Relato 2 Combates aéreos

RELATO 2 Combates aéreos

La segunda vez que nos encontramos con la plataforma estaba defendida por cuatro pequeños cazas negros no tripulados. Solo hay una aeronave en el cielo y los cuatro cazas se lanzan a por ella. Son la mitad de tamaño que la aeronave por lo que se acercan rápidamente. El ordenador de a bordo grita: “Cazas enemigos a menos de un kilómetro”.

-Capitán, ¿está seguro de que entramos por allí? Y lo más importante ¿cree que nos puede sacar después?

-Pues…la verdad es que no tenemos otra alternativa.

La aeronave se acerca a gran velocidad a una de las antiguas ciudades que se construyeron antes de la invasión. Aunque la palabra invasión se queda corta, fue más bien un intento de exterminio de toda la población del planeta llamado Tierra.

Esas ciudades no fueron construidas para que una aeronave militar volará entre sus calles seguida por los cuatro cazas. El capitán tiene la esperanza de poder evitarlos allí.

-Teniente ¿puede sacarme un maldito mapa de esta ciudad antes de que nos estrellemos con un edificio?

La teniente que lleva un rato tecleando en el ordenador de a bordo le dice:

-Voy lo más rápido que puedo señor pero no lo encuentro.

-¿Me quiere decir que guie al avión por instinto?

-Hasta que lo encuentre no tenemos otra alternativa y evite las calles grandes para que no tengan oportunidad de darnos.

-Vamos allá.

Justo diez segundos antes de entrar en la ciudad el ordenador grita: “Cazas enemigos a menos de medio kilómetro”.

Entran por una calle pequeña donde las alas de la aeronave casi rozan los edificios. El capitán empieza a sudar profusamente mientras intenta que el avión no toque de los cables que están tendidos entre los edificios.

En menos de diez segundos la calle se acaba y el capitán vuelve a preguntar:

-¿Algo?

-A punto señor.

-¿Qué es a punto? ¿Lo tienes o no lo tienes narices?

-Todavía no señor, deme treinta segundos y lo tengo.

-Treinta segundos, treinta segundos…. Pues a la derecha.

Da una vuelta de 45º grados al avión para poder realizar la maniobra más fácilmente. Gira rápidamente mientras que le siguen dos misiles lanzados por los cazas que se estrellan en el edificio donde termina la calle. Al primer caza no le da tiempo a girar y choca también.

La calle se va estrechando, reduciendo el espacio hasta que un edificio la cierra. El capitán abre los ojos y dice:

-Tenemos un gran problema.

-¡¡¡Lo encontré!!!

-Tranquila ya no hace falta no lo vamos a usar.

-Haga un milagro que ya lo he conseguido, déjeme que le guie.

El capitán se pasa la lengua por los labios inferiores mientras piensa alguna idea.

-¿Puede llevar el mapa en algún sitio?

-En la Tablet.

-Bueno descargue el mapa en la tablet.

-Sí señor, ya está hecho.

Un minuto antes de que llegue hacia la pared, la aeronave pierde altura a gran velocidad seguida por los tres cazas. Inmediatamente después de rozar el suelo, el capitán da un golpe de timón obligando a la aeronave coja altura de nuevo. Uno de los cazas no consigue remontar el vuelo y colisiona contra el suelo. La aeronave roza la pared del edificio saltando trozos de yeso de la misma pared seguida por otro de los cazas. El siguiente no tiene tanta fortuna y se empotra contra él.

-Señor, no nos lo quitamos de encima.

-Lo sé. Preparase para la eyección.

-¿Cuándo?

-Medio minuto después de que entremos en barrena.

El capitán apaga los motores de la aeronave y la teniente comienza la cuenta atrás.

-Treinta segundos.

El ordenador de a bordo grita:

¡¡Atención!! ¡¡Barrena!! Altura estimada 100 metros y descendiendo. El caza enemigo está a menos de diez minutos.

