda más de media o una hora para pescarlos. Sigue metiéndose en el agua esta vez un poco más deprisa y a la altura de los hombros ya encontró su barca y se mete en ella chorreando. Tranquilamente, mientras busca los remos respira el aire que tanto le gustaba y poco a poco sale de la playa que le vio nacer y se interna en la ría que durante treinta y cinco largos años le ha alimentado. Remando pausadamente se aproxima al lugar donde dejo unas cuantas cabezas de pescado antes de irse acostarse y aunque no había ni una sola boya que lo indicaba él no lo necesitaba. Podía ir hasta con los ojos cerrados aparece un rayo de luz que iluminaba todas las bateas que poblaban su ría. Poco después de sumergir  sacó su pequeña red con la maña de un experto y vio que había atrapado a un pulpo más grande de lo que se esperaba. Cuando ya le había dado dos golpes en la cabeza al pulpo matándolo se permitió mirar hacia el final de la ría justo cuando poco a poco el Sol ilumina lo que más amaba de ver. Esas dos islas que protegían toda su ría y que hacía nueve años habían soportado la marea negra de “chapapote” del barco. Para él su gran vicio era ese: ver el amanecer a través de las Islas Cíes. Cuando los demás barcos pesqueros salían desde la playa y los muelles el vuelve remando relajadamente. Mete el remo en el agua mientras echa el aire, desliza el remo por el agua y sus pulmones se vuelven a llenar de aire; todavía podía oír la voz de su padre mientras le explicaba cómo se debía remar. Aunque los nudos de amarre nunca fueron fáciles de aprender no dejó que la sonrisa se le borrará de la cara. Tranquilamente desanda el camino que tan solo una hora antes había hecho hasta su casa. Cuando abre la puerta lo primero que recibe es la voz de su hija gritándole: -¡¡Padre cuantas veces le he dicho que no se vaya de pesca!! La misma voz que su madre. Había heredado su voz potente y su carácter. -Bonito pulpo suegro. Algún día explicará a su nieta como lo hace. Una sonrisa como respuesta y como promesa a su propuesta. Tan condescendiente como siempre su yerno. Buen muchacho, mejor marido y un increíble padre para su pequeña nieta, no podía pedir más. Página de Facebook: https://www.facebook.com/TierradeFiccion Otros relatos: https://www.tierradeficcion.com/relatos-sueltos/alergia/