Relato 13 El Cuerpo Expedicionario

Relato 13 El Cuerpo Expedicionario

Llevábamos dos días planeando como escapar. Había hecho pequeñas pruebas con mis pequeños animalitos. Un truco que aprendí mediante los estudios de campo que nos obligan a hacer a todos los aprendices que quieren ser estrategas reales.

Escapar de un sitio que desconoces por completo. La forma fácil de descubrir si tus ideas pueden funcionar es usar pequeños animalitos que se entrenan fácilmente para que sigan el camino que tú quieras. Como les das de comer, al final vuelven y una pequeña hierba en la boca, una simple brizna, sirve para demostrar que ha salido al exterior.

Aquí usé la misma técnica cuando me fijé en la expresión de los vigías mientras ven a esos ratoncillos corriendo. Su expresión no varía si no les ven moviendo el rabo, pero cuando esto sucede se quedan locos.

Había cinco soldados con cara sorprendida cuando envíe dos por las letrinas, pero ninguno cuando les envié por donde dije. Las soldados de este grupo son magníficas, trabajan a destajo enseñando para la guerra y por la noche preparan todo para irse.

La noche había llegado. Los nervios estaban a flor de piel. Grupos de cinco personas. Rápido y en silencio. Salir hacia la frontera. Seguir hasta llegar al río. Caminar dos kilómetros en dirección hacia el oeste. Y luego hacia al norte de nuevo. Sin esperar al resto. Sin fuego ni antorchas. Solo esperar tras haber superado los veinte kilómetros en dirección norte.

 

La Huida

La Huida

Se veía perfectamente la cabeza del objetivo. En el edificio de al lado y dos pisos por encima. Nada destacable. Un tiro sencillo. Hasta que todo cambio.

Empezaron a dispararme, ráfagas de balas pasan cerca de mí. Me escondo lo más rápido que puedo mientras la pared en la que estaba apoyado no hace ni cinco segundos se fragmenta y comienzan a lloverme trozos de escayola blanca. Todo esto era una trampa. Salgo corriendo hacia el pasillo cuando un lanzagranadas destroza el balcón del que acabo de salir. Alguien me tiene muchas ganas.

La recompensa por el trabajo, con el 50% adelantado, más todo el armamento que están usando. Alguien ha puesto mucha pasta para matarme.

Subo los escalones de dos en dos hasta la azotea. Cuando llego, más ráfagas de balas me persiguen mientras que respondo como puedo con mi propia metralleta. El cable de la tirolina está roto. Lo han descubierto. Vuelvo al edificio de nuevo. Bajo un piso, y mientras pienso en posible opciones el tramo de escalera del último piso explota por encima de mí. Corro escaleras abajo mientras los sucesivos tramos van cayendo cual fichas de dominó por la acción de las granadas de fragmentación.

Solo me queda un lugar por donde intentar escapar.

Me colocó la metralleta en la espalda mientras bajo los dos pisos que quedan. Saco las pistolas de sus fundas. Corro hacia la puerta principal, que está abierta. Apunto las pistolas a cada lado de la calle. Sin pensar me lanzo al exterior.

Si quieren mi cabeza tendrá que pagar el precio con sangre.

Salgo corriendo. Una ráfaga desde la derecha, respuesta de tres tiros. Dos ráfagas desde la izquierda, dos tiros más al norte y dos más al sur. Me tiró hacia el escaparate, lo reviento y entro de golpe en la tienda comestibles derribando una estantería. Una de las balas me ha dado en la pierna. Ha entrado limpia. Me arrastro por el pasillo mientras guardo las pistolas y cojo la escopeta que tengo al lado de la metralleta. Enriqueta se llevará a unos cuantos de por medio.

Entra uno por la puerta y recibe el primer disparo. Cae al suelo redondo. Se aproximan dos más por el escaparate que rompí. Uno de ellos recibe el segundo cartucho. Cargo rápido y el tercer también cae. Otro por la puerta. Me he quedado sin munición así que cambio a las gemelas; no son tan efectivas a corta distancia, pero hacen daño igual. Me sigo arrastrando hacia el fondo de la tienda. A medida que van entrando voy disparándoles y van cayendo al suelo.

Definitivamente he agotado toda la munición. Sólo me queda el cuchillo. Ya no se dan prisa en entrar, saben que estoy indefenso. Se aproxima el jefe, mi último aprendiz. Lo tenía que haber adivinado. Solo él podía conocer todos mis trucos.

