Orden o Rebelión 5

Orden o Rebelión 5

Orden o Rebelión 5

Después de la reunión me voy a mi instancia, a descansar. Ha sido una semana muy dura tanto mentalmente como físicamente. Quedan cuatro guardias hasta que vuelva a dirigir la mía por lo que puedo acostarme un rato. Me acuesto con el uniforme puesto como siempre. Cinco horas después me despierta el General Robertus que irrumpe, sin previo aviso, en mi habitación.

– Capitana Mencar, acompáñeme.

-Sí señor.

En la entrada de mi habitación, el baúl está movido, y veo una pequeña puerta, que antes no estaba, en la pared. Traspasamos dicha pared y nos adentramos en un pequeño pasillo que recorre toda la pared norte del castillo hasta unas escaleras por las que descendemos hasta una sala pequeña alumbrada por tres antorchas y en la que sólo veo una mesa y cuatro sillas. Una persona encapuchada está sentada frente a las escaleras por las que bajamos. Viendo que somos nosotros se descubre. El Príncipe Heredero.Alteza, ya estamos todos.

-Bien Robertus. Me alegro de verla de nuevo capitana Mencar. Estoy muy agradecido por su estrategia. Me salvo la vida.  

-Es nuestro trabajo señor.

-General, me ha dicho que existen sospechas de tener un topo de los rebeldes ha logrado infiltrarse en nuestra Guardia. Explíquese.

-Señor, ese trabajo se lo dejo a la capitana.

-Comencé a sospecharlo cuando me di cuenta de que conocían nuestros movimientos habituales. Ahora estoy segura. Solo una cosa, General, confirme cuantos cadáveres encontraron y en qué estado.

-Encontramos tres cadáveres y estaban totalmente quemados.

-Eso es lo que no tuvieron en cuenta. Tendrían que ser cuatro cadáveres. Los tres guardias que cayeron conmigo y el chófer del carro. Normalmente no llevamos chófer en el carro por eso no has parecido extraño, pero…. Yo decidí que sí, para que nadie supiera lo que había dentro del carro… -Me llevo un dedo a los labios porque he oído algo.

Rápidamente me levantó y lanzo un cuchillo por encima de mi cabeza hacia dónde se encuentran un raro rayo de luz. Al llegar el cuchillo, desenvaino rápidamente la espada.Tranquila capitana – levanta la mano el príncipe – maga, sal que te ha detectado.

La Maga Real sale de detrás de la pared donde he lanzado el cuchillo. Baja, delgada, con el pelo dorado, su túnica verde oliva realza sus movimientos mientras que me mira extrañada:

-¿Cómo sabías que estoy aquí?

-Lo he notado.

-Aja – mirando al príncipe – Alteza está limpia, dice la verdad. Y sus suposiciones también me cuadran. Tenemos ratas

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Patrulla de Exploración

Galaxia

Patrulla de Exploración

Nuestra pequeña flota llega al quinto y último planeta de este sistema solar. Contamos con una nave exploradora, tres destructores y la nave principal. En principio no necesitamos más porque no estamos en modo de guerra, sino que venimos a recopilar información. Primero tenemos que comprender que planetas tienen seres inteligentes y, de esos, cuales podrían luchar en la guerra galáctica que está a punto de comenzar.

Los cuatro primeros planetas están totalmente deshabitados, pero en el quinto había indicios de lo contrario. Satélites que están recorriendo el sistema solar, pequeños artefactos aterrizados en el resto de los planetas para explorarlos.

Si esa civilización sigue existiendo, no es la primera que nos encontramos que se autodestruyen y solo encontramos los restos de los que eran, tenemos que hablar con ellos.

Tienen un pequeño puerto galáctico. Algo es algo. Me cambio a la nave exploradora que es la única que puede llegar a dicho puerto. Soy la comandante de la octava patrulla galáctica y tendré que demostrar mis dotes de negociación.

Después de colocarnos nuestros trajes espaciales, acoplamos la nave exploradora con el puerto. Dentro del mismo se encuentran diez seres bastante pequeños, no llegan a un metro humano de altura, respecto a nuestro metro setenta de media. Colores marrones pardos, sus cuerpos tras unos trajes más antiguos que los nuestros, además de dos cabezas, eso es lo único que puedo observar. Uno de ellos se adelanta y comienza a hablar en su dialecto. No entiendo nada por el momento. Minutos después nos mira esperanzado mientras que la Inteligencia Artificial de mi traje estudia, clasifica y traduce su idioma. Un pequeño pitido me indica que todo está preparado.

