Traición 12: La capital ha cambiado.

Traición 12: La capital ha cambiado.

La capital ha cambiado durante su viaje. Los mercenarios han tomado todos los edificios importantes nombrándose guardianes de la ciudad. La familia real ha dejado de pasear por la ella. Hay toque de queda al anochecer.

Todo ello implica que ya no podrían entrar tan fácilmente; por tanto, tienen que improvisar. Si no puedes entrar por la puerta, se entra por la muralla.

Al mediodía, cuando el Sol está en su punto álgido, se quedan mirando la muralla.

– Son fácilmente seis metros de altura, general.

– Yo considero que son seis metros y medio. Y le he visto hacer ascensiones más difíciles.

– Eso no lo niego, pero, general, acaba de recuperarse de las heridas.

– Yo también puedo, pongámonos manos a la obra.

Cuando más Sol hace menos se fijan en las propias murallas por lo que al mediodía, en mitad del cambio de guardia y con la comida, se puede entrar perfectamente. Siempre y cuando subir seis metros de muralla de piedra se considere una tarea fácil de lograr.

Casi sin puntos que poder utilizar para apoyarse, pero con la habilidad adquirida por los años, los dos alcanzan su meta en menos de treinta minutos.

Al llegar a lo alto, buscan con la mirada a las patrullas. Están cambiando el turno sin fijarse demasiado en la muralla. Las escaleras para descender se encuentran más cerca de ellos que de las patrullas. Se han alejado para compartir la comida. Descienden sin que nadie se de cuenta de que han llegado.

De lo primero que se quieren informar es de lo que le ha pasado a la familia real; sobre todo, el rastreador quiere saber cómo se encuentra su hermana.

Se dirigen con movimientos calculados hacia la casa de la hermana, la capitana de la Guardia de la Reina. Tras quince minutos llegan a la puerta de principal. Parece vacía pero su hermano conoce otro acceso, una segunda entrada familiar:

La casa del rastreador está situada en un lugar estratégico; hace esquina entre una calle secundaria, con veinte casas, y una callejuela de tres casas. La puerta de entrada está cerca de la calle más cercana a la calle principal de la ciudad, la que lleva desde la puerta de la muralla al castillo. La entrada secundaria se encuentra en la callejuela, es una ventana del sótano que se puede abrir hacia dentro con la llave adecuada. De uno en uno entran y cierra la ventana con llave.

Suben las escaleras sin casi hacer ruido. En la cocina se encuentran a su hermana. Los había oído llegar y les espera sentada partiendo un salchichón.

– ¿Tenéis hambre? Mientras coméis os cuento que ha pasado mientras no estabáis.

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Traición 11: La batalla pasada

Traición 11: La batalla pasada.

Tras una semana y media de trayecto de los cuales dos días caminando entre las montañas llegan al río que hace de frontera entre los dos países y se acerca el final del trayecto.

– Este es nuestro final del camino juntos. A partir de ahora continuarás solo con el dinero que te han pagado. Yo que tú no volvería; solo encontrarías la muerte – le dice la general mientras que le dejaban, a parte del caballo que monta, una burra con las alforjas cargadas.

– ¿Para qué voy a volver? No tengo nada que hacer allí. Aunque anunciará todo lo que sé ante mis altos mandos me salvarán la vida. Al revés, huir todo lo que pueda de esto. Recogeré a mi familia del pueblo y huiremos por el mar. Con el dinero compraré una vida nueva para todos lejos de las luchas – dicho esto todos obligan al caballo y a la burra a seguir adelante en el río. Los animales se muestran recelosos del agua, pese a que en ese momento el río está muy tranquilo.

Los otros dos se dan la vuelta; les queda otra semana y media para volver. En tres semanas no se puede saber que podría haber montado a su vuelta así que tendrán que confiar en la palabra de que no va a volver.

– Mientras volvemos, general, me podías explicar que pasó después de que cayera en la lucha.

– ¿Qué había pasado?

– Cuando salían corriendo por detrás, reuní a una pequeña fuerza y cargamos directamente contra la puerta principal. Creo que aguantamos unos quince minutos hasta que fuimos rebasados. Nos mataron a todos mientras que a mí me tiraron al río.

Después de esos veinte minutos que nos disteis, pudimos ponernos cota de mallas y escudos. Mientras que una primera línea con los escudos y las espadas mantenían una defensa férrea las acometidas, los de detrás lanzábamos flechas para ocuparlos. Eran demasiados, demasiados y, aún así, aguantamos más de dos horas y media antes de que pudieran sobrepasarnos. Luego estuvieron más de media hora para cogernos vivos a los que quedábamos, pero vendimos cara nuestra piel.

– General, ¿cree que habrá más de los nuestros?

– Esa es una de las cosas que vamos a comprobar cuando volvamos a la capital. Si queda alguno de los nuestros lo liberaremos.

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Traición 10: El interrogatorio

Traición 10: El interrogatorio.

Después del intento de emboscada, en el claro del bosque sólo quedan tres de los asaltantes con vida. Están totalmente sujetos tanto por las cuerdas que atan sus muñecas como por las espadas que les apuntan.

Mientras su guardia los mantiene presos, la reina se acerca para interrogarlos:

– Tengo entendido que no queríais que acabara así. La pena por un intento de asesinato real es la horca.

– No diremos nada – dice uno de los presos. Mantiene la cabeza alta, orgullosa; no tiene ninguna herida visible. El otro se ve que sufre por la herida que tiene en el estómago, provocada por una flecha.

– Cogedle y sacadlo del claro.

– ¡Moriré sin decir nada! – grita mientras le obligan a irse a pie por la hierba.

La reina espera hasta que desaparece de la vista y no puede oír lo que le dice al otro.

– Si no se te hacen las curas morirás aquí mismo. Tú lo sabes y tu compañero también. Tengo una oferta que no podrás rechazar. Me dices quién te envía y qué quiere y a ojos de todos has muerto por la herida.

– ¿Me va a matar después de todo?

– No. Te ofrezco seguir con vida si me cuentas todo. Para el resto del mundo has muerto, pero podrás huir siempre que no vuelvas.

– El ejército mercenario planeó este ataque. Si matábamos a la reina como si fuéramos seguidores del Gran Sol, el rey nos dejaría sueltos y tendríamos plenos poderes. Queremos gobernar el reino.

La reina le mira fijamente y se vuelve tranquilamente ante las dos personas que la habían avisado de la emboscada. Los dos asintieron con la cabeza.

– Nosotros nos encargaremos de sacarlo del reino. Le esconderemos, protegeremos y les ayudaremos a pasar la frontera.

– Entonces todo de acuerdo, solo falta que el rey se enteré de esto.

– Majestad, perdone que la interrumpa yo recomiendo que el rey no sepa nada. – interrumpe la capitana de su guardia -Ahora mismo estamos fuera de cualquier ayuda de nuestro ejército. Los mercenarios tendrán más gente que nosotros y pueden lanzarse al ataque. Hemos sufrido una emboscada, pero la hemos rechazado sin tener ningún rehén. Han muerto todos. Cuando mi hermano y su amiga vuelvan de la frontera planearemos el siguiente golpe.

– Entonces ¿yo voy a morir o no? – pregunta preocupado el mercenario.

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