-Hola jefe, hace mucho que no nos veíamos -sigue teniendo la misma cara de imbécil.

-¿Sigues igual de imbécil que cuando me dejaste?

Se parte de risa. Me ve acabado.

-Ahora mandó yo. Se acabaron los juegos y los trucos.

-Perdona que no te haga caso, me llaman para otro asunto -le lanzó el cuchillo por encima de la cabeza.

-Jefe estás perdiendo facultades.

-O no -Me tiró al sótano mientras la trampilla cae tras de mi. Le oigo gritar que vayan a por mí antes de todo salte por los aires. Siempre, siempre hay que tener una ruta de huida. Salgo cojeando por la parte de atrás de edificio mientras las sirenas de los bomberos empiezan a sonar.

Relato 12 El Cuerpo Expedicionario

Relato 12 El Cuerpo Expedicionario

– ¿Cómo vamos a entrar capitán? -pregunta el sargento Phoko mientras El Cuerpo de Expedición camina por el sendero de la Gran Cordillera

– Por dónde menos nos esperan. Por la entrada principal sólo hay una puerta y estarán esperándonos, vigilando a todos los que pasen. Pero en cambio, en la puerta para pesqueros el paso es libre.

– Señor, le recuerdo que no tenemos barcos de pesca -le interrumpe el sargento Phoko.

– Por ahora -dice Risitas con una sonrisa enorme en la cara.

– ¿Les vamos a robar a unos pobres pescadores, señor? -le pregunta directamente el sargento Phoko al capitán.

– Claro que no, sargento – se saca una bolsa llena de oro – la rebelión va a financiar esta operación.

– ¿Lo sabe la rebelión? -pregunta de nuevo Phoko

– En estos momentos, creo que ya se habrán dado cuenta de que lo van a financiar -dice el capitán con una sonrisa.

– Entonces capitán, ¿qué hago con estas bolsitas de oro que los de la rebelión nos han prestado sin saberlo y que mis hombres y yo nos hemos ofrecido a llevar? – dice el sargento Risitas.

– Creo que esto responde a tus preguntas sargento Phoko.

– Sí señor, última pregunta ¿cómo llegamos al mar?

– Huelo agua cercana y en mucha cantidad, un río al este -responde el sargento Olores.

 

 

Mientras tanto en la frontera, hay una reunión en la tienda principal de una capitana. Hay seis personas de pie alrededor de la mesa, la capitana, cuatro sargentos y el estratega real. Por fuera de la tienda sentadas de forma casi desordenadas, diez soldados vigilan que no haya oídos indiscretos que puedan enterarse de lo que se habla.

-Os han puesto en el centro mismo del campamento. Eso quiere decir que os quieren tener vigiladas completamente. Según los libros es donde hay que situar a los aliados que desconfías.

-Nos habíamos dado cuenta. Nuestra idea es huir por el oeste. Por las letrinas. Con ese olor nadie pasará cerca para vigilar -dice la capitana.

-Al revés, esa es la idea que queremos que piensen todos los posibles enemigos. Es donde más vigilancia está situada, pero de forma oculta. Mi idea es pasar por el sur.

-Primero, estamos lejos de nuestro objetivo. Tendríamos que rodear de nuevo el campamento para huir al norte. Y segundo tendríamos que pasar por delante de la tienda de su comandante.

-Esa es la idea. Nunca imaginarán que pasaremos por allí. Lo he estado observando y no hay casi vigilancia.

-¿Y oculta como en las letrinas? -pregunta una de los sargentos.

-Se diferenciarla y no hay nada. Tendréis que confiar en mí. Mi idea es tener todo previsto dentro de dos noches. Mañana preparemos el plan completamente.

Relato 11 El Cuerpo Expedicionario

Relato 11 El Cuerpo Expedicionario

– ¿Sabes dónde está la emperatriz Drujna? -pregunta el capitán.

– En el calabozo más profundo que existe. -responde uno de los jefes de la rebelión.

– ¿En la capital?

– Según nuestra información, no. Está en Milecosi.

– ¿Cuál es el siguiente paso que queréis dar?

– Vosotros vais hacia allí y nosotros haremos un par de planes frustrados por Ankratos, Rekain y Forken. En Milecosi tenemos un par de contactos que os harán pasar por guardias para que estéis cerca del calabozo. Seguramente contrataran nuevos guardias y seréis vosotros los nuevos contratados.

