Farsalia 3

Tercera parte de la batalla de Farsalia:

La segunda fila de cohortes empieza a prepararse para lanzar los pilums cuando estemos en el momento preciso. Mientras, las primeras cohortes de las líneas nos preparamos para la carga. Sería ideal hacerlo en el modo testudo para poder evitar los máximos pilums, pero de ese modo perdemos efectividad en la carga. Después de la Galia no tenemos miedo a ningún lanzamiento. Solo nos debemos a nuestra espada, nuestro escudo y nuestro hermano de centuria. Nos mantendremos firmes llueva, granice o, como le dijeron a Leónidas, las flechas escondan al propio Sol; el miedo nos lo dejamos en la Galia. Hoy ganaremos, hoy arrasaremos.

Al grito de los centuriones empezamos la carga, la carga de verdad. Los pilums vuelan tanto desde las filas de Pompeyo como desde las nuestras haciendo bajas en ambas legiones. Mientras tanto, al oír las tubas pompeyanas, nuestra caballería gala carga y lanza todo proyectil contra ellos que se juntan sin saber que son un blanco más fácil. Justo después desaparece entre los espacios de nuestra caballería germana y las cohortes. 

Su caballería se para con el fin de volver a formar para cargar justo en el momento en que nuestros enormes compañeros germanos cargan con algunos infantes, destrozando a su primera línea y luego se dan la vuelta. Se vuelven a reagrupar los siete mil hombres que formaban la caballería pompeyana y se encuentran con nosotros: ocho cohortes seleccionadas por el propio Julio César. Ocho cohortes, unos dos mil ochocientos hombres que no solo no paramos, sino que cargamos contra la caballería pompeyana, destrozamos a más de siete mil caballos, porque, como los antiguos triarios, usamos los pilums como lanzas destrozando su cara, sus caballos o sus piernas. Es entonces cuando los jinetes pompeyanos se dan la vuelta para no volver.

Mientras el resto de las legiones seguimos luchando sin cesar consiguiendo que no se note nuestra inferioridad, nuestro flanco derecho destroza su caballería. Cuando nos giramos, empieza la máquina de matar en que nos ha convertido Julio César a sus legiones.  Por supuesto, la mejor máquina engrasada, la X legión, destroza al equivalente de tres legiones pompeyanas. La victoria es del César. La victoria es de sus legiones. La victoria es nuestra. Lo único que nos ha fallado esta mañana ha sido poder atrapar a Pompeyo que se nos escapó como si el propio Mercurio le hubiera dado su poder para correr sin parar. Aun así, la gran victoria es nuestra.

El resto de Farsalia:

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Por Francisco José Díez Devesa

Amante de la escritura desde pequeño. Espero que disfrute de mis relatos e historias.

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