Relato 5 El Cuerpo Expedicionario

Relato 5 El Cuerpo Expedicionario (Estratega Real)

Otra noche más que no nos dejan dormir tranquilos. Después del triunfo ante esos monstruos y la celebración, no quedaban muchos soldados en buen estado. Los que no estaban algo alcoholizados, estaban totalmente borrachos. Solo quedaban cuarenta soldados o menos que podían hacer guardias activas.

Solo puse dos guardias, una hasta medianoche y otra hasta el amanecer. Veinte hombres cuidando del campamento. No fueron suficientes.

Antes de que pasara la primera hora de guardia empezaron los topos alocados a hacer agujeros por todos lados. Tuvimos al menos diez esguinces de tobillos y tuve que recurrir a toda mi sutileza para poder contar con más hombres. A los menos borrachos les echamos cubos de agua fría y se les pasó la borrachera.

Cuando ya estábamos casi en el cambio de guardia tuvimos más problemas. Esta vez fueron un montón de moscas que imposibilitaron ver lo que  se nos venía encima y no nos dimos cuenta hasta que era demasiado tarde. Cerdos salvajes totalmente descontrolados que pusieron patas arriba todo el campamento provocando más de cinco muertos y diez heridos. Todos ellos era estaban durmiendo la mona y ni se enteraron de que les aplastaron. Las barricadas aguantaron pero como los vigilantes no veían lo que se venía encima no pudieron evitarlo ni parar nada.

Este maldito bosque es imposible de prever.

A medianoche durante el cambio de guardia apareció el comandante y me preguntó:

-Estratega real, ¿ha dormido algo esta noche?

Debo tener mala cara para que me pregunta eso:

-No señor, el Cuerpo Expedicionario no nos quiere dejar dormir.

-¿Alguna idea?

-Sí señor, salgamos de este maldito bosque ahora que podemos.

-Nuestras órdenes son diferentes.

-Con el debido respeto señor, que le den a las órdenes.

-Hijo, vete a dormir yo me encargo de cuidar el campamento.

En ese momento sé que he estado a punto de ser arrestado por desertor pero es que todo lo que me han enseñado, todo lo que sé, no sirve para nada. Nada nos protege contra el Cuerpo Expedicionario.

Me desperté al poco rato con otro ataque. Esta vez avispas. No tuvimos más bajas pero si muchas molestias. No hacían más que picar y picar. Todos los borrachos se despertaron y conseguimos matarlas a todas momentos antes de que saliera el sol.

Amaneció para mostrarnos que El Cuerpo Expedicionario traía hacia nuestro campamento nuevos monstruos. Tres nuevos monstruos de tres metros y cuatro brazos contra los que tendríamos que luchar.

Mi único pensamiento fue que quería volverme a la cama. Esto debía de ser una pesadilla.

Relato 4 El Cuerpo Expedicionario

Relato 4 El Cuerpo Expedicionario

Por fin veo al Loco que andamos buscando en medio de un descampado repleto de una manada de cervatillos muertos y desgarrados; se le ve demasiado tranquilo y eso es muy malo. Los Locos tranquilos no se molestan por nada y más si ya han comido. Se habrá comido a toda la manada de cervatillos y se irá a hacer la digestión. No conseguiremos nada por ahora. Tendremos que esperar para llevarle a los novatos pero no podemos. Tendremos que buscar un plan B.

Me acercó a mí el sargento Risitas y le dije:

-Sargento este Loco no lo tendremos hasta dentro de cinco o seis días y no podemos hacer que los novatos tengan ese privilegio.

-Señor, posiblemente tenga algo que le guste.

-Enséñemelo ahora, sargento.

-Será un placer.

Uno de sus soldados se queda observando al Loco desde uno de los grandes árboles mientras que los demás se abren detrás de nosotros en forma de abanico por el bosque. Diez minutos después de andar pasando los abetos y los robles llegamos al lugar donde quería llevarme. Unas grandes plantas rojas asoman entre los árboles. Las miro, y me vuelvo a mirar atónito.