– “Bienvenidos seres extraplanetarios, somos seres científicos en son de paz (son de paz no me gusta) que solo quedemos explorar nuestro sistema solar. Podremos defendernos con nuestros ejércitos (ojo que somo científicos, pero no nos invadías que nos liamos a leches) en caso de intento de invasión. Nos gustaría conocer sus pretensiones y una posible alianza”.

– “Nosotros también venimos en son de paz. Estaremos contentos de poder compartir conocimientos y habilidades con una civilización de científicos”.- si se sorprenden de que hable rápidamente su idioma no dejan que se vea en lo poco de cara que se asoma en sus dos cascos. –“El objetivo de nuestra patrulla galáctica es avisar. Hemos descubierto de que nuestra galaxia está en peligro eminente. Les rogamos que se preparen para cualquier cosa. Si no tienen ningún problema, en los próximos días compartiremos lo que hemos descubierto.”

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La Tempestad

Tempestad

La Tempestad

En el año 1648 de la muerte de nuestro señor Jesucristo, en Sábado Santo, volviendo del nuevo mundo con el barco lleno, nos enfrentamos a la mayor tormenta que recordamos cualquiera de los que allí estamos. Las olas son más grandes que tres barcos como el nuestro, vientos que se llevarían varias casas juntas. Solo podemos intentar aguantar sin ninguna vela y rezar para no hundirnos.

Más de tres personas sujetando el timón para no irnos a

 la deriva, pero sin tener mucha idea de qué rumbo estamos llevando, empapados hasta los calzones. El resto de la tripulación está escondida en la bodega atada a los laterales, como la carga para, evitar salir rebotando mientras dura la tormenta.

Llevamos todo el día aguantando la dirección del barco en la tempestad casi agotados cuando creemos que llega el domingo, Domingo de Resurrección. Nuestros rezos son escuchados, no es que desaparezca la tormenta, es que aparece una isla delante del barco, donde podemos encallarlo de la forma más rápida que podemos cogiendo la ola más grande que rompe en la orilla.

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Partido de Rugby

Rugby

Partido de Rugby

El partido comienza a las cuatro de la tarde y durante toda la mañana no ha parado de llover. Una lluvia fina, lo justo para que llenará de barro el campo de rugby, pero permitiendo jugar a la hora convenida. A las cuatro de la tarde y tres minutos, el árbitro indica a nuestro capitán de la patada inicial.

Los primeros minutos, los delanteros no tenemos mucho trabajo, correr de un lado a otro. Las órdenes iniciales de ambos equipos es probar a los zagueros y alas a base de patadas por si hay fallos con tanta lluvia. Durante estos primeros minutos nos limitamos más que a correr, a trotar, siguiendo las patadas, pero sin mucho ánimo al no haber ningún fallo.

Dicho lo cual uno de los zagueros se cansa, recepciona perfectamente la patada y comienza un contraataque a la carrera, seguido por sus dos alas. Es placado, limpiado por alas y empezamos a jugar de verdad. A jugar en el barro, a carreras cortas, limpieza de rucks y algún que otro juego de tres cuartos. Después de diez fases seguidas conseguimos acercarnos a su línea de veintidós metros. Un fallo en el pase nos condena a una melé. El hábitat de los delanteros.

Colocarnos, esperar, empujar y que nuestro talonador robe el balón, ese es el plan. El problema es que mi compañero en la posición de pilier hunde varias veces la melé con golpe de castigo en contra. Patean el balón a fuera, aprovechando que sacan ellos, para recuperar balón y terreno. El principio básico del rugby ganar terreno para estar más cerca de anotar.

Primera touch o saque de banda en contra, dos torres bien puestas, como hemos practicado. Nos sorprenden con un saque rápido a la primera torre, salida a juego de manos a sus tres cuartos que consiguen posar en el otro extremo del campo sin poder hacer nada por nuestra parte; solo mirar y aplaudir. La consiguiente transformación no pasa por los palos lo que nos beneficia.

No deja de llover cuando volvemos a una patada inicial. Perdiendo cinco a cero, pero nos sentimos bien, atacamos fuerte. Otra patada larga. Esta vez ellos quieren jugar cerca, buscándonos las cosquillas con juego de pases. Al primero que veo que puedo placar es un tío de metro noventa y unos cien kilos de peso. Demasiado para tirarle con el placaje, me quedo enganchado a las piernas y dejo que su peso haga el resto. Después de que el muchacho se levante, me levanto yo y veo que mis compañeros lo están celebrando. No sé el qué.