-Veinticinco segundos.

¡¡Atención!! ¡¡Barrena!! Altura estimada 75 metros y descendiendo. El caza enemigo le ha fijado para sus misiles.

-Veinte segundos.

¡¡Atención!! ¡¡Barrena!! Altura estimada 50 metros y descendiendo. El caza enemigo está a diez segundos de tener preparado un misil.

-Señor, tenemos que salir antes.

-Espera y sigue con la cuenta atrás.

-Quince segundos.

¡¡Atención!! ¡¡Barrena!! Altura estimada 25 metros y descendiendo. El caza enemigo ha lanzado el misil.

-¡¡Ahora!! ¡¡Eyéctese!!

Cuando los pilotos se eyectan, la aeronave es alcanzada por el misil. El caza intenta maniobra pero no lo consigue y choca contra el suelo.

-¿Has cogido la tablet?

-Sí señor, podemos salir de aquí.

Relato 2 El Cuerpo Expedicionario

Relato 2 El Cuerpo Expedicionario

Tumbados junto a mí en la pequeña colina se encuentran mis cuatro sargentos, Phoko, Duende, Olores y Risitas mirando el campamento enemigo. Son muy buenos en su trabajo pero para lo que vamos a enfrentarnos necesito que estén al 200% de su capacidad. Cada uno tiene a su mando cinco hombres que ahora mismo estarán repartidos controlando donde estamos y los avistamientos.

-¿Qué tenemos cerca?- pregunto

-Hemos avistado a menos de un kilómetro de aquí a tres Zampabollos por el noreste-contesta Olores, su bigote pelirrojo se mueve a la vez que su boca-; parece que llevan sin comer más de tres días.

-A dos kilómetros hay una tribu de Llorones por el oeste y estos sí que están hambrientos. Están a punto de comerse entre ellos -añade Phoko que está nervioso  porque mueve esas botas de camuflaje horrorosas que no fueron capaces de quitarle en Fangorl. Siempre odia que se coman entre ellos cuando les necesitamos.

-Dos Locos, uno por el sur a tres kilómetros y por el este, a menos de un kilómetro y medio, el otro -dice Risitas mientras sostiene una ramita de hierbabuena en la boca, ramita que entre toda su barba amarrilla parece una pequeña hierba en un granero lleno de paja.

-Jefe, yo te doy lo que quieras este mismo día. Avispas cabreadas, topos locos, duendecillos rabiosos… lo que tú quieras -dice Duende con una sonrisa de oreja a oreja. Es el más pequeño de todos, no llega al metro sesenta, y siempre tiene el pelo enredado con ramas.

Para que nos entendamos diré, que de los más tranquilos a los más peligrosos los monstruos que nos hemos encontrado en el Bosque Inhóspito son: Llorones, como un humano excepto que miden tres metros y tienen muy poca cabeza, simplemente tienes que aguijonearlos para que vayan hacia donde quieras; Zampabollos, misma altura que los Llorones pero con dos brazos más y mucho más fuertes; y mis favoritos y los más peligrosos, los Locos, rápidos, inteligentes y miden un metro más que los anteriores.

-Phoko, ¿de cuántos miembros es la tribu?

-De unos quince o veinte unidades, jefe, no hay ningún miembro joven.

-Perfecto- ya tenía un plan para estos novatos en el bosque.

-Duende, tus hombres y tú distraedlos desde el suroeste durante la noche de hoy; mientras tanto, Olores, quiero a esos zampabollos mañana por la mañana nada más amanecer. Phoko trae a esos Llorones para mañana por… ¿la tarde puede ser?

-Por supuesto jefe.

-Duende la noche vuelve a ser tuya. Risitas, vamos a por ese Loco del este para el amanecer del segundo día. ¿Todo claro señores?

-Yo tengo un pregunta jefe- me dice Duende. Me la esperaba.

-Dime Duende

-¿Qué quieres por las noches?

