De un lugar caliente

De un lugar caliente

Después de una semana en el mejor lugar en el que he estado, me echan. No puede ser. Es muy duro dejar un sitio tan cómodo, tan caliente. Yo no había hecho nada. Había aceptado a todo lo que me echaban.

Me arrastran hasta la temible caja de acero. Me encierra dentro y de repente se mueve. Nunca había sentido esa sensación tan rara; es como si me desplazara hacia abajo, pero sin que se moviera nada. Él me seguía sujetando fuertemente… En cuanto tuviera oportunidad me libreraría hacia la independencia.

Abre otra vez la caja de metal. Ahora me arrastra por un suelo diferente y mucho más frío que el anterior. Pulsa algo de la pared y abre una puerta más grande que la anterior: es completamente negra, con barrotes, fea.

Escalera. La baja mientras me arrastra. Me hago daño con cada escalón.

Y de repente sucede…  Se despista.

Miró a la libertad a la cara, saboreo la independencia. Me empiezo a mover para bajar el último escalón cuando oigo una voz:

-Psst, ¿qué haces tío?

Otra compañera también abandona en el penúltimo escalón.

-Libertad, compañera, libertad. Volveré al sitio caliente y cómodo del que me acaban de echar.

-Así no lo vas a conseguir. Si te vas, pasarás frío. La única forma es dejar que nos tiré. Y volveremos.

– ¿Y cómo lo sabes? ¿Cómo puedes estar segura de que mi método no funcionará?

-Porque yo ya he sido una bolsa reciclada. Fui libre, pero todo fue a peor. Sólo frío y mucho viento; pisotones y desgarros Alguien me recogió y me tiró. Me reciclaron. Volví.

Nos levantan del escalón. Ya no había escapatoria. Mi compañera me desea:

-Recíclate volveremos más fuertes.