– ¡Tío! Gracias a tu buen placaje, ha perdido el balón y en la contra hemos anotado bajo palos. Se le resbaló entre las manos. Buen placaje.

La posterior transformación entra, ya que está justo bajo palos y tenemos un buen pateador. Nos ponemos por delante: cinco a siete.

Nos preparamos para recibir el balón por primera vez en este partido. Nuestro capitán pregunta al árbitro cuanto tiempo llevamos de partido; le contesta que quedan quince minutos para el descanso. Estamos bien frescos.

El balón vuela hacia la otra zona de donde cubro yo, y corro para apoyar. Pateamos para alejar el oval de nuestra zona de ensayo. El otro equipo tampoco quiere volver a tener un error como en el primer ensayo así que estamos un rato con patadas de un lado y otro sin permitir que el balón llegue a ser jugado por ningún equipo. No queremos errores. Sólo cuando recibimos el balón fuera de nuestra línea de veintidós metros, nuestro ala decide correr para formar un ataque posicional. Los delanteros formados en pequeñas puntas de flechas a petición de nuestro medio-mele, uno para recibir, otros dos para limpiar el ruck. Avanzamos metros poco a poco, sin que puedan placar fácilmente. Con esfuerzo, con el trabajo de nosotros, los delanteros, conseguimos llegar a su línea de veintidós metros justo cuando un defensor placa delante de mí a uno de mis compañeros por encima del cuello. El árbitro lo ve, pita el golpe de castigo a nuestro favor y llama a los capitanes con el número 3 suyo.

Explicación mediante, considera el placaje alto que conlleva una amarilla en rugby, es decir, diez minutos con uno menos a partir de ahora. Preguntamos por el tiempo, el árbitro dice que está cumplido. Pedimos palos para que se luzca nuestro pateador. Golpe de castigo convertido, tres puntos más (cinco a diez) y a los vestuarios tranquilamente sabiendo que lo estamos haciendo bien. Poco a poco sale como en los entrenamientos. Al final me va a gustar la lluvia y todo.

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Duende

Duende

Duende

Diecisiete de marzo, ¡por fin! Solo hay dos días dónde un duende puede salir por el mundo humano sin problemas, Carnaval y San Patricio. En Carnaval todos van disfrazados y no se nota un duende más o menos. En San Patricio, todo el mundo se viste de verde, pero mi recomendación es salir en Dublín.

El resto de los trescientos sesenta y tres días del año nos dedicamos a no vernos, pero si a acumular cosas. Calcetines de la lavadora que desaparecen, juguetes o pequeños objetos de la casa, no los encontrarás porque un duende te lo ha quitado. Los calcetines son super mega necesarios. Los necesitamos los dos días que podemos salir para llevar las cosas que les quitamos a los humanos. Porque sí, salimos para robar los objetos a los humanos. Tened más precaución con vuestros bolsillos.

 Las calles llenas de gente, casi todas con sombreros de duende, incluido los niños me permiten pasar totalmente desapercibido entre tanto humano. Las zonas centrales de la calle están valladas para que no haya problemas con el gran desfile. Eso provoca mucha gente en poco espacio, perfecto para unos dedos rápidos como los míos.

– ¡Uy! ¡Qué disfraz más mono llevas niño!

– Gracias señora – “y usted que pulsera más bonita me llevaba”. Dedos rápidos es lo fundamental.

Tras cinco minutos tengo otro calcetín lleno que lo envió a mi rincón secreto. Es muy fácil llenar calcetines con tanta gente confiada y, por esa circunstancia, me gusta tanto el diecisiete de marzo y San Patricio en Dublín.

La mañana transcurre sin ninguna circunstancia especial salvo que me encontré con un humano estaba haciendo exactamente lo mismo que yo, le desvalije. En San Patricio solo robamos los duendes. Acabó detenido por exhibicionismo público al encontrarse sin nada puesto en mitad del desfile.

Por la tarde, pude disfrutar en directo de lo mejor de todo. La selección de rugby de Irlanda contra Inglaterra por el trofeo de la Seis Naciones en el Avivia Stadium de Dublín., Todo de verde y ganando los verdes. Aunque me tenga que ocultar hasta que el año que viene sea carnaval, el rugby en directo es mil veces mejor que en cualquier televisión duendil.

