Relato Cien Palabras

Relato Cien Palabras

Siempre me ha gustado entrar en un bar un día cualquiera y observar a la gente. Hoy es uno de esos días. Miro como una pareja de ancianos están más de media hora mirándose a los ojos sin decir nada, simplemente tomándose su café, como si se tratara de una película de amor. El otro cliente del bar de unos sesenta años, con bigote y perilla blanca y una camisa de manga corta con rayas horizontales rojas y blancas, pidió una copa de brandy de Jerez y le observé mientras se la tomaba. No sé de brandy pero observando a ese señor aprendí. Cuando se la sirvieron esperó un poco, luego se acercó la copa la nariz y aspiró levemente los aromas que desprendía y después la bebió poco a poco, en pequeños sorbos, saboreándola.

Relato 3 El Cuerpo Expedicionario

Relato 3 El Cuerpo Expedicionario.

La primera noche en el Bosque Inhóspito nos atacaron por el noreste unas veinte cabras cargando contra nuestras empalizadas. Pensamos que se iban a quedar atascadas entre los maderos de las mismas pero, en cambio, al primer toque se vinieron abajo todas. Las cabras entraron arrasando por todo el campamento hasta que fuimos capaces de matar a todo el rebaño cuando ya empezaba a amanecer. Lo peor de todo fueron los gritos de los que caían bajo sus cuernos. Me recordaban mi fallo.

Cuando fui a ver qué había pasado con las empalizadas, me di cuenta de que los soldados del Cuerpo Expedicionario habían cavado por debajo de ellas haciéndolas inestables. Por eso habían caído a la primera embestida. Estos hombres saben nuestro método de defensa, por tanto habrá que cambiarlo. Uno de los soldados llega corriendo:

-Señor estratega, hemos sufrido dieciséis heridos.

-Tenemos que cambiar el método de defensa. Que quiten de inmediato todas las empalizadas y que hagan barricadas -las barricadas son más difíciles de fastidiar mediante agujeros- Quiero que estén lo más pronto posible.

Otro soldado se aproxima corriendo a toda velocidad y antes de llegar ya está gritando:

-¡¡¡Señor!!! Viene por el oeste de los monstruos. Son una manada de tres miembros. Delante de ellos hay uno de los presos o eso creemos.

-Vamos para allá ¡¡Rápido!!

Salgo corriendo sin esperar a mis soldados. Si nos mandan los monstruos nada más llegar tenemos que estar preparados para demostrar que somos contundentes. Cuando llego a la primera línea grito al primer soldado que veo:

-¡¡Soldado!! Quiero a los escorpiones preparados detrás de la primera línea defendida por los lanceros con armadura reforzada. En la primera línea arqueros con armadura ligera o mejor sin armadura.

Observo por donde vienen los monstruos, están a más de medio kilómetro, llegarán en unos veinte minutos a la velocidad que vienen. Podemos verlos de lejos gracias a que nos hemos situado en el centro de un claro que hemos encontrado en este dichoso bosque Por lo que parece, el claro debe ser lugar de confluencia, ya que se ven las huellas de muchos monstruos. De los que nos ocupan ahora, delante de ellos, como guiándolos, uno de los soldados del Cuerpo Expedicionario. No se si podremos estar preparados para cuando lleguen.

Los monstruos son de una altura aproximada de tres metros con cuatro brazos y muy peludos. Resultan muy feos y amenazadores.

Miro hacia atrás y veo que el sargento de guardia todavía no ha hecho nada y grito:

-¡¡¡Sargento!!! ¡¡¡No ha oído lo que le he dicho a su soldado!!! ¡¡Cumpla mis órdenes!!!

-Señor solo me da órdenes mi comandante.

-Sargento cumpla con lo que ha dicho el estratega real.

El comandante como aparecido de la nada se presenta a la primera línea de la defensa. Me mira y me pregunta:

-¿Cómo lo ve estratega real?

-Creo que podemos estar preparados para cuando lleguen.

-Las órdenes del estratega real son mis órdenes. ¿Queda claro sargento?

-Sí señor.

Mientras el comandante se dirige hacia otro punto del campamento posiblemente a levantar el ánimo a su tropa.

-Hágalo deprisa sargento. En menos de veinte minutos llegarán aquí.

-Sí señor.

Vuelvo a mirar a los monstruos. Tres peludos y grandes monstruos se acercaban a toda velocidad persiguiendo a una ¿mujer? de esa compañía. No sabía que hubiera también mujeres soldados dentro de esa compañía, lo tendré que preguntar al comandante.