Tardo un poco de contestar porque sé que le voy a hacer muy feliz:

-Tienes carta blanca para lo que se te ocurra.

Y si una cosa hay que decir de mi sargento Duende es que es muy pero que muy imaginativo para hacer todo tipo de putadas. Desearán no haber entrado en este bosque.

-Señores, ¡al trabajo!

Duende y Phoko desaparecen rápidamente. Olores, muy fiel a su estilo, me hace el saludo militar y se va tranquilamente. Risitas y yo nos quedamos un poco más tumbados, esperando hasta que se oyen los primeros gritos de los soldados imperiales. La batalla por el Bosque Inhóspito ha empezado.

Relato 1 Combates Aéreos

Combates Aéreos

-Capitán, el equipo Azul entero ha sido eliminado.

-Teniente, obligue al equipo Rojo a que aborten misión.

-Piden confirmación de la base

-Que se salten el puto manual de los cojones- estalla el capitán al mando de la flota aérea- que se larguen de aquí cagando ostias y que no miren atrás. Nos quedaremos cubriéndoles el culo.

La teniente mira al asiento que tiene delante donde está sentado a los mandos del avión de combate el capitán.

-Sí señor, transmitiré sus órdenes.

La misión de las once aeronaves era destruir una plataforma marítima que estaba succionando el agua del planeta. Dividas en dos grupos de cinco y una al mando de todas no había podido acercarse antes de que cinco de ellas fueran destruidas por las medidas de seguridad antiaérea presentes en la zona alta de la plataforma.

En el momento en que el equipo Rojo empieza la retirada salen varios misiles de la plataforma y se oye el grito de la teniente.

-¡¡¡Capitán!!!¡¡¡Son misiles térmicos!!!

-Distancia

-4 kilómetros y acercándose.

-Avísame cuando estén a menos de un kilómetro.

Y la aeronave empieza a subir rápidamente mientras que los misiles se acercan todavía más rápido.

-¿Qué piensa hacer capitán?

-Apagar los motores y salir de barrena cuando los misiles se dirijan hacia la plataforma aérea.

-Señor tienen que estar a un kilómetro de nosotros cuando paremos los motores, después de esa distancia los misiles captaran nuestro calor residual y nos seguirán de ese modo.

-Si lo hacemos demasiado pronto seguirán a nuestros chicos así que avísame cuando lleguen a un kilómetro exacto.

-Sí señor. Dos kilómetros doscientos metros señor.

-Vale-respira hondo y suelta todo el aire de golpe mientras que coloca los dedos justo encima de los interruptores de arranque- preparado para el apague total.

-Dos kilómetros.

La aeronave sigue subiendo hacia el cielo negro del planeta.

-Un kilómetro setecientos cincuenta metros.

Una pequeña gota de sudor cruza el puente de la nariz del capitán y se le cae al polo.

-Un kilómetro quinientos metros.

Se ponen las máscaras de oxígeno.

-Un kilómetro doscientos cincuenta metros, señor. Ya están aquí.

Los ojos de la teniente están fijos sin pestañear en el radar mientras los números que indican la distancia a la que se encuentra el misil bajan rápidamente.

-¡¡¡Un kilómetro señor!!! ¡¡¡Ahora!!!

No se lo tiene que decir dos veces, el capitán pulsa rápidamente el botón de apagado y el avión cae a plomo. Los ocho misiles se dan la vuelta y se dirigen hacia la plataforma de donde salieron.

-Capitán espere a que se lo diga. Necesitamos que los misiles estén más cerca de la plataforma que de nosotros para encender de nuevo los motores o se volverán hacia nosotros.

-Usted manda teniente.

“¡¡¡Barrena!!! Acelere está a un kilómetro de altura y bajando” empieza a gritar el ordenador de a bordo

-Todavía no señor.

“A setecientos cincuenta metros y bajando”.

-Siga esperando señor.

“A quinientos metros y bajando”

-Un poco más señor un poco más y podremos acelerar.