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Batalla de Magia

Magia

Batalla de Magia

A mediodía, un grupo de quince personas suben lo más rápido posible una colina. Nueve niñas de edades comprendidas entre los cinco y los diez años con ropas de sirvientas y caras asustadas acompañadas por cuatro soldados con las armas en la mano y dos encapuchados que cierran la marcha. Son perseguidos de cerca por diez magos abiertos en semicírculo, destacando por el ropaje llamativo que llevan.

– ¡¡Deteneos!! – grita el mago que encabeza la persecución – ¡¡O ateneos a las consecuencias!!

Los dos encapuchados se miran.

– Estamos suficiente altos.

– Pero….

– Me he cansado – se quita la capucha dejando flotar una larga melena pelirroja oscura. El otro procede a quitarse también la capucha dejando una cara con barba incipiente de color marrón oscuro, ojos marrones y pelo muy corto.

Las niñas miran al hombre y la más pequeña de ellas pregunta:

– ¿Qué pasa? ¿Hemos hecho algo malo?

– No cariño, vosotras no habéis hecho nada malo. Han sido ellos, que le han conseguido cabrear. Vamos a sentarnos mientras tomamos un pequeño refrigerio.

La mujer deja caer la pesada capa de viaje, dejando ver unos pantalones de vestir con un jersey de lana sin pulir. El hombre ayuda a sentarse a las nueve niñas mientras les reparte unas pequeñas escudillas con fruta dentro. Los cuatro soldados también se dan la vuelta para ver.

– Somos diez grandes magos del Rey Jaime. Depón de tu actitud antes de que te arrepientas.

– Los que os vais a arrepentir sois vosotros.

Una niña de diez años mira al hombre:

– ¿Diez contra una no es poco justo?

– Sí, lamentablemente, sí que es lo es. Tendría que ser el triple como mínimo para poder hacerle cosquillas. Atended niñas, hoy será vuestra primera clase de magia en práctica.

Mientras va a hablando la mujer baja de la colina con los puños cerrados mientras que los magos empiezan a hacer muchos gestos con las manos mientras recitan en idiomas arcanos.

– ¡¡CUANDO QUERÁIS QUE NO TENGO TODO EL DÍA!! – les grita la mujer cuando ha bajado la colina y está a cuatrocientos metros de ellos.

– Sí que la han cabreado. Bueno niñas atended, último mago de la derecha ha lanzado un hechizo de fuego purificador, ¿veis que es un pequeño perro? Bueno bien, pues a los perros les encanta volver con sus amos; por eso, cuando lo lancéis, estad preparadas contra el fuego; no como ese muchacho. Los tres magos siguientes han preparado tres hechizos conjuntos de fuego, tierra y agua, son difíciles de parar si no lo hubiera unido a una flecha como conexión; destruida la flecha se acaban los hechizos y has perdido mucha fuerza.

– Allí, ¿no es un demonio?

– ¿Dónde?

– Detrás de Ella.

– Hmmmm. Capitán Fudor, ¿a qué distancia estima que se encuentra el demonio de nuestra maga?

– A unos cien pasos, señor, pero hay como una pequeña llama que le sigue.

– Entonces nada de lo que preocuparse niñas, lo tiene todo controlado, con la llama indica que sabe dónde está. Es un pequeño hechizo muy fácil que os enseñaremos dentro de poco. En este momento que le llegan cinco hechizos diferentes ¿veis que se queda quieta? Respirad, que está quieta para que el demonio esté cerca y pueda saber quién se lo ha mandado. Eso solo hacedlo los primeros años bajo supervisión; es mucha tensión.

La maga mueve rápidamente la mano y los cincos hechizos desaparecen de un plumazo mientras que el demonio levanta las zarpas para comerla.

– Y ahora que sabe quién es el mago, no os perdáis detalle- el demonio desaparece de su espalda, aparece en la espalda del mago principal al cual agarra y chilla antes de desaparecer los dos con dos movimientos de mano de la maga – Los magos que molestan a los demonios para sus luchas se merecen estar un tiempo en el éter de los demonios y, os lo aseguro, no es agradable.

– Decid al rey Jaime que deje de raptar niños y niñas para ingresar como magos. Lo sabré e iré a rescatarles.

Dicho lo cual un gran caballo de agua y aire en su carrera barre a los ocho magos restantes haciéndolos desaparecer. La maga se da la vuelta sonriendo.

– Bueno niñas, ¿Qué os ha parecido? ¿Queréis aprender a manejar la magia?

Las nueve niñas se levantan gritando sí a la vez mientras tiran sus escudillas. El hombre se levanta lentamente mientras mira a las nueve niñas. Suspira mientras con un pequeño gesto dirige las escudillas a su mochila.

