Farsalia 2
Salimos primero las legiones X, XI y XII ocupando el flanco derecho mientras que las otras cinco legiones van ocupando nuestro puesto en el campo de batalla. Justo a los pies de la colina. En el flanco izquierdo se encuentran nuestra infantería auxiliar, en el centro todas las legiones y en el flanco derecho las caballería gala y germana con una sorpresa. Julio César ha mandado a la octava cohorte de todas las legiones, es decir, de las ocho que tiene en el campo de batalla, situarse detrás de la caballería. Alguna genialidad de la suyas tendrá pensada para que nuestros compañeros de armas estén allí.
Empezamos a subir la maldita colina siguiendo el ritmo marcado por cada centurión. Con todo el peso que llevamos encima, rápidamente, nos empapamos en sudor. Los centuriones van los primeros. A falta de cien pasos, a veinte pasos de que empiecen a lanzar los pilums, todos los centuriones nos gritan el alto. Nos quedamos mirando a los soldados de Pompeyo, a los soldados rebeldes. Empezamos a descansar del ascenso a la colina bajo el sol abrasador. Si hay algo difícil en este momento es parar a todas las legiones mediante los centuriones formando una línea continua perfecta. Sería difícil para cualquier legado o dirigente de legiones, pero nosotros somos las legiones del César. Las legiones que vencieron a la Galia entera, los legionarios que obligamos a hincar las rodillas a Vercingetorix. Esta instrucción es fácil para nosotros.
Después de haber descansado las piernas, nos preparamos para la carga. Es el momento donde se demuestra quiénes han sido elegidos por el César para conquistar el mundo o los que han estado tranquilamente con Pompeyo. Es el momento en el que se ganan las batallas.
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