“A doscientos cincuenta metros y bajando”

-Ya estamos fuera de la distancia señor. Ya podemos acelerar a gusto.

Los misiles siguen directos hacia la plataforma y acaban produciendo explosiones en la parte superior, donde están las defensas antiaéreas de la plataforma.

-Capitán, ¿vamos a por ellos?

-Me acaba de leer el pensamiento, teniente.

La plataforma está sujeta con cuatro patas hundidas en el mar. En la parte superior se encuentra un depósito donde se almacena el agua succionada por un tubo central y  a su alrededor las defensas antiaéreas. Debido a que sus propios misiles habían destruido dichas defensas en ese momento la plataforma se encontraba vulnerable.

La aeronave se dirige disparada hacia el tubo central destruyéndolo con un misil. Antes de que pueda hacer otra pasada la plataforma se eleva por los aires gracias a unos propulsores en sus patas y se pierde en el gran cielo oscuro.

-Teniente ponga rumbo a casa.

De Pesca

Metía poco a poco los pies en el agua hasta que le llego a las alturas de las rodillas. Era muy pronto. Tan pronto ni que el propio Sol había salido todavía por el horizonte; pero para él el mejor momento del día.

Cuando se podía descubrir muchas cosas de la mar. Con solo estirar un poco los brazos y entreabrir la boca empieza a saborear el salobre que le acompañaba desde hacía treinta y cinco años; sentía además de estar seguido el sabor del agua dulce lo que significaba que iba a llover antes del mediodía. Y si eso lo había descubierto él, los habitantes de la mar también lo sabrían. Por tanto, antes del mediodía habrían salido a comer y como no le gusta mucho el sol los pulpos saldrían a comer antes del amanecer. No le queda más de media o una hora para pescarlos.

Sigue metiéndose en el agua esta vez un poco más deprisa y a la altura de los hombros ya encontró su barca y se mete en ella chorreando. Tranquilamente, mientras busca los remos respira el aire que tanto le gustaba y poco a poco sale de la playa que le vio nacer y se interna en la ría que durante treinta y cinco largos años le ha alimentado. Remando pausadamente se aproxima al lugar donde dejo unas cuantas cabezas de pescado antes de irse acostarse y aunque no había ni una sola boya que lo indicaba él no lo necesitaba. Podía ir hasta con los ojos cerrados aparece un rayo de luz que iluminaba todas las bateas que poblaban su ría. Poco después de sumergir  sacó su pequeña red con la maña de un experto y vio que había atrapado a un pulpo más grande de lo que se esperaba. Cuando ya le había dado dos golpes en la cabeza al pulpo matándolo se permitió mirar hacia el final de la ría justo cuando poco a poco el Sol ilumina lo que más amaba de ver. Esas dos islas que protegían toda su ría y que hacía nueve años habían soportado la marea negra de “chapapote” del barco. Para él su gran vicio era ese: ver el amanecer a través de las Islas Cíes.

Cuando los demás barcos pesqueros salían desde la playa y los muelles el vuelve remando relajadamente. Mete el remo en el agua mientras echa el aire, desliza el remo por el agua y sus pulmones se vuelven a llenar de aire; todavía podía oír la voz de su padre mientras le explicaba cómo se debía remar. Aunque los nudos de amarre nunca fueron fáciles de aprender no dejó que la sonrisa se le borrará de la cara.

Tranquilamente desanda el camino que tan solo una hora antes había hecho hasta su casa. Cuando abre la puerta lo primero que recibe es la voz de su hija gritándole:

-¡¡Padre cuantas veces le he dicho que no se vaya de pesca!!

La misma voz que su madre. Había heredado su voz potente y su carácter.

-Bonito pulpo suegro. Algún día explicará a su nieta como lo hace.

Una sonrisa como respuesta y como promesa a su propuesta. Tan condescendiente como siempre su yerno. Buen muchacho, mejor marido y un increíble padre para su pequeña nieta, no podía pedir más.