La maga llega para encabezar la marcha mientras que la niña más pequeña se queda mirando al hombre.

– ¿Ya no va a haber más caballos? Me gustan los caballos.

– Mira a tu derecha.

A la altura de sus ojos un pequeño caballo de agua trota mientras la niña se ríe.

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La batalla de Bicoca

La batalla de Bicoca

Veintisiete de abril del año 1522 del nacimiento de nuestro señor Jesucristo, a la fueras de la ciudad de Milán en una zona conocida como Bicoca. Dirigidos por el general Próspero Colona, mis hermanos y yo sumamos más de cuatro mil arcabuceros* del emperador dispuestos a parar los pies al infame general francés Lautrec y, sobre todo, a los mercenarios suizos.

Estamos situados en lo alto de una loma con un bosque como resguardo de donde vendrán nuestros enemigos, tanto los franceses como los mercenarios suizos. Llevamos varios días preparándolo todo para dificultar su marcha: hemos clavado estacas en todos los lugares propicios para una caballería, hemos hundido una carretera que está cerca de nuestra posición para que nuestra loma sea todavía más alta, y, además, hemos provocado todo tipo de desniveles para subir a la loma.

Hoy es el día. Hoy vendrán a por nosotros bajo la presión de los suizos de volver a sus tierras si no reciben más dineros o consiguen una victoria pronto. ¡Y se hacen llamar soldados unos vulgares estafadores que no luchan por ninguna bandera! Hoy conocerán el plomo español.

Los cañones comienzan a disparar nada más ver al enemigo, con más ganas que tino, todo sea dicho. Ellos están despejando todas las estacas que hemos ubicado para evitar que la caballería tome buenas situaciones. Les toma un tiempo limpiarlo todo. Más que por la caballería lo hacen para que los dos cuadros suizos no rompan la formación. Ambos cuadros toman distancia entre sí y comienzan a acercarse lentamente.

Colocamos las cargas de pólvora a continuación colocamos la bala e introducimos la baqueta para aprisionar todo. Estamos preparados para nuestro primero disparo. Nos hemos situamos en escuadrones de cuatro arcabuceros de fila y diez de fondo más dos de separación entre los escuadrones. Es el sistema ideado para poder mantener un fuego de balas constante.

Los dos cuadros de piqueros suizos llegan a los pies de la loma donde les esperamos. La primera fila de arcabuceros dispara con más ganas que tino, como los cañones, y se retiran por los espacios creados a recargar. La primera salva provoca que los cuadros suizos se unan todavía más en busca del apoyo de sus compañeros. Nuestra segunda fila de arcabuceros toma la posición y dispara. Como los suizos están más unidos, disparan a bulto sin tener que apuntar y provocamos las primeras bajas.

Los suizos siguen intentando subir a lo alto de la loma, bajo nuestro constante fuego, con grandes pérdidas. Los cuadros, con cada paso de subida, tienen menos soldados y menos confianza en llegar, aunque, lo consiguen. Nada más alcanzar el alto de la loma, reciben una última descarga de arcabucería a bocajarro. Su moral no puede más y emprenden la retira. Les es más fácil correr hacia abajo que toda la subida.

El general Próspero Coloma ordena la no persecución de suizos convocando el final de la batalla. Los cuadros suizos se han estrellado con la arcabucería española.

* Arma de fuego predilecta de los soldados españoles en el siglo XVI ya que se adapta a la altura y envergadura de ese momento (una mediad alrededor de ciento sesenta centímetros). Tiene menos alcance que los mosquetes, pero más fácil de cargar.

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Una confesión que puede cambiar el mundo

Una confesión que puede cambiar el mundo

-No he llevado una vida lo que se dice de ser humano normal; bueno, a decir verdad, no estoy seguro de que mi vida se pueda denominar vida de ser humano, ni siquiera vida.

He utilizado a toda la gente que he conocido y a la que me ha caído mal, directamente, la he hecho desaparecer.

Al principio me metí en una banda de delincuentes para poder dar de comer a todos mis hermanos ya que mis padres no se preocupaban de eso sino de encontrar la forma en que la policía no los encontrara a ellos. Y le cogí el “gustillo”.  Y conseguí ser el jefe de mi propia banda, con lo cual me distancié de mis hermanos…

-¿Y por qué me cuenta esto a mí, y sobre todo ahora? ¿Quiere que le confiese? Puedo abrir…

-No padre, ahora no quiero que me confiese, no podré contar mi historia dos veces.

– Hijo, ¿a qué te refieres con lo de ahora no?

