El Ascensor 3
A mí me encanta usar las antiguas escaleras para dirigirme al piso en el que trabaja mi jefe. Ejercitar las piernas y dejar los ascensores que tanto superviso es lo que más me gusta. Cuando llego a la quinta planta, que es donde está situada la oficina de mi supervisor, me encuentro todas las puertas abiertas. Un hecho totalmente anómalo. Don Gervasio es un hombre muy concienzudo y ordenado, siempre mantiene todo cerrado y organizado. Activo por precaución mi escudo personal, por si acaso.
En la recepción hay libros tirados por todos lados, estanterías rotas, paredes llenas de agujeros. Aquí ha habido un tiroteo de gran calibre. Aparte de nuestro escudo personal, todos los miembros destinados a la Tierra, tenemos la obligación de llevar un rifle de asalto. Eso implica la obligación de aprender a usarlo y disparar perfectamente. Mientras me pongo en guardia rezo para no tener que usarlo. No obstante, ahora mismo, agradezco a todos los altos mandos poder tenerlo entre mis manos.
La segunda habitación, la oficina donde muchas veces hemos hablado de todo nuestro trabajo y de nuestra vida personal, está incluso peor que la recepción. Hay rastro de que han usado un lanzallamas quemando la mesa que utilizó como cobertura mi jefe. El olor es inconfundible.
En su habitación está su cuerpo. El escudo aguantó lo que pudo, pero no le pudo salvar. Solo había visto tanto salvajismo en las películas antiguas. El cadáver está totalmente destrozado por los impactos, cuando estoy terminando de revisar toda la habitación, alguien me habla:
-Espero que estés más dispuesta a llegar a un acuerdo que tu supervisor, Andrea. -una voz profunda, no necesita gritar para hacerse oír-. Y ha utilizado su verdadera voz, ni amplificador ni el programa de comunicación cercana gracias al diseño de la propia plataforma donde nos encontramos.
– Se llamaba Gervasio. Don Gervasio para ti.
– Don Gervasio no quiso atender a razones para ocultar todo el rastro de nuevos animales en la Tierra.
– ¿Y esas razones cuáles son? -que hable mientras abro un canal de comunicación de forma global que se retransmitirá en toda la colonia humana.
Resopla antes de contestar:
– Andrea, deja de intentar comunicarte con el exterior. Tenemos todo cortado desde que leímos tu primer informe sobre los fallos del ordenador. Intuimos que podría ser a causa de todo el trabajo que llevamos haciendo aquí.
Veo que en mi chip cerebral salta el error continuamente. Lo tienen muy bien estudiado.
-Ahora mejor. Estamos intentando recuperar la Tierra para diversos tipos de dinosaurios además de otros tipos de especies. Si se descubre antes de que lo hayamos organizado todo puede irse todo al traste.
– ¿Para qué? ¿Qué queréis que sea la Tierra?
– ¡Un gran zoológico! Cada vez quedan menos materiales que extraer desde aquí. Cuando se acaben dejaremos el planeta de donde surgimos totalmente esquilmado. Un planeta muerto. Eso es una pena con la cantidad de posibilidades que tiene.
– ¿Y qué queréis de nosotros?
– No hagas nada. Sigue mandando en tus ascensores interplanetarios pero deja en paz a las especies. Nosotros evitaremos que se posen en vuestros ascensores. No investigues nada de abajo. Porque serás la primera directora del nuevo zoológico planetario, pero, ahora mismo, pasarás a ser la supervisora. Ya nos encargaremos de que salga elegida una persona de plena confianza para los seis meses que quedan.
Teniendo en cuenta la carnicería que han realizado para mantener sus ideas no me queda otra opción que seguirles el juego para seguir viva. Quién sabe cuántas cosas puedo hacer en seis meses para vengar a Gervasio.
El Ascensor 3:
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