Me doy la vuelta para ver los preparativos que he mandado. El sargento, a pesar de sus reticencias, está las cumpliendo muy eficientemente e incluso han llegado tres sargentos más. Los arqueros llegan casi sin armadura, solo un arco y dos carcajs de flechas, su contra punto serán los lanceros que, prácticamente, no tenía ni una sola parte de su cuerpo sin cubrir.

-Arqueros –Todos me miran como quiero-; hago una línea con el tacón de la bota: quiero que estén todos aquí. La mitad con una rodilla en tierra y los otros de pie. Solo dispararan a mi orden y también a mi orden se dispersaran por los lados. Disparen a los tobillos de los monstruos. TO-BI-LLOS. ¿Queda claro?

-Sí señor –contesta el sargento de los arqueros.

Me dirijo hacia él.

-Caballero quiero que sus hombres se sitúen a los lados de los dos escorpiones y cuando terminen sus disparos les cubrirán. Esperemos que no quede ninguno de los monstruos para ese entonces.

-Sí señor.

Cuando me he querido dar cuenta ya están muy cerca. El grito del sargento de los arqueros se adelanta al mío para ordenar a los soldados. La chica del Cuerpo Expedicionario había desaparecido pero los monstruos seguían en nuestra dirección. Se habían abierto en abanico porque en el claro pueden hacerlo.

-¡¡Arqueros!! Todos a una.

-Sí señor.

Me quito el sudor de la cara con la manga de la camisa que ya está empapada. Los monstruos se acercan rápidamente.

-¡¡Arqueros!! Mitad al extremo derecho y la otra mitad al extremo izquierdo. A los tobillos. A mío grito de ya. Tres…. Dos…Uno ¡¡YA!!

Las flechas salen volando y se clavan en las rodillas y los tobillos de los monstruos. Los objetivos caen por las heridas.

-¡¡Retírense!!

Con una retirada digna de cualquier libro de estrategia se abren en dos columnas cerradas y desaparecen por los laterales que son inmediatamente cubiertos por lo lanceros. Los escorpiones, sin que tenga que gritar, disparan sus lanzas. Las dos se clavan en el abdomen peludo del monstruo que queda en pie pero muere al instante. Los lanceros se lanzan a rematarlos y aunque intento gritar que no lo hagan es tarde. Dos de ellos son cogidos por el monstruo del extremo derecho con las dos manos de su extremo derecha y los estampa contra el suelo mientras que con las otras dos izquierdas hacían saltar por los aires a tres más. Uno de ellos cae de forma muy ruda y no se vuelve a levantar, los otros dos se levantan. El otro coge a tres más con sus manos que los destrozan estampándolos contra el suelo. Sus compañeros se vengan de ellos destrozando con sus lanzas las cabezas de los monstruos. Poco después cuando se dan cuentan de que han matado a los monstruos y hemos enterrado a nuestros seis muertos se disponen a celebrar nuestra primera victoria y a honrar a nuestros muertos.

Yo no me uno a la fiesta. Esto solo es el principio.

Atraco

Atraco

Cuando hay un atraco en un banco y hay rehenes y la policía llega tarde, la consecuencia es que investigan a todo el mundo, incluido a un pobre rehén que simplemente quería sacar dinero del cajero.

Mientras los últimos GEO comprobaban que no quedaba ningún atracador más dentro del banco, los rehenes, entre los que me incluyo, salíamos lo más deprisa que podíamos después de haber estado una hora tumbados en el frío suelo de la oficina.

Los policías habían acordonado la calle entera e interrogaban a todos los testigos por los acontecimientos. Uno de estos agentes me preguntó qué era lo que había pasado y empecé a recordar. Con un simple “No funciona”, a lo mejor no me había pasado todo esto. Un simple cartel que hubieran puesto en el cajero ahorrándome diez minutos de meter y sacar la tarjeta, de soplar la tarjeta, de limpiarla con la camiseta de los Rolling Stones  y, sobretodo, de desquiciarme. Cuando miré hacia atrás y observe toda la cola de gente que había producido, pensé que era un buen momento para entrar en la oficina y pedir amablemente a los cajeros que me dieran veinte euros de mi cuenta para poder invitar a comer a mi novia.

-Creo que no funciona. Probad el resto si queréis- les dije a las cinco personas que estaban detrás mío.