-Padre, le importaría acompañarme. Ya que en mi vida he visto como las cosas pasaban y no he hecho nada por lo menos quiero elegir por qué morir.

-Hijo, un paseo no me vendrá nada mal a estas alturas de mi vida.

-Padre, usted no está tan mal.

El sacerdote esbozo una sonrisa mientras intentaba cerrar la puerta. El señor trajeado que le había empezado a hablar se limitó a empujar la pesada puerta para que el sacerdote pudiera poner la llave en la cerradura. Cuando consiguieron entre ambos cerrar el portón de la iglesia empezaron a caminar mientras el hombre del traje va indicando el lugar por donde ir.

-¿A dónde vamos, hijo? Si se puede preguntar, claro.

-Claro que puede preguntar, otra cosa es que le conteste. No, padre, es broma, a estas alturas de mi vida lo único que me queda de ser humano es el humor y no se puede decir que sea bueno. Vamos a la comisaría central, creo que se alegran de que aparezca por allí y además al comisario le interesará mucho mi confesión.

-Pero hijo, con el principio que me has contado y como dices que ha sido tu vida… ¿eso no puede ser bastante peligroso para tu propia existencia?

-Por eso le he dicho, padre, que lo único que voy a elegir es el porqué de mi muerte. Quiero que me maten por lo que voy a contarle a usted, padre, y al comisario que nos atienda.

-Hijo, ¿quieres la absolución?

-Puede que sea tarde para mí absolución padre pero no pierdo nada por intentarlo.

-Hijo, el Señor siempre te absolverá si lo pides con el corazón.

– Bueno padre, ya hemos llegado.

En una calle peatonal está situada la comisaría. Antes de entrar en ella les sale una policía que les pregunta:

-¿Qué quieren ustedes? ¿Presentar una denuncia?

-No, hombre, no. Dile a tu comisario que le ha venido a visitarle al que conocéis por el nombre de “La Sombra”.

-Sí, hombre sí, voy a molestar al comisario por un hombre que se hace llamar “La Sombra”.

-Tal vez te interese saber que se quién dirige la mafia napolitana en España, la triada china…

-¿Y qué más buen hombre? ¿Tal vez el asesino del delito que acaba de suceder?

-Hijo, eres muy descortés con este hombre que está intentado ayudar a resolver asuntos muy serios.

-Déjelo padre. Lo único que le interesa saber a este caballero es que tengo muchas formas de inmovilizarlo y pasar si sigue en su trece de impedirme entrar; y que lo mantendré así hasta que alguien me diga amablemente donde se encuentra el despacho del comisario.

-Quédense aquí; ahora mismo voy a ver qué puedo hacer por ustedes.

-Ah, por cierto, cuando hable con su superior o con el comisario, dígale que el de la foto que tiene en mi expediente, dada por la Interpol, no soy yo sino un jefe de la mafia a quién quería fastidiar; yo fui quién hizo la foto. Y, por cierto, los dos cabezones que le siguen, si se fija bien, tienen dos tatuajes iguales en la muñeca derecha. Los tatuajes son de un sapo. Póngale un poco de zoom para verlo con claridad que a simple vista no está muy claro.

Diez minutos después llega el mismo policía con cara de susto diciendo:

-Si hacen el favor de acompañarme, el comisario le está esperando a usted, señor “Sombra”, el sacerdote puede esperar en estas sillas.

-El padre se viene conmigo, gracias.

-Siempre que él quiera…

-Tranquilo hijo este hombre lleva más de media hora en mi compañía y si hubiese querido hacerme algo, habría tenido tiempo de sobra para hacerlo.

Acompañaron al policía por un pasillo en el que todos los despachos tienen las puertas abiertas, por las se asoman todos sus ocupantes observando a ese extraño grupo que acaba su trayecto una sala en el fondo, también con la puerta abierta. Nada más entrar “Sombra” y el sacerdote en ella, el policía que les acompañaban cierra la puerta por fuera y les deja dentro con un hombre sentado en un lado de la mesa que tiene un puro en la boca y con la camisa arremangada hasta los codos.

-Señor comisario, sabía que iba acabar reunido con usted en una sala de interrogatorios.

-No se preocupe no está detenido.

-Eso no me preocupa. Lo que me preocupa es que no estés grabando esta conversación porque posiblemente sea una de las últimas que haga.

-¿Por qué ahora? ¿Por qué con un sacerdote?

-Tranquilo señor comisario se lo explicaré poco a poco. Empezaré por el principio.