-Señor- Luce su media sonrisa y, medio riéndose, por algo le llamamos Risitas pregunta: -¿les gustará a los novatos?

-Sargento, les encantará, empiece a prepararlo.

-Sí señor.

Me vuelvo a ver lo que ha preparado Duende para esta noche a los novatos. Creo que no van a poder dormir mucho. Van a disfrutar de este bosque gracias a nosotros.

Relato 2 El Cuerpo Expedicionario

Relato 2 El Cuerpo Expedicionario

Tumbados junto a mí en la pequeña colina se encuentran mis cuatro sargentos, Phoko, Duende, Olores y Risitas mirando el campamento enemigo. Son muy buenos en su trabajo pero para lo que vamos a enfrentarnos necesito que estén al 200% de su capacidad. Cada uno tiene a su mando cinco hombres que ahora mismo estarán repartidos controlando donde estamos y los avistamientos.

-¿Qué tenemos cerca?- pregunto

-Hemos avistado a menos de un kilómetro de aquí a tres Zampabollos por el noreste-contesta Olores, su bigote pelirrojo se mueve a la vez que su boca-; parece que llevan sin comer más de tres días.

-A dos kilómetros hay una tribu de Llorones por el oeste y estos sí que están hambrientos. Están a punto de comerse entre ellos -añade Phoko que está nervioso  porque mueve esas botas de camuflaje horrorosas que no fueron capaces de quitarle en Fangorl. Siempre odia que se coman entre ellos cuando les necesitamos.

-Dos Locos, uno por el sur a tres kilómetros y por el este, a menos de un kilómetro y medio, el otro -dice Risitas mientras sostiene una ramita de hierbabuena en la boca, ramita que entre toda su barba amarrilla parece una pequeña hierba en un granero lleno de paja.

-Jefe, yo te doy lo que quieras este mismo día. Avispas cabreadas, topos locos, duendecillos rabiosos… lo que tú quieras -dice Duende con una sonrisa de oreja a oreja. Es el más pequeño de todos, no llega al metro sesenta, y siempre tiene el pelo enredado con ramas.

Para que nos entendamos diré, que de los más tranquilos a los más peligrosos los monstruos que nos hemos encontrado en el Bosque Inhóspito son: Llorones, como un humano excepto que miden tres metros y tienen muy poca cabeza, simplemente tienes que aguijonearlos para que vayan hacia donde quieras; Zampabollos, misma altura que los Llorones pero con dos brazos más y mucho más fuertes; y mis favoritos y los más peligrosos, los Locos, rápidos, inteligentes y miden un metro más que los anteriores.

-Phoko, ¿de cuántos miembros es la tribu?

-De unos quince o veinte unidades, jefe, no hay ningún miembro joven.

-Perfecto- ya tenía un plan para estos novatos en el bosque.

-Duende, tus hombres y tú distraedlos desde el suroeste durante la noche de hoy; mientras tanto, Olores, quiero a esos zampabollos mañana por la mañana nada más amanecer. Phoko trae a esos Llorones para mañana por… ¿la tarde puede ser?

-Por supuesto jefe.

-Duende la noche vuelve a ser tuya. Risitas, vamos a por ese Loco del este para el amanecer del segundo día. ¿Todo claro señores?

-Yo tengo un pregunta jefe- me dice Duende. Me la esperaba.

-Dime Duende

-¿Qué quieres por las noches?

Tardo un poco de contestar porque sé que le voy a hacer muy feliz:

-Tienes carta blanca para lo que se te ocurra.

Y si una cosa hay que decir de mi sargento Duende es que es muy pero que muy imaginativo para hacer todo tipo de putadas. Desearán no haber entrado en este bosque.

-Señores, ¡al trabajo!