Dejé el cajero y me dirigí hacia la puerta de la oficina bancaria que se abre tirando pero yo, con toda la confianza del mundo, la empujo y me estrello. Definitivamente hoy no era mi mejor día.

Lo que más me sorprendió es que con mi habitual despiste entré tranquilamente con todas las llaves en el bolsillo; las de mi piso; las de mi garaje y las de mi Kawasaki Z 1000SX Tourer y pasé tranquilamente el detector de metales- ¿Cómo se puede pasar un detector de metales con los bolsillos llenos de llaves metálicas sin que suene ni te pare? Esa pregunta me rondó por la cabeza cuando me situaba en la cola para los cajeros humanos y todo se vino abajo.

Entraron rápidamente seis personas con caras de payasos y lo que era peor con unas metralletas muy largas. Uno se situó en la entrada mientras que los otros se abrían en abanico perfectamente coordinados:

-¡Todo el mundo al suelo! ¡Y que nadie se haga el héroe que no estamos en una película!

Dos se fueron rápidamente al mostrador de los cajeros, otros dos a las mesas y el tercero al despacho del director. El último se quedó en la puerta detrás de todos los rehenes y la cerró con un candado mientras decía:

-Nuestro objetivo es hacer el atraco rápido, sin tiros y fundamentalmente sin heridos. No se preocupen solo atacamos si nos atacan. No quiero ningún héroe muerto.

Su voz era relajada, tranquila, un poco cascada posiblemente por el alcohol o el tabaco, como si fuera un abuelo contando a su nieto un cuento para dormirle pero lo más raro era su forma de andar. Un andar tranquilo de un chaval de veinte años que no concordaba para nada con su voz, perfecto, en cualquier caso, para confundir a los testigos. Siempre daba paseos cortos vigilando a todos los rehenes.

Mientras que el que parecía que lideraba controlaba por detrás de nosotros, otros dos de sus compañeros se dedicaban a enchufar pen drives en los ordenadores del banco. El cuarto se puso encima la mesa de los cajeros y nos apuntaba a los rehenes con la metralleta, flanqueado a derecha e izquierda por otros de sus compañeros.

Con uno delante apuntándonos, el otro por detrás y otros dos en los laterales que no paraban de dar pequeños paseos ninguno de nosotros movía ni un solo músculo mientras sucedía todo.

En menos de dos minutos habían sacado todos los pen drives de los ordenadores y habían salido por la puerta del banco de la misma manera que habían entrado, muy rápido.

-Entonces ¿los atracadores salieron por donde entraron?- me preguntó el agente.

-Si señor eso creo, aunque no estoy seguro ya que me mantuve pegado al suelo- contesté.

-Muchas gracias. Si nos hace un último favor dele sus datos a ese agente para que podamos contactar con usted por si tenemos alguna duda sobre su testimonio- me pidió el agente.

Una vez que terminé intenté salir de todo este lío de agentes, testigos, rehenes, ambulancias, coches de policía con las sirenas puestas con un ruido ensordecedor, coches parados y sobre todo con una multitud de observadores anónimos que no dejaban de llegar. A empujones y a “perdón” o  “paso por favor” me moví unos tres metros en diez minutos  y aun así no veía el final del gentío.

De repente uno de esos reporteros que andan cazando noticias espectaculares para salir el mayor tiempo posible en el telediario de la noche me enchufó con su alcachofa y me preguntó:

-¿Me puede hablar del atraco?

-Sí claro le hablo de lo que quiera si me saca de aquí.

-Por supuesto. ¡Señores dejen pasar a este pobre hombre!

Después de que pude pasar, hice algo de lo que no me siento muy orgulloso.

-Señor, la verdad es que no he visto mucho. Solo sé que eran seis atracadores y que estaban muy bien organizados pero muchas gracias por sacarme de ese gentío.

-Gracias a usted, nadie quiere hablar conmigo- me respondió el reportero con una pequeña decepción en su cara a causa de la brevedad de mi relato. La verdad es que le podía haber dicho muchas más cosas pero me encontraba cansado y quería salir de allí ya.

Lo peor fue llegar al lado de mi  Kawasaki Z 1000SX Tourer y encontrármela caída y con una gran rallón en el lado derecho. Eso me va  a costar una pasta en el taller.

Esto demuestra que no es mi mejor día, aunque lo peor de todo es que todavía no es ni mediodía.