Comencé a realizar delitos debido a que éramos una familia numerosa y mis padres no ayudaban para nada. Eso solo fue el principio de todo. Continúe ayudando a la mafia rusa, a las tríadas y a todo el que tenga usted conozca y que ha hecho algo de mal en el mundo; con ellos he estado yo al menos una vez en mi vida. Lo único que me ha cambiado es conocer que tengo una hija; no sé quién es su madre, pero gracias a una prueba de paternidad sé que yo soy su padre. No podré cambiar nada de lo que he hecho, pero ya que voy a morir y, lo más seguro es que me mate alguien, prefiero que mi hija sepa que su padre murió intentando cambiar el sentido de su vida.

Usted, señor comisario, también ha preguntado porqué con un sacerdote. Porque también espero que Dios confié en que quiero cambiar y a la vez, si toda mi confesión sirve para que muchos de los imputados lleguen a la cárcel, mejor que mejor.

-¿Sabes,  “Sombra” que todo lo que diga en este interrogatorio puede ser utilizado en su contra? ¿Sabe que tiene la obligación de que esté su abogado presente aunque sea de oficio?
-¿Sabe que cuando mis antiguos jefes y compañeros se enteren que estoy aquí harán todo lo posible para que no vea el amanecer de mañana? ¿Sabe que un abogado no serviría para nada solo para gastar un tiempo que no tenemos ni usted, ni el señor sacerdote que me ha acompañado tan amablemente, ni yo podemos gastar?

-¿Como sabe que sus compañeros y sus antiguos jefes sabrán que usted ha estado aquí? Le podemos poner como testigo protegido.

-Señor, con el debido respeto, nunca conseguirán protegerme.

-Creo que ya sé porque nunca te hemos cogido ni nunca te hubiéramos cogido si no te hubieras entregado. Usted no se fía ni de su propia sombra.

-No tranquilo, mi sombra hace que tiempo me dejo por otra persona mejor que yo. Una persona que tiene perjuicios para matar a un hombre con tres hijas, una hipoteca de doscientos mil euros y un preciosa mujer de cuarenta y cinco años. Por eso quiero cambiar, porque si consigo mantenerme con vida, pueda ser una persona a la que admire mi hija.

-Sombra, hijo, sé que aunque no lo consigas en esta vida conseguirás poner una piedra para que el Reino de los Cielos llegue a la tierra.

-No espero tanto padre, con un granito para hacer esa piedra me vale. Uno solo no hace nada, pero si mi hija ve que su padre no es tan malo como su leyenda a lo mejor poco a poco se cambiaría el mundo.

 “Sombra” empezó a hablar sobre su vida de gánster; y estuvo durante varias horas hablando con el comisario, con el sacerdote y a la vez consigo mismo. Después de acabar de hablar el sacerdote le dijo:

-Ego te absovo en nombre del Padre, del Hijo y del Espirítu Santo.

-Comisario les recomiendo que, con el tiempo que he pasado desde que estoy con el padre desalojen la comisaría y me dejen a mí solo, y sobre todo, espero que la grabación de la cinta no sea la única.

-Sombra, la grabación está conectada mediante una red inalámbrica a mis superiores y a un conjunto de memorias que tienen un sistema único contra el hackeo.

-Eso espero comisario. Y ahora quiero que me dejen solo en esta comisaria que no sé lo que va a pasar, pero estoy seguro de que nada bueno.

-Adiós, Sombra.

Momentos después toda la comisaría había sido desalojada por orden del comisario y también, al mismo tiempo, los edificios del al lado. Diez minutos después de que se llevará a cabo el desalojo entero la comisaría explotó. La única víctima fue Sombra que se había quedado en la misma sala de interrogatorios.

En los periódicos de los días siguientes aparecieron varios asesinatos que nunca fueron resueltos. El primero de ellos fue el de un sacerdote asesinado por la espalda cuando estaba cerrando la iglesia por la noche, pero por mucho que buscó la policía nunca encontraron a su asesino, aunque el caso tuvo mucha repercusión en el vecindario ya que era una persona muy querida. Por otra parte, aún más gran repercusión tuvo el tiroteo en una comisaría recién inaugurada donde murió un comisario, fueron heridos cuatro agentes y cinco de los asaltantes no pudieron escapar debido a sus heridas. Dichos asaltantes nunca pudieron recuperarse debido a una enfermedad todavía desconocida.

En este caso la policía detuvo a sus asesinos, aunque nunca encontraron quién fue el ideólogo del asalto a esa comisaría concreta y ningún de ellos dijo nada al morir de la misma enfermedad que sus compañeros.