Duende y Phoko desaparecen rápidamente. Olores, muy fiel a su estilo, me hace el saludo militar y se va tranquilamente. Risitas y yo nos quedamos un poco más tumbados, esperando hasta que se oyen los primeros gritos de los soldados imperiales. La batalla por el Bosque Inhóspito ha empezado.

Relato 1 El Cuerpo Expedicionario

El Cuerpo Expedicionario de Su Majestad

 

Mientras pasea por el campamento que se prepara para dormir recuerda el odio que tiene al bosque. Esa asignación solo puede ser por algo. Quieren que demuestre que vale para algo. Y justo en el centro de los caminos que cruzan el campamento de norte a sur y de este a oeste, donde cabe un carro -como mandan los libros de estrategia-, está la tienda de mando hacia donde se dirige. Pide paso a los dos soldados que hacen guardia en la puerta, y ellos se apartan conforme al rango de estratega real.

El comandante se encuentra de espaldas, mirando un mapa desplegado en una mesa de campaña.

-Señor, ¿me había mandado llamar?

-Sí, estratega real. Quiero que planifique el orden de guardias para que un tercio de los hombres se encuentre siempre atento cuando entremos en el bosque.

-Señor, ¿no es demasiado para nuestra actual situación?

El comandante se permite una risa sarcástica y le pregunta:

-¿Qué sabe de nuestra actual misión?

-Perseguimos a unos presos fugados de una prisión del sur.

Un suspiro y clavo la mirada en sus ojos.

-¿Le suena Fargol?

-Es la prisión más segura que existe. A veinte leguas de cualquier sitio que haya una playa que permita desembarcar. Es una isla volcánica cuya única función es ser una prisión. La he estudiado, es imposible salir de allí.

-Empiece a replantarse sus estudios.

-Aunque consiguieran salir de allí, el Bosque Inhóspito no es un lugar donde esconderse.

-¿Sabe los únicos presos que albergaba Fargol?

-Sí, claro. La unidad llamada el Cuerpo Expedicionario de Su Majestad.

-El nombre completo es el Cuerpo Expedicionario de su Majestad en el Bosque Inhóspito. Para esos veintiséis hombres, este bosque es su casa y por tanto nosotros somos la presa.

-Señor, tiene a su cargo a más de doscientos hombres y por tanto no podemos ser de presa.

-Para ser exactos, doscientos cincuenta hombres que no conocen una batalla si no es en su imaginación. Los fugados no solo conocen la batalla: la aman, viven para ella y llevan diez años presos. ¿Cree que tendrán piedad de nosotros si nos pillan desprevenidos?

-Señor, ¿tan temibles son?

-He estado en el mismo ejército que ellos en la época de la emperatriz Drisnar y no solo tendría que tenerles miedo, tendría que estar odiando al que le haya mandando aquí. Una vez, estando en el apoyo de la retaguardia, cuando más de mil soldados habían pisoteado el camino, ellos surgieron de allí mismo para coger las manzanas frescas que habíamos encontrado el día anterior.

Otra vez, estando dentro del bosque, permitieron que unos doce monstruos que habitan en él se acercaran hasta los primeros piquetes a menos de un metro antes de matarlos porque se había retrasado en su soldada. Le aseguro que si ellos hubiesen querido, a esos monstruos ni les hubiéramos vistos.

-Señor, tenemos que avisar a los soldados de esto.

-Si quiere tener un motín, hágalo. Nadie se quedará y todos seremos declarados desertores, incluso usted que tiene tanta carrera por delante.

-Ahora mismo preparé los turnos de guardia, señor, e intentaré desarrollar alguna trampa para capturarlos.

-Si quiere perder el tiempo piense en eso, pero yo que usted estaría atento a cualquier movimiento que vea cerca e intentaría ver las trampas que vamos a tener en el Bosque.

-¿Algún consejo más?

-Manténgase vivo.