Se levanta rápidamente

Se levanta rápidamente

Se levanta rápidamente. Las explosiones se oyen demasiado cerca. Abre los ojos y se encuentra con la tienda vacía, sus compañeros acababan de salir. Eso quiere decir que están atacando el campamento. Se levanta rápidamente y sale sin ponerse nada. No tiene ningún arma y el ruido de los disparos está cada vez más cerca.

Corre hacia el refugio bajo tierra que tienen instalado para ocultar las armas de un ataque repentino. Baja las escaleras lo más rápido que puede mientras los disparos de una ametralladora le sigue agujereando la pared de al lado.

Con miedo acaba de bajar los escalones para encontrarse que no hay armas, solo un cuchillo. Lo coge cuando se da cuenta que los insurgentes le siguen. Se esconde en el almacén de los lanzamisiles ahora vacío. Las pisadas se acercan. Y de repente una voz:

-¿Papi? ¿Te pasa algo?

Se le escurren las lágrimas de los ojos. Otra vez lo mismo de siempre.

-¿Papi? ¿Puedo abrir la puerta?

Entre sollozos contesta:

-Sí cariño.

Cuando se abre la puerta y la luz de la cocina entra, su pequeña hija parece un ángel:

-¿Tienes un pesadilla?

-Si cariño pero porque estoy enfermo.

-¿Cómo cuando me dolía la tripita?

-Más o menos cariño pero lo mío es en la cabeza.

-¿Irás al médico para que te cure como a mí?

-Si mi amor lo haré.

Por detrás de su hija aparece su mujer con cara preocupada que la coge de la mano y le dice:

-Vamos cariño que mañana hay cole.

-Espera mami el señor Orejotas lo va a necesitar más papa para cuando vuelva a tener una pesadilla.

Relato 2 Combates aéreos

RELATO 2 Combates aéreos

La segunda vez que nos encontramos con la plataforma estaba defendida por cuatro pequeños cazas negros no tripulados. Solo hay una aeronave en el cielo y los cuatro cazas se lanzan a por ella. Son la mitad de tamaño que la aeronave por lo que se acercan rápidamente. El ordenador de a bordo grita: “Cazas enemigos a menos de un kilómetro”.

-Capitán, ¿está seguro de que entramos por allí? Y lo más importante ¿cree que nos puede sacar después?

-Pues…la verdad es que no tenemos otra alternativa.

La aeronave se acerca a gran velocidad a una de las antiguas ciudades que se construyeron antes de la invasión. Aunque la palabra invasión se queda corta, fue más bien un intento de exterminio de toda la población del planeta llamado Tierra.

Esas ciudades no fueron construidas para que una aeronave militar volará entre sus calles seguida por los cuatro cazas. El capitán tiene la esperanza de poder evitarlos allí.

-Teniente ¿puede sacarme un maldito mapa de esta ciudad antes de que nos estrellemos con un edificio?

La teniente que lleva un rato tecleando en el ordenador de a bordo le dice:

-Voy lo más rápido que puedo señor pero no lo encuentro.

-¿Me quiere decir que guie al avión por instinto?

-Hasta que lo encuentre no tenemos otra alternativa y evite las calles grandes para que no tengan oportunidad de darnos.

-Vamos allá.

Justo diez segundos antes de entrar en la ciudad el ordenador grita: “Cazas enemigos a menos de medio kilómetro”.

Entran por una calle pequeña donde las alas de la aeronave casi rozan los edificios. El capitán empieza a sudar profusamente mientras intenta que el avión no toque de los cables que están tendidos entre los edificios.

En menos de diez segundos la calle se acaba y el capitán vuelve a preguntar:

-¿Algo?

-A punto señor.

-¿Qué es a punto? ¿Lo tienes o no lo tienes narices?

-Todavía no señor, deme treinta segundos y lo tengo.

-Treinta segundos, treinta segundos…. Pues a la derecha.

Da una vuelta de 45º grados al avión para poder realizar la maniobra más fácilmente. Gira rápidamente mientras que le siguen dos misiles lanzados por los cazas que se estrellan en el edificio donde termina la calle. Al primer caza no le da tiempo a girar y choca también.

La calle se va estrechando, reduciendo el espacio hasta que un edificio la cierra. El capitán abre los ojos y dice:

-Tenemos un gran problema.

-¡¡¡Lo encontré!!!

-Tranquila ya no hace falta no lo vamos a usar.

-Haga un milagro que ya lo he conseguido, déjeme que le guie.

El capitán se pasa la lengua por los labios inferiores mientras piensa alguna idea.

-¿Puede llevar el mapa en algún sitio?