A pesar de los rumores nunca se ha confirmado que la red de la policía tuvo un asalto a su base de datos de la cual pudieron extraer un solo archivo antes de que la policía consiguiera rechazarles el ataque. Este hecho está relacionado con que nunca se supo que había pasado una confesión de un tal “Sombra”.

Por eso durante mucho tiempo todas las agencias de todos los gobiernos han buscado a un delincuente llamado “Sombra”. De este delincuente no sabían nada porque la foto que tenían era de un jefe de una banda criminal posteriormente desarticulada.

Sin embargo, hace unos veinte años la policía dejo de buscar a “Sombra” para empezar a buscar a una mujer con el mismo nombre, famosa por no dejar pistas en sus delitos. Era tanta su fama de cruel que las madres dejaron de usar al hombre del saco para asustar a sus niños y lo sustituyeron por “Sombra” para así conseguir que sus hijos se tomaran lo que ellas querían.

Una filtración de última hora confirma que la policía, por fin, ha encontrado a esta delincuente que lo único que pidió para su confesión era que estuviera presente un sacerdote para que le pudiera dar la absolución ya que sabría que no iba a sobrevivir en la cárcel mucho tiempo.

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De un lugar caliente

De un lugar caliente

Después de una semana en el mejor lugar en el que he estado, me echan. No puede ser. Es muy duro dejar un sitio tan cómodo, tan caliente. Yo no había hecho nada. Había aceptado a todo lo que me echaban.

Me arrastran hasta la temible caja de acero. Me encierra dentro y de repente se mueve. Nunca había sentido esa sensación tan rara; es como si me desplazara hacia abajo, pero sin que se moviera nada. Él me seguía sujetando fuertemente… En cuanto tuviera oportunidad me libreraría hacia la independencia.

Abre otra vez la caja de metal. Ahora me arrastra por un suelo diferente y mucho más frío que el anterior. Pulsa algo de la pared y abre una puerta más grande que la anterior: es completamente negra, con barrotes, fea.

Escalera. La baja mientras me arrastra. Me hago daño con cada escalón.

Y de repente sucede…  Se despista.

Miró a la libertad a la cara, saboreo la independencia. Me empiezo a mover para bajar el último escalón cuando oigo una voz:

-Psst, ¿qué haces tío?

Otra compañera también abandona en el penúltimo escalón.

-Libertad, compañera, libertad. Volveré al sitio caliente y cómodo del que me acaban de echar.

-Así no lo vas a conseguir. Si te vas, pasarás frío. La única forma es dejar que nos tiré. Y volveremos.

– ¿Y cómo lo sabes? ¿Cómo puedes estar segura de que mi método no funcionará?

-Porque yo ya he sido una bolsa reciclada. Fui libre, pero todo fue a peor. Sólo frío y mucho viento; pisotones y desgarros Alguien me recogió y me tiró. Me reciclaron. Volví.

Nos levantan del escalón. Ya no había escapatoria. Mi compañera me desea:

-Recíclate volveremos más fuertes.

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Ladridos

Ladridos

Ladridos

Me despierto un día nuevo estirando todos los músculos del cuerpo. Por lo menos esta noche no ha habido nada preocupante que me sobresaltara. Estoy hambriento, queda comida de ayer por la noche, algo es algo.

Rodeo toda la casa buscando algo que hacer, algún olor interesante que seguir. Nada. Al final, vuelvo a las escaleras en dónde he dormido todos los días para tumbarme esperando algo, cualquier cosa.

Un rato después, huelo que viene gente. Interesante. Me acerco a la reja de la casa para verlos. Están andando tranquilamente como llevan haciendo varias veces en los últimos tiempos. Ladro para saludarlos; asustando a uno de ellos, pero el más grande se acerca para saludarme. Buen hombre.

Después de que el Sol llegue a la mitad de su camino, mis dueños salen de la casa, me acercó para saludarles, pero no me hacen caso. Están muy cargados de cosas que meten en mi caseta los días de lluvia. Y se van sin mí. Me encargaré de cuidar la casa en su ausencia.

Olfateo el aire, hay más comida en el comedero. Como tranquilamente, y sin nada más que hacer me vuelvo a tumbar en las escaleras esperando a que vuelvan mis amos.

Varias personas más andando, varias comidas más, ya de noche vuelven mis amos. Me acercó, ahora sí que vamos a jugar. Se meten en casa, me dejan fuera otra vez. Otra noche cubriendo el terreno.

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