– ¡Menudo plan! Empezaremos a recoger nuestras cosas para irnos lo antes posible.

Mientras que los rebeldes se separan en tres grupos, el Cuerpo Expedicionario se dirige hacia su nuevo destino.

-Capitán, ¿le parece un buen plan?

-En mi opinión, no, Risitas; la verdad es que creo que nos van a estar esperando en Milecosi.

-¿Y qué vamos a hacer entonces? -sigue preguntado Risitas.

-Exactamente lo que todos esperan que hagamos, pero a nuestra manera sargento.

-Me gusta cómo suena, Capitán.

El Cuerpo Expedicionario se encuentra de camino, y se sienten cada vez más alegres. Si les están esperando mejor, porque les pondrán hacer algunos de sus mejores trucos. Cuanto más esperes a alguien más divertido se hará el combate.

 

Mientras tanto, en la frontera del reino, en el campamento donde se reúne el ejército más numeroso que se ha visto jamás, una sargento entra en la tienda de su capitana cuando está termina su frugal cena.

-Capitana, ha llegado un estratega real con un mensaje para usted.

-Que pase, sargento.

La cortina se corre dejando ver a un hombre totalmente sucio pese a estar sólo parcialmente iluminado por las llamas de las lámparas.

-¿Qué quieres de mí, estratega? Pareces nuevo aquí; ya deberías saber que mi pacto es que yo entrene a las tropas con total libertad.

-Mi señora…

-Capitana, por favor.

-Capitana, mi mensaje es iniciativa propia. Solo le hago saber que su estimado Cuerpo Expedicionario se ha fugado de Fangorl. A mi parecer les toca a ustedes hacer lo mismo.

-¿Qué quiere a cambio de la información?

Una pequeña sonrisa atraviesa la boca del estratega.

-Que me deje ayudarla con la fuga. He estudiado a fondo estos campamentos antes de diseñarlos para que resulten infranqueables; ahora me toca divertirme fugándome de uno de ellos.

-Me encantaría tener ayuda. Primero descanse; puede quedarse en mi propia tienda.

-Gracias, capitana.

Mientras el estratega real se dirige hacia el colchón, la capitana sale de la tienda con su sargento al lado.

-Reúne a todo el equipo. Que estén preparadas porque en breve nos vamos de aquí.

-Sí capitana.

Relato 8 Combates Aéreos

Relato 8 Combates Aéreos

¡Por fin terminaba! La ceremonia de agradecimiento se acababa. Me ascendieron a coronel. Se rindieron los honores póstumos al capitán desaparecido y dado por muerto. En su honor se enterró un féretro vacío.

Decidí ir a rendir mis propios respetos al muerto en combate. Ya en casa me cambié el traje por algo más cómodo, para algo tenía una semana de vacaciones, y recogí a mis hijos que también querían venir. Los tres me escoltaron hacia el cementerio mientras no paré de recibir felicitaciones de cada persona que nos encontrábamos en el camino.

Cuando llegamos nos dimos cuenta de que al lado de la tumba había alguien más presentado sus respetos a Fernando. Y resultaba extraño porque en el funeral estaba como mínimo el setenta y cinco por ciento de la población de Europa, es decir, todo el mundo. La gente ya había presentado sus respetos y ahora mismo intentaba reanudar su vida lo mejor que podía. El intento de invasión extraterrestre pasaría a ser un dato más en los libros de Historia que estudiarían los niños en los colegios.

Mientras nos acercábamos me fijé en su vestimenta. Era el típico traje de combate aéreo, como el que llevaba un poco antes pero cubierto de polvo y muy sucio. Mis hijos se quedaron rezagados y cuando llegué…

-No está mal mi tumba ¿verdad?

Esa voz… ¡Había sobrevivido!

-No te extrañes, coronel. No quería nada de esto. Ya tedije que a mí me gusta volar. Con todos estos honores me harían sentarme y me obligarían a dejar a volar.

-¿Qué harás ahora? –pregunté.

-Me han contado que están buscando gente para pilotar naves espaciales. Tengo una nueva identidad de antiguo piloto. Me apuntaré para pasar un antiguo piloto. Por cierto… Tienes tres pimpollos ¿no?

-Sí. Están destrozados pensando que has muerto.

-Que no sepan todavía la verdad, pero cuando vayan a entrar en la academia de pilotos que se acerquen a mi tumba, esperen una semana y lo vuelvan a hacer. Me tendrán de maestro.