-En la Tablet.

-Bueno descargue el mapa en la tablet.

-Sí señor, ya está hecho.

Un minuto antes de que llegue hacia la pared, la aeronave pierde altura a gran velocidad seguida por los tres cazas. Inmediatamente después de rozar el suelo, el capitán da un golpe de timón obligando a la aeronave coja altura de nuevo. Uno de los cazas no consigue remontar el vuelo y colisiona contra el suelo. La aeronave roza la pared del edificio saltando trozos de yeso de la misma pared seguida por otro de los cazas. El siguiente no tiene tanta fortuna y se empotra contra él.

-Señor, no nos lo quitamos de encima.

-Lo sé. Preparase para la eyección.

-¿Cuándo?

-Medio minuto después de que entremos en barrena.

El capitán apaga los motores de la aeronave y la teniente comienza la cuenta atrás.

-Treinta segundos.

El ordenador de a bordo grita:

¡¡Atención!! ¡¡Barrena!! Altura estimada 100 metros y descendiendo. El caza enemigo está a menos de diez minutos.

-Veinticinco segundos.

¡¡Atención!! ¡¡Barrena!! Altura estimada 75 metros y descendiendo. El caza enemigo le ha fijado para sus misiles.

-Veinte segundos.

¡¡Atención!! ¡¡Barrena!! Altura estimada 50 metros y descendiendo. El caza enemigo está a diez segundos de tener preparado un misil.

-Señor, tenemos que salir antes.

-Espera y sigue con la cuenta atrás.

-Quince segundos.

¡¡Atención!! ¡¡Barrena!! Altura estimada 25 metros y descendiendo. El caza enemigo ha lanzado el misil.

-¡¡Ahora!! ¡¡Eyéctese!!

Cuando los pilotos se eyectan, la aeronave es alcanzada por el misil. El caza intenta maniobra pero no lo consigue y choca contra el suelo.

-¿Has cogido la tablet?

-Sí señor, podemos salir de aquí.

Relato 2 El Cuerpo Expedicionario

Relato 2 El Cuerpo Expedicionario

Tumbados junto a mí en la pequeña colina se encuentran mis cuatro sargentos, Phoko, Duende, Olores y Risitas mirando el campamento enemigo. Son muy buenos en su trabajo pero para lo que vamos a enfrentarnos necesito que estén al 200% de su capacidad. Cada uno tiene a su mando cinco hombres que ahora mismo estarán repartidos controlando donde estamos y los avistamientos.

-¿Qué tenemos cerca?- pregunto

-Hemos avistado a menos de un kilómetro de aquí a tres Zampabollos por el noreste-contesta Olores, su bigote pelirrojo se mueve a la vez que su boca-; parece que llevan sin comer más de tres días.

-A dos kilómetros hay una tribu de Llorones por el oeste y estos sí que están hambrientos. Están a punto de comerse entre ellos -añade Phoko que está nervioso  porque mueve esas botas de camuflaje horrorosas que no fueron capaces de quitarle en Fangorl. Siempre odia que se coman entre ellos cuando les necesitamos.

-Dos Locos, uno por el sur a tres kilómetros y por el este, a menos de un kilómetro y medio, el otro -dice Risitas mientras sostiene una ramita de hierbabuena en la boca, ramita que entre toda su barba amarrilla parece una pequeña hierba en un granero lleno de paja.

-Jefe, yo te doy lo que quieras este mismo día. Avispas cabreadas, topos locos, duendecillos rabiosos… lo que tú quieras -dice Duende con una sonrisa de oreja a oreja. Es el más pequeño de todos, no llega al metro sesenta, y siempre tiene el pelo enredado con ramas.

Para que nos entendamos diré, que de los más tranquilos a los más peligrosos los monstruos que nos hemos encontrado en el Bosque Inhóspito son: Llorones, como un humano excepto que miden tres metros y tienen muy poca cabeza, simplemente tienes que aguijonearlos para que vayan hacia donde quieras; Zampabollos, misma altura que los Llorones pero con dos brazos más y mucho más fuertes; y mis favoritos y los más peligrosos, los Locos, rápidos, inteligentes y miden un metro más que los anteriores.

-Phoko, ¿de cuántos miembros es la tribu?

-De unos quince o veinte unidades, jefe, no hay ningún miembro joven.

-Perfecto- ya tenía un plan para estos novatos en el bosque.