Relato 1 El Cuerpo Expedicionario

El Cuerpo Expedicionario de Su Majestad

 

Mientras pasea por el campamento que se prepara para dormir recuerda el odio que tiene al bosque. Esa asignación solo puede ser por algo. Quieren que demuestre que vale para algo. Y justo en el centro de los caminos que cruzan el campamento de norte a sur y de este a oeste, donde cabe un carro -como mandan los libros de estrategia-, está la tienda de mando hacia donde se dirige. Pide paso a los dos soldados que hacen guardia en la puerta, y ellos se apartan conforme al rango de estratega real.

El comandante se encuentra de espaldas, mirando un mapa desplegado en una mesa de campaña.

-Señor, ¿me había mandado llamar?

-Sí, estratega real. Quiero que planifique el orden de guardias para que un tercio de los hombres se encuentre siempre atento cuando entremos en el bosque.

-Señor, ¿no es demasiado para nuestra actual situación?

El comandante se permite una risa sarcástica y le pregunta:

-¿Qué sabe de nuestra actual misión?

-Perseguimos a unos presos fugados de una prisión del sur.

Un suspiro y clavo la mirada en sus ojos.

-¿Le suena Fargol?

-Es la prisión más segura que existe. A veinte leguas de cualquier sitio que haya una playa que permita desembarcar. Es una isla volcánica cuya única función es ser una prisión. La he estudiado, es imposible salir de allí.

-Empiece a replantarse sus estudios.

-Aunque consiguieran salir de allí, el Bosque Inhóspito no es un lugar donde esconderse.

-¿Sabe los únicos presos que albergaba Fargol?

-Sí, claro. La unidad llamada el Cuerpo Expedicionario de Su Majestad.

-El nombre completo es el Cuerpo Expedicionario de su Majestad en el Bosque Inhóspito. Para esos veintiséis hombres, este bosque es su casa y por tanto nosotros somos la presa.

-Señor, tiene a su cargo a más de doscientos hombres y por tanto no podemos ser de presa.

-Para ser exactos, doscientos cincuenta hombres que no conocen una batalla si no es en su imaginación. Los fugados no solo conocen la batalla: la aman, viven para ella y llevan diez años presos. ¿Cree que tendrán piedad de nosotros si nos pillan desprevenidos?

-Señor, ¿tan temibles son?

-He estado en el mismo ejército que ellos en la época de la emperatriz Drisnar y no solo tendría que tenerles miedo, tendría que estar odiando al que le haya mandando aquí. Una vez, estando en el apoyo de la retaguardia, cuando más de mil soldados habían pisoteado el camino, ellos surgieron de allí mismo para coger las manzanas frescas que habíamos encontrado el día anterior.

Otra vez, estando dentro del bosque, permitieron que unos doce monstruos que habitan en él se acercaran hasta los primeros piquetes a menos de un metro antes de matarlos porque se había retrasado en su soldada. Le aseguro que si ellos hubiesen querido, a esos monstruos ni les hubiéramos vistos.

-Señor, tenemos que avisar a los soldados de esto.

-Si quiere tener un motín, hágalo. Nadie se quedará y todos seremos declarados desertores, incluso usted que tiene tanta carrera por delante.

-Ahora mismo preparé los turnos de guardia, señor, e intentaré desarrollar alguna trampa para capturarlos.

-Si quiere perder el tiempo piense en eso, pero yo que usted estaría atento a cualquier movimiento que vea cerca e intentaría ver las trampas que vamos a tener en el Bosque.

-¿Algún consejo más?

-Manténgase vivo.

Corto

CORTO

ESCENA 1. EN UN PARQUE INFANTIL. EXTERIOR-DÍA

Rodrigo llega corriendo al parque mirando constantemente hacia atrás. Se acerca a Rubén, que está sentado en un banco viendo como juega su hija.

