De un lugar caliente

De un lugar caliente

Después de una semana en el mejor lugar en el que he estado, me echan. No puede ser. Es muy duro dejar un sitio tan cómodo, tan caliente. Yo no había hecho nada. Había aceptado a todo lo que me echaban.

Me arrastran hasta la temible caja de acero. Me encierra dentro y de repente se mueve. Nunca había sentido esa sensación tan rara; es como si me desplazara hacia abajo, pero sin que se moviera nada. Él me seguía sujetando fuertemente… En cuanto tuviera oportunidad me libreraría hacia la independencia.

Abre otra vez la caja de metal. Ahora me arrastra por un suelo diferente y mucho más frío que el anterior. Pulsa algo de la pared y abre una puerta más grande que la anterior: es completamente negra, con barrotes, fea.

Escalera. La baja mientras me arrastra. Me hago daño con cada escalón.

Y de repente sucede…  Se despista.

Miró a la libertad a la cara, saboreo la independencia. Me empiezo a mover para bajar el último escalón cuando oigo una voz:

-Psst, ¿qué haces tío?

Otra compañera también abandona en el penúltimo escalón.

-Libertad, compañera, libertad. Volveré al sitio caliente y cómodo del que me acaban de echar.

-Así no lo vas a conseguir. Si te vas, pasarás frío. La única forma es dejar que nos tiré. Y volveremos.

– ¿Y cómo lo sabes? ¿Cómo puedes estar segura de que mi método no funcionará?

-Porque yo ya he sido una bolsa reciclada. Fui libre, pero todo fue a peor. Sólo frío y mucho viento; pisotones y desgarros Alguien me recogió y me tiró. Me reciclaron. Volví.

Nos levantan del escalón. Ya no había escapatoria. Mi compañera me desea:

-Recíclate volveremos más fuertes.

Traición 8: La Cacería

Traición 8: La Cacería

– No entiendo, Majestad, por qué tenemos que ir a esta cacería.

– Porque lo pidió el Rey. No podemos contradecir al Rey.

-Sí Majestad.

Desde el día que avisó de esa cacería la Capitana de la Guardia de la Reina ha estado preparando a todos sus soldados. Ha diseñado un calendario para tener a todos los suyos lo más descansados posible el día señalado. Y ese día ya había llegado.

Toda la guardia de la reina está preparada para protegerla. Más que una cacería parece un movimiento de tropas.

El rey se acerca a la capitana:

– ¿De veras hace falta tanta guardia para mi esposa?

– Majestad, me han llegado informes que puede haber asaltos. Prefiero pasarme de precavida a que le pase algo a su esposa.

– Siempre supe que había elegido bien a la capitana. No se lo he dicho hasta ahora. Lamento mucho la pérdida de su hermano.

– Muchas gracias Majestad- Su  cara no transmite ni un solo gesto: ni que sabe que su hermano está vivo y oculto en esta cacería, ni que sabe que fue la firma del Rey el que le condenó a la muerte.

El Rey hace un gesto y todo el mundo comienza la cacería. Se sueltan los perros para que busquen las presas. Los mercenarios se convierten en la sombra del Rey.

Dos de los esclavos que soltaron los perros, en vez de seguirlos desparecen entre los árboles. De hecho, nadie los iba a echar de menos porque nadie sabía que hacían allí.

Pronto el resto de los participantes de la cacería se separaron buscando a sus presas. La reina se dirige hacia el este mientras que el rey se dirige hacia el norte.

Cuando todos se han alejado desde el campamento de los mercenarios, sale un contingente. Uno de los acompañantes del rey les está esperando para dirigirlos en dirección a la reina.

Los dos esclavos huidos han observado esa reunión. Camuflándose entre las ramas de los árboles se dedican a seguirlos. La batalla se acerca.