-Duende, tus hombres y tú distraedlos desde el suroeste durante la noche de hoy; mientras tanto, Olores, quiero a esos zampabollos mañana por la mañana nada más amanecer. Phoko trae a esos Llorones para mañana por… ¿la tarde puede ser?

-Por supuesto jefe.

-Duende la noche vuelve a ser tuya. Risitas, vamos a por ese Loco del este para el amanecer del segundo día. ¿Todo claro señores?

-Yo tengo un pregunta jefe- me dice Duende. Me la esperaba.

-Dime Duende

-¿Qué quieres por las noches?

Tardo un poco de contestar porque sé que le voy a hacer muy feliz:

-Tienes carta blanca para lo que se te ocurra.

Y si una cosa hay que decir de mi sargento Duende es que es muy pero que muy imaginativo para hacer todo tipo de putadas. Desearán no haber entrado en este bosque.

-Señores, ¡al trabajo!

Duende y Phoko desaparecen rápidamente. Olores, muy fiel a su estilo, me hace el saludo militar y se va tranquilamente. Risitas y yo nos quedamos un poco más tumbados, esperando hasta que se oyen los primeros gritos de los soldados imperiales. La batalla por el Bosque Inhóspito ha empezado.

Relato 1 Combates Aéreos

Combates Aéreos

-Capitán, el equipo Azul entero ha sido eliminado.

-Teniente, obligue al equipo Rojo a que aborten misión.

-Piden confirmación de la base

-Que se salten el puto manual de los cojones- estalla el capitán al mando de la flota aérea- que se larguen de aquí cagando ostias y que no miren atrás. Nos quedaremos cubriéndoles el culo.

La teniente mira al asiento que tiene delante donde está sentado a los mandos del avión de combate el capitán.

-Sí señor, transmitiré sus órdenes.

La misión de las once aeronaves era destruir una plataforma marítima que estaba succionando el agua del planeta. Dividas en dos grupos de cinco y una al mando de todas no había podido acercarse antes de que cinco de ellas fueran destruidas por las medidas de seguridad antiaérea presentes en la zona alta de la plataforma.

En el momento en que el equipo Rojo empieza la retirada salen varios misiles de la plataforma y se oye el grito de la teniente.

-¡¡¡Capitán!!!¡¡¡Son misiles térmicos!!!

-Distancia

-4 kilómetros y acercándose.

-Avísame cuando estén a menos de un kilómetro.

Y la aeronave empieza a subir rápidamente mientras que los misiles se acercan todavía más rápido.

-¿Qué piensa hacer capitán?

-Apagar los motores y salir de barrena cuando los misiles se dirijan hacia la plataforma aérea.

-Señor tienen que estar a un kilómetro de nosotros cuando paremos los motores, después de esa distancia los misiles captaran nuestro calor residual y nos seguirán de ese modo.

-Si lo hacemos demasiado pronto seguirán a nuestros chicos así que avísame cuando lleguen a un kilómetro exacto.

-Sí señor. Dos kilómetros doscientos metros señor.

-Vale-respira hondo y suelta todo el aire de golpe mientras que coloca los dedos justo encima de los interruptores de arranque- preparado para el apague total.

-Dos kilómetros.

La aeronave sigue subiendo hacia el cielo negro del planeta.

-Un kilómetro setecientos cincuenta metros.

Una pequeña gota de sudor cruza el puente de la nariz del capitán y se le cae al polo.

-Un kilómetro quinientos metros.

Se ponen las máscaras de oxígeno.

-Un kilómetro doscientos cincuenta metros, señor. Ya están aquí.

Los ojos de la teniente están fijos sin pestañear en el radar mientras los números que indican la distancia a la que se encuentra el misil bajan rápidamente.

-¡¡¡Un kilómetro señor!!! ¡¡¡Ahora!!!

No se lo tiene que decir dos veces, el capitán pulsa rápidamente el botón de apagado y el avión cae a plomo. Los ocho misiles se dan la vuelta y se dirigen hacia la plataforma de donde salieron.

-Capitán espere a que se lo diga. Necesitamos que los misiles estén más cerca de la plataforma que de nosotros para encender de nuevo los motores o se volverán hacia nosotros.

-Usted manda teniente.

“¡¡¡Barrena!!! Acelere está a un kilómetro de altura y bajando” empieza a gritar el ordenador de a bordo

-Todavía no señor.

“A setecientos cincuenta metros y bajando”.

-Siga esperando señor.

“A quinientos metros y bajando”

-Un poco más señor un poco más y podremos acelerar.