RODRIGO

¿Ve al hombre que viene detrás mío?-le agarra por la pechera-¡Ayúdeme, lleva siguiéndome desde la puerta de mi casa!

RUBÉN

Tranquilícese hombre. Yo no veo a nadie

RODRIGO

¿De verdad que no hay nadie? No puede pasar otra vez, otra vez -casi llorando y suplicando-Por favor, si no es mucha molestia lléveme ante el doctor de esta tarjeta. He tomado mis pastillas pero no me han hecho efecto y tengo que visitar a mi doctor.

RUBÉN

Por supuesto, no se preocupe, ahora mismo vamos. ¡Silvia, nos vamos!

CORTE A

Rubén va de la mano con su hija Silvia dando un paseo.

SILVIA

Papa ¿Por qué hemos llevado a ese hombre al médico si no estaba malo?

RUBÉN

Porque hay enfermedades que están dentro de la cabeza y ese pobre hombre tiene una de esas.

SILVIA

¿Y por eso nos seguía el otro hombre para que no le pasará nada?

RUBÉN

¿Qué otro hombre?

SILVIA

El que nos seguía.

Escombros y Cenizas

Escombros y Cenizas

De repente todo se lleno de cenizas y no se veía nada, intente restregarme los ojos pero no se iban inmediatamente sino que se iban despejándose poco a poco. Gracias a eso empecé a ver a mi hermano mayor que ya había cogido la mochila con las necesidades básicas y yo cogí a mi primo pequeño que todavía no había llegado a aprender a andar. Salimos hacia el salón cuando mi primer pie se quedó sin suelo donde apoyarse y si no hubiera sido porque mi hermano me agarró y me arrastro hacia dentro otra vez me hubiera caído. Donde estaba el salón anteriormente ahora solo había un enorme agujero que dejaba la mitad del edificio al descubierto. Cinco pisos reducidos a solo uno en escombros. Siempre habíamos sabido que tendríamos que salir de nuestro hogar por la guerra pero entonces empezaron las explosiones y no nos atrevíamos a salir del edificio. Ahora no nos quedaba otro remedio.

Mi hermano por delante y yo corríamos bajando los tres pisos de escaleras y después cruzábamos toda la ciudad sin mirar atrás y llegamos al punto donde se suponía que nos íbamos a reunir toda la familia si pasaba algo así. Una pequeña colina a un kilómetro de distancia de la ciudad. A la mitad del camino mis pulmones ya se estaban cansando y mis piernas me empezaron a doler cuando comencé a subir la pendiente. Llegué sin ningún aliento y totalmente abatido pero llegué. Y entonces fue cuando miré para atrás.

Mi hermana mayor y mi madre venían a medio kilómetro seguidas de mis tíos y mi prima mayor y justo saliendo de la puertas de las ciudad salía mi abuelo. Nadie más salía corriendo de la ciudad en esta dirección. Ni mi padre, ni mi abuela, ni mis otros dos hermanos pequeños, ni mi otro primo. En ese momento comenzó de nuevo el bombardeo y pudimos ver como tres de esas bombas caían sobre nuestro, ya semidestruido, barrio cubriéndolo de cenizas y humo negro sin que nos dejar ver nada más.

Las lágrimas corrían por mi rostro como una cascada en deshielo lo que hacía que mi cara se limpiará mientras abrazaba a mi primo pequeño y mi familia llegaba a la colina.

Deje de contemplar la ciudad sin esperanza y observe a mi familia. Mi abuelo tenía los labios apretados en una línea delgada y los puños cerrados mientras que las lágrimas corrían por su cara. Mi hermano mayor abrazaba a mi madre de rodillas en el suelo que no paraba de llorar y gritar. Mi tío sostenía a mi prima y a mi tía como podía mientras miraba desesperado como las bombas en poco tiempo destrozaban lo que tanto tiempo nos había costado comprar. Todos los recuerdos, todas las ideas, todos los sufrimientos, todo siendo destrozado por la bombas en esos momentos.

