Traición 15: El Final

TRAICIÓN 15: La gran batalla.

Después de separarse de la familia real, tanto el rastreador como la general se dirigen hacia dónde empezó todo: la gran comunidad del rezo del Gran Sol. Si hay alguien que pudiera quedar fiel a la monarquía, son esas personas. Si es que alguna de ellas sigue viva.

De la gran casa, donde cayó el rastreador, solo quedan cenizas. La quemaron todo lo que pudieron. El hombre empezó a hacer su trabajo. Rastrear. Hace mucho tiempo que pasaron por allí. Un buen rastreador debe tener, a parte de capacidad de observación, intuición y táctica. Aunque tardó, lo encontró. Por fin encontró el rastro y lo siguieron. Se alejaba hacia las montañas. Hacia la posibilidad que dan las montañas.

Siguieron la pista durante dos días, hasta que llegaron a un bosque en las faldas de la montaña. Cuando se quieren dar cuentan están rodeados. Rodeados por los pocos soldados que quedan del rezo. Los miraron y sonrieron. Al poco rato se encuentran junto a una gran hoguera. El fuego está dorando un jabalí. Siguen hablando de lo que ha pasado en el tiempo que han estado separados hasta que llegan al punto que querían tratar.

– La familia real se ha escapado de los mercenarios. Necesitan nuestra ayuda. – propone la general.

– Nosotros ya hemos pasado la edad de ayudar. De luchar. – responde el líder de los supervivientes.

– Lo sabemos, nosotros también, y aún así hemos luchado. El problema no es luchar, sino cuándo luchamos. Si los mercenarios vencen, y sin nosotros, vencerán, vendrán a por nosotros. Y moriremos. En cambio, todos juntos tenemos una posibilidad de vencer.

– General, sabe que con usted iría al infierno, pero tenemos que pensarlo.

– Por supuesto, aquí estaremos. Primero, cenemos, el jabalí ya está listo.

Después de cenar, se acuestan. Hace buen tiempo y no necesitan una tienda.

Los primeros rayos de Sol les despiertan. Todos los miembros que quedan se reúnen otra vez con el rastreador y la general.

– No puedo hablar en nombre de los demás, pero os seguiré dice…..?

El resto de los supervivientes asienten con al cabeza. Todos les seguirán.

Siguiente paso, moverse rápido hacia el oeste. Los miembros de la secta habían rescatado a los caballos, por tanto, pueden hacerlo.

Al llegar al camino real, el rastreador ordena el alto.

– Los mercenarios han salido. Se dirigen al oeste. Han pensado igual que la familia real. Tienen dos días de ventaja.

– Mi primer plan no es viable. No podremos unirnos antes de que empiece la batalla, pero si podemos movernos desde detrás. Guíanos. – ordena la general.

Después de tres días casi sin bajarse del caballo y comiendo de las reservas que llevaban consigo pueden ver el campamento de los mercenarios.

– No hay mucha gente. Quiere decir que ya ha empezado la batalla.

La general sonríe.

– Perfecto, hemos llegado junto a tiempo. Todos fuera del caballo ahora mismo. Rastreador, quiero que nos metas en ese campamento.

– ¿A todos?

– A todos. Tenemos que incendiarlo por los cuatro costados. Son mercenarios. Cuando vean que su campamento está destruido creerán que una gran fuerza vendrá a por ellos y huirán.

– ¿Y si no huyen?

– Les atacaremos por la espalda.

Todos asienten. Les gusta el plan. Dejan los caballos en lateral del camino lleno de árboles. Ellos se ensucian lo máximo posible para no destacar entre las hierbas tal y como estaba haciendo el rastreador.

Elige el lado más cercano a dónde se encuentran. Los dos vigías que controlan ese lado mueren rápidamente de la mano del rastreador. Aunque el número no llega a más de treinta soldados, son suficientes para desplegarse por todos lados y empezar a provocar incendios. Los pocos soldados que salen a detenerles son asesinados. Salen por la puerta contraria a la que entraron con todo el campamento en llamas.

Media hora después llega corriendo la caballería real. El capitán es antiguo amigo de la general.

– La habéis liado buena. Casi todos los mercenarios salieron huyendo y los pocos que se quedaron han sido aplastados por nuestra infantería. Ahora nos iremos a cazar mercenarios. Gracias. Este es el final.