“A doscientos cincuenta metros y bajando”

-Ya estamos fuera de la distancia señor. Ya podemos acelerar a gusto.

Los misiles siguen directos hacia la plataforma y acaban produciendo explosiones en la parte superior, donde están las defensas antiaéreas de la plataforma.

-Capitán, ¿vamos a por ellos?

-Me acaba de leer el pensamiento, teniente.

La plataforma está sujeta con cuatro patas hundidas en el mar. En la parte superior se encuentra un depósito donde se almacena el agua succionada por un tubo central y  a su alrededor las defensas antiaéreas. Debido a que sus propios misiles habían destruido dichas defensas en ese momento la plataforma se encontraba vulnerable.

La aeronave se dirige disparada hacia el tubo central destruyéndolo con un misil. Antes de que pueda hacer otra pasada la plataforma se eleva por los aires gracias a unos propulsores en sus patas y se pierde en el gran cielo oscuro.

-Teniente ponga rumbo a casa.

De Pesca

Metía poco a poco los pies en el agua hasta que le llego a las alturas de las rodillas. Era muy pronto. Tan pronto ni que el propio Sol había salido todavía por el horizonte; pero para él el mejor momento del día.

Cuando se podía descubrir muchas cosas de la mar. Con solo estirar un poco los brazos y entreabrir la boca empieza a saborear el salobre que le acompañaba desde hacía treinta y cinco años; sentía además de estar seguido el sabor del agua dulce lo que significaba que iba a llover antes del mediodía. Y si eso lo había descubierto él, los habitantes de la mar también lo sabrían. Por tanto, antes del mediodía habrían salido a comer y como no le gusta mucho el sol los pulpos saldrían a comer antes del amanecer. No le queda más de media o una hora para pescarlos.

Sigue metiéndose en el agua esta vez un poco más deprisa y a la altura de los hombros ya encontró su barca y se mete en ella chorreando. Tranquilamente, mientras busca los remos respira el aire que tanto le gustaba y poco a poco sale de la playa que le vio nacer y se interna en la ría que durante treinta y cinco largos años le ha alimentado. Remando pausadamente se aproxima al lugar donde dejo unas cuantas cabezas de pescado antes de irse acostarse y aunque no había ni una sola boya que lo indicaba él no lo necesitaba. Podía ir hasta con los ojos cerrados aparece un rayo de luz que iluminaba todas las bateas que poblaban su ría. Poco después de sumergir  sacó su pequeña red con la maña de un experto y vio que había atrapado a un pulpo más grande de lo que se esperaba. Cuando ya le había dado dos golpes en la cabeza al pulpo matándolo se permitió mirar hacia el final de la ría justo cuando poco a poco el Sol ilumina lo que más amaba de ver. Esas dos islas que protegían toda su ría y que hacía nueve años habían soportado la marea negra de “chapapote” del barco. Para él su gran vicio era ese: ver el amanecer a través de las Islas Cíes.

Cuando los demás barcos pesqueros salían desde la playa y los muelles el vuelve remando relajadamente. Mete el remo en el agua mientras echa el aire, desliza el remo por el agua y sus pulmones se vuelven a llenar de aire; todavía podía oír la voz de su padre mientras le explicaba cómo se debía remar. Aunque los nudos de amarre nunca fueron fáciles de aprender no dejó que la sonrisa se le borrará de la cara.

Tranquilamente desanda el camino que tan solo una hora antes había hecho hasta su casa. Cuando abre la puerta lo primero que recibe es la voz de su hija gritándole:

-¡¡Padre cuantas veces le he dicho que no se vaya de pesca!!

La misma voz que su madre. Había heredado su voz potente y su carácter.

-Bonito pulpo suegro. Algún día explicará a su nieta como lo hace.

Una sonrisa como respuesta y como promesa a su propuesta. Tan condescendiente como siempre su yerno. Buen muchacho, mejor marido y un increíble padre para su pequeña nieta, no podía pedir más.

Relato 1 El Cuerpo Expedicionario

El Cuerpo Expedicionario de Su Majestad

 

Mientras pasea por el campamento que se prepara para dormir recuerda el odio que tiene al bosque. Esa asignación solo puede ser por algo. Quieren que demuestre que vale para algo. Y justo en el centro de los caminos que cruzan el campamento de norte a sur y de este a oeste, donde cabe un carro -como mandan los libros de estrategia-, está la tienda de mando hacia donde se dirige. Pide paso a los dos soldados que hacen guardia en la puerta, y ellos se apartan conforme al rango de estratega real.