Cuando más perdidos nos sentíamos, mi abuelo se hizo cargo de la situación y con su voz potente nos ordenó que dejáramos de mirar la ciudad que nada más podíamos hace y que nos fuéramos hacia la frontera donde si teníamos suerte habría un campamento de refugiados. Todos sabíamos que aunque nos fuéramos muy lejos esa visión de desolación total no nos iba a desaparecer nunca. Esa visión de escombros y cenizas nos perseguirá siempre.

Inspirar, espirar

Inspirar, espirar

-Yo les entretendré para que podáis escapar. Lo único que tenéis que hacer es dejar los carros a ambos lados del camino y luego ir lo más rápido que podáis. Cuando crucéis el primer paso tocad una vez el cuerno de batalla, dos veces tras el segundo paso y tres cuando lleguéis a un fuerte.

Es un día claro, sin nubes y el olor de los árboles en plena primavera inunda todo el camino. El hombre es fuerte, sus dos hombros vuelven a su posición de origen en vez de hundidos como si llevara un fuerte peso. Sus brazos musculosos, conseguidos a base de pasar todo el día dando martillazos en una fragua y que
debido a los acontecimientos tienen que adaptarse a usar la espada y el arco. Su frente ancha, por primera vez desde que huyó, desde que quemaran su fragua junto a su preciosa mujer y sus dos hijas gemelas, está relajada y tranquila.

Mientras sus compañeros preparan los carros y los abandonan como les ha pedido, él baja la cuesta que acaban de subir y coloca una cuerda de un lado del camino atada a dos árboles y dejándola tensa a la altura de sus tobillos. Cuando regresa a lo alto de la cuesta de nuevo sus compañeros se despiden de él y se
marchan los más rápido posible, incapaces de convencerle de que no lo haga; por lo menos intentarán que su sacrificio les permita conservar la vida. Le han dejado cinco carcaj de treinta flechas cada uno. Él saca las flechas de los carcajs y las va clavando al suelo cerca de su mano izquierda para cogerlas con facilidad cuando se acerquen los otros. Después tranquilamente va a hacer sus necesidades menores porque intentará aguantar lo máximo posible y para
eso hay que tener la mente tranquila.

Inspirar y espirar, inspirar y espirar es lo único que hace aparte de pensar en su mujer y en los buenos momentos antes de que todo esto comenzara. De los juegos con sus dos hijas pequeñas que posiblemente vuelva a ver muy pronto y sonríe.

Abre los ojos y mira al horizonte. A ambos lados del camino se encuentra el bosque florido lleno de ruidos animales y de bonitas melodías de los pájaros mientras que en el medio hay un pequeño camino de tierra seca en el que se otea una pequeña columna de polvo en suspensión que se acerca rápidamente; sabe que la provoca por la caballería que los lleva persiguiendo tres semanas desde el comienzo de su huida.

Inspirar y espirar, inspirar y espirar sin dejar de sonreír con la imagen de sus tres mujeres en la cabeza; se relaja mientras que llegan. Y de repente los jinetes entran en su campo de visión. Inspirar y espirar, inspirar y espirar. Coge una flecha y se prepara. Los jinetes tropiezan con su trampa y todos caen formando un montón en el que caballos y jinetes no se distinguen con facilidad. Inspirar y espirar, inspirar y espirar, apunta tranquilamente y suelta la cuerda; la flecha sale disparada en dirección de una cabeza que se acaba de levantar de la hecatombe.

Sobre mí

Sobre mí

Me llamo Francisco José Díez Devesa y me gusta escribir.

Me encantaría saber tu opinión sobre los relatos que escribo.

Lo puedes hacer mediante comentarios en cada uno de los relatos o por mis redes sociales:

Twitter: @FranJoseDiez

Instagram: franjosediez

Facebook: @TierradeFiccion

Un placer tener por aquí.