-Gracias, capitán.

Cuando se va el capitán, los niños se cercan.

-¿Quién era mamá?

-Un viejo amigo hijo, y vuestro futuro profesor.

-¿De qué mamá?

-Lo sabrás a su debido tiempo.

 

Relato 10 El Cuerpo Expedicionario

Relato 10 El Cuerpo Expedicionario

Después de limpiarse los restos de hierba y paja que tenían por todo el cuerpo, el capitán de El Cuerpo Expedicionario y el sargento Olores se acercan al grupo formado por los demás sargentos de El Cuerpo Expedicionario con los jefes de la rebelión.

-Nosotros hemos cumplido con nuestra parte del trato- está diciendo el sargento Risitas.

-Hemos sacado a la emperatriz Drisnar de su prisión mientras el sargento Olores aquí presente y yo mismo hacíamos de cebo. Os toca vuestra parte del trato. ¿Dónde están nuestras familias? –añade el capitán.

– En el sur. Lo que hemos averiguado es que han sido reclutadas a la fuerza para que dirijan los ejércitos del emperador Drujna. Quiere hacer una guerra en la frontera y quiere ganarla –explica uno de los jefes de la rebelión.

– Vuestro mejor movimiento es el que nosotros también queremos: llevar a la emperatriz Drisnar al trono para que retiren a vuestras familias, mujeres e hijos de los ejércitos.

-¿Y evitar la guerra? –Pregunta Duende.

-Depende de que nos beneficie más.

-En principio estamos con vosotros.

Los jefes de la rebelión se retiran junto a sus hombres con una sonrisa en la cara. Mientras tanto el capitán y sus sargentos se retiran con cara de consternación.

-¿Se fía de ellos, señor?- pregunta a los cinco minutos el sargento Phoko.

-No, antes me fio de vacas que vuelen que de esos tíos. Quieren poner a la emperatriz porque la quieren como títere para poder hacer sus tejemanejes. Saben que somos su mejor baza y no nos van a dejar  ir tan fácilmente.

-¿Nuestras familias no están en el sur? –sigue preguntando el sargento Phoko.

– No creo que nos mienta respecto a eso. De lo que no estoy tan seguro es de que dejen marchar a las mejores líderes que tienen.

-En cuanto a lo de que las vacas vuelen, señor, si hacemos una catapulta como lo del cadalso… – empieza a pensar en voz alta el sargento Risitas.

-¡¡Sargento Risitas!! Ni se le ocurra volver a hacer nada de eso.

-Sí señor.

Relato 7 Combates Aéreos

Relato 7 Combates Aéreos

-La misión consiste en capturar cazas enemigos, aprender volar con ellos, ir a su base, conseguir toda la información que podamos para después  reventarla como mejor podamos.

-Exacto teniente. Cerca de nuestra genialidad.

-Lo primero será capturar los cazas enemigos. ¿Alguna idea teniente?

-Sí señor, bastante descabellada pero creo que puede funcionar.

Dos cazas enemigos aparecen por el horizonte. En mitad de la calle se encuentra el capitán andando que se echa a correr cuando los dos cazas se lanzan en picado a por él. Gira en la primera calle que encuentra a la derecha. Los cazas se encuentran muy cerca y muy bajos cuando toman la curva. Una red enorme con especial desciende desde los tejados que hacen que caigan de golpe al suelo. Los han paralizado.

-Buen trabajo, teniente. Primer paso completado.

El problema de estos aparatos es que están dirigidos mediante un programa informático de la nave base y por tanto no tienen cabina desde donde pueda dirigirlos una persona.

Después de estar trabajando toda la noche los ingenieros consiguen introducir cabinas en las aeronaves sin que ello cambie el diseño exterior de las mismas. Poco antes del amanecer simulan su reconexión con el ordenador central.

-En la pantalla de aquí abajo veis la ruta que debéis seguir según está mandando el programa. Volar como si siguierais en su dominio. No os debéis desviar ni un solo ápice porque si no se darán cuenta del engaño.

-¿Nos manda de nuevo hacia la base?

-Eso parece, capitán. Querrán hacer un análisis completo tras haber estado una noche sin dar noticias suyas. Por tanto conseguiremos llegar a su base sin las pérdidas y retrasos de la última vez. Que toda la suerte de la humanidad esté con vosotros.