El comandante se encuentra de espaldas, mirando un mapa desplegado en una mesa de campaña.

-Señor, ¿me había mandado llamar?

-Sí, estratega real. Quiero que planifique el orden de guardias para que un tercio de los hombres se encuentre siempre atento cuando entremos en el bosque.

-Señor, ¿no es demasiado para nuestra actual situación?

El comandante se permite una risa sarcástica y le pregunta:

-¿Qué sabe de nuestra actual misión?

-Perseguimos a unos presos fugados de una prisión del sur.

Un suspiro y clavo la mirada en sus ojos.

-¿Le suena Fargol?

-Es la prisión más segura que existe. A veinte leguas de cualquier sitio que haya una playa que permita desembarcar. Es una isla volcánica cuya única función es ser una prisión. La he estudiado, es imposible salir de allí.

-Empiece a replantarse sus estudios.

-Aunque consiguieran salir de allí, el Bosque Inhóspito no es un lugar donde esconderse.

-¿Sabe los únicos presos que albergaba Fargol?

-Sí, claro. La unidad llamada el Cuerpo Expedicionario de Su Majestad.

-El nombre completo es el Cuerpo Expedicionario de su Majestad en el Bosque Inhóspito. Para esos veintiséis hombres, este bosque es su casa y por tanto nosotros somos la presa.

-Señor, tiene a su cargo a más de doscientos hombres y por tanto no podemos ser de presa.

-Para ser exactos, doscientos cincuenta hombres que no conocen una batalla si no es en su imaginación. Los fugados no solo conocen la batalla: la aman, viven para ella y llevan diez años presos. ¿Cree que tendrán piedad de nosotros si nos pillan desprevenidos?

-Señor, ¿tan temibles son?

-He estado en el mismo ejército que ellos en la época de la emperatriz Drisnar y no solo tendría que tenerles miedo, tendría que estar odiando al que le haya mandando aquí. Una vez, estando en el apoyo de la retaguardia, cuando más de mil soldados habían pisoteado el camino, ellos surgieron de allí mismo para coger las manzanas frescas que habíamos encontrado el día anterior.

Otra vez, estando dentro del bosque, permitieron que unos doce monstruos que habitan en él se acercaran hasta los primeros piquetes a menos de un metro antes de matarlos porque se había retrasado en su soldada. Le aseguro que si ellos hubiesen querido, a esos monstruos ni les hubiéramos vistos.

-Señor, tenemos que avisar a los soldados de esto.

-Si quiere tener un motín, hágalo. Nadie se quedará y todos seremos declarados desertores, incluso usted que tiene tanta carrera por delante.

-Ahora mismo preparé los turnos de guardia, señor, e intentaré desarrollar alguna trampa para capturarlos.

-Si quiere perder el tiempo piense en eso, pero yo que usted estaría atento a cualquier movimiento que vea cerca e intentaría ver las trampas que vamos a tener en el Bosque.

-¿Algún consejo más?

-Manténgase vivo.

Corto

CORTO

ESCENA 1. EN UN PARQUE INFANTIL. EXTERIOR-DÍA

Rodrigo llega corriendo al parque mirando constantemente hacia atrás. Se acerca a Rubén, que está sentado en un banco viendo como juega su hija.

RODRIGO

¿Ve al hombre que viene detrás mío?-le agarra por la pechera-¡Ayúdeme, lleva siguiéndome desde la puerta de mi casa!

RUBÉN

Tranquilícese hombre. Yo no veo a nadie

RODRIGO

¿De verdad que no hay nadie? No puede pasar otra vez, otra vez -casi llorando y suplicando-Por favor, si no es mucha molestia lléveme ante el doctor de esta tarjeta. He tomado mis pastillas pero no me han hecho efecto y tengo que visitar a mi doctor.

RUBÉN

Por supuesto, no se preocupe, ahora mismo vamos. ¡Silvia, nos vamos!

CORTE A

Rubén va de la mano con su hija Silvia dando un paseo.

SILVIA

Papa ¿Por qué hemos llevado a ese hombre al médico si no estaba malo?

RUBÉN

Porque hay enfermedades que están dentro de la cabeza y ese pobre hombre tiene una de esas.

SILVIA

¿Y por eso nos seguía el otro hombre para que no le pasará nada?

RUBÉN

¿Qué otro hombre?

SILVIA

El que nos seguía.