Relato 3 Combates Aéreos

Relatos 3 Combates Aéreos

-Están chulos estos avances en los aviones ¿no opina igual teniente?

-Pues sí capitán, lo que me resulta extraño es que nos den unos de estos “juguetes” cuando hace menos de dos semanas que estrellamos nuestro antiguo avión.

-Ni idea teniente pero vamos a probarlo en esta nueva misión.

-Estoy de acuerdo capitán.

No han acabado la conversación cuando dos grupos de cinco aviones se acercan por detrás de la aeronave negra y se colocan a la izquierda los de color azul y a la derecha los de color rojo.

-Capitana del equipo azul preparada.

-Capitana del equipo rojo preparada.

-Plan original, nosotros entretendremos a los cazas y ustedes se van a por la plataforma. Destrúyanla y luego ya llegaremos a nosotros para celebrar juntos con unas jarras de cervezas.

-Sí, equipo azul preparado.

-Equipo rojo.

-Buen viaje señoras.

Los diez aviones se alejan permitiendo que la aeronave negra se quede sola y se dirija a su destino a gran velocidad. Veinte minutos después se observa a la plataforma tanto en el radar como visualmente y como salen cinco cazas hacia la aeronave.

-Equipo azul y equipo rojo los cazas ya vienen a por mí. Denme diez minutos y la plataforma es toda suya.

La aeronave da media vuelta ofreciendo la parte trasera a los cazas. La teniente dice:

-Capitán, los cazas se encuentran a quinientos metros. Tenemos preparados todos los misiles listos para darles batalla.

-Aquí capitana del equipo Azul. ¡Buena suerte! y le invito a una cerveza por cada caza que destruyan-

-Capitana nos van a deber cinco.

-Delo por hecho capitán.

-Señor, cazas enemigas a mil trescientos cincuenta metros de nosotros. Tienen misiles cuyo alcance es de cien metros. Llegarán a distancia de tiro en dos minutos

-Teniente, ¿a qué distancia se encuentran los túneles de metro?

-A tres minutos y medio dirección suroeste.

-Muy bien.

La aeronave negra gira para dirigirse a esa dirección; ese movimiento es copiado por los cinco pequeños cazas azules que las persiguen.

-¿Siguen abiertos los túneles del metro?- pregunta el capitán.

-Sí –dice la teniente: -y la aeronave entra por ese espacio si achatamos las alas. El túnel más cercano está a dos minutos.

-Me lees el pensamiento. Vamos a por ello.

Cinco naves enemigas aproximándose en el radar, se encuentran a un minuto de distancia de disparo!- grita el ordenador de a bordo.

Se dirigen hacia el túnel fijando el rumbo. Mientras tanto la teniente se descarga un mapa de los túneles de las vías ferroviarias y le va diciendo el itinerario al capitán.

-Teniente.

-Sí señor.

-Si no salimos de esta quiero que sepa que ha sido un honor volar con usted.

-El honor ha sido mío señor. Sí algún día mis hijos vuelan libres en este planeta es gracias a usted.

-Teniente, mi objetivo es enseñar a volar a sus hijos.

-Será un honor.

Diez naves enemigas aproximándose en el radar, se encuentran a medio minuto de distancia de disparo!

-¡¡¡Teniente!!!

-Señor acaban de aparecer cinco naves.

-Eso ya lo he oído.

-Parece ser que estaban en una formación muy cerrada y el radar no las ha detectado hasta ahora.

-¡¡Mierda!!-grita mientras da un puñetazo a la mesa: -El plan sigue siendo el mismo. Túneles del metro y distraerles lo máximo posible. Avisa a los otros dos grupos de mando.

-Sí señor, llegamos en veinte segundos. Aquí avión cebo, tenemos diez aviones en cola, les entretendremos todo lo posible. Dense prisa Equipo Azul y Equipo Rojo.

El capitán respira profundamente y baja el avión a altura del suelo mientras que el ordenador de a bordo grita:

-¡¡¡Altura demasiada baja!!! Menos de cinco metros del suelo.

-¡¡Diez aviones enemigos en  distancia de disparo!!

-Vamos a allá teniente.

-Estoy preparada capitán.

Las alas del avión se pliegan de forma que la aeronave queda como un tubo y se adentra en el conducto que forma la entrada al metro. La teniente pregunto cuando entraron:

-¿Saldremos de aquí?

-Eso es una buena pregunta.