-La necesitaremos- dice el capitán Fernando mientras cierra la cabina y se prepara para irse.

Los dos cazas salen volando y a medida que aumenta la velocidad empiezan a describir la curvatura que indica su próxima salida hacia la estratosfera. Treinta minutos después ya están en posición y velocidad para lograrlo. Como preocupación tanto el capitán como la teniente llevan puestos los monos de astronauta para aguantar un ambiente sin atmósfera.

Sin dificultades se acercan a la nave madre y entonces lo ven. Un enorme cuadrado de donde salen y entran naves continuamente.

-¿Capitán?

-Creo que es un agujero de gusano.

-¿Está bromeando?

-No tenemos tiempo para ello. Usted encargase de robar toda la información que pueda. Intentaré cargarme esa estructura y la nave madre.

-¿Y cómo piensa hacerlo?

-Algo se me ocurrirá con los explosivos que he traído.

Mientras tanto la nave madre les está recibiendo.

-Teniente aterrice. Conéctese cuando pueda. Avísame cuando esté preparada para salir.

-¿Qué va a hacer capitán?

-Una de mis mayores especialidades. Una maldita locura.

Según se está cerrando la compuerta el capitán cambia de rumbo del caza y sale disparado al espacio exterior. Las alarmas suenan por todos los lados y todos los cazas que estaban en reposo se ponen en funcionamiento a la vez pero las compuertas ya se habían cerrado. Tienen que esperar a que se abran de nuevo.

-Capitán vaya contándome cómo le va la cosa.

-Ahora mismo tengo diez… once naves enemigas. Creo que no me pueden reconocer. Bien, bien. Empieza la diversión. A ver pequeñín de que eres capaz. ¿Teniente cuando se abren las compuertas?

-Cinco minutos.

-Hágalo rápido.

-En principio vamos bien, nadie sabe que soy yo. Me voy acercar a la puerta enorme que hay aquí. Por lo que parece está hecha de un material que no conozco. Parece que tiene capacidad para transportar naves porque aquí hay una enorme cola esperando para pasar. Tengo una idea pero…. Va a ser difícil.

-Capitán, ¿qué se le ha ocurrido?

-Ya lo verás- dice mientras sonríe: -Por ahora esperaré a que abran las puertas para que mi plan funcione.

Mientras la teniente termina su trabajo robando la máxima información de los aliens, el capitán sigue dando vueltas, tal y como le requiere el ordenador de a bordo, como si fuera una nave más.

-Capitán, ya he terminado. Me llevo la información.

-La cubro teniente, no se preocupe. Solo una cosa. No miré atrás pase lo que pase.

-Señor.

-Es una orden teniente. Obedézcala.

-Salgo con las demás naves. Saldremos en diez segundos.

-Ok. Empieza la diversión.

Las compuertas se abren y salen disparadas hacia fuera.

-Capitán me sale como nave enemiga a eliminar.

-Perfecto. Váyase hacia la Tierra ya.

Al ser la última en salir, la nave de la teniente puede desviarse en dirección a la Tierra sin que ninguna nave se interponga en su camino. Mientras tanto el capitán sitúa su nave cerca del gran portal. Todas las naves disparan sus misiles hacia él que permanece firmemente quieto duramente un buen rato. El ordenador de a bordo empieza a gritar:

-Misiles a treinta segundos.

El capitán posa la mano en el mando de dirección de la nave con calma.

-Misiles a quince segundos.

El capitán enciende sus propios misiles y apaga el motor.

Misiles a cinco segundos.

Dispara sus misiles en dirección al portal. Entonces, todos los demás misiles siguen a los suyos y es cuando el capitán enciende sus motores y sale disparado en dirección contraria. Todos los misiles atraviesan el portal que no resiste la cantidad de movimiento y revienta. La nave del capitán atraviesa el enjambre de naves enemigas sin problemas debido a que no tienen misiles con que pararle. La explosión del portal provoca también la explosión de la nave madre y la explosión empieza a perseguir a la nave del capitán mientras que las demás naves sin dirección van explotando.

La nave del teniente ya está bajando y sufre la presión de la atmósfera.

-Capitán me escucha.

-Repito, capitán está allí.

Debido a todas las explosiones no se puede ver ninguna señal en el espacio.

Relato 9 El Cuerpo Expedicionario

Relato 9 El Cuerpo Expedicionario

-¿Quieres saber quiénes os traicionaron?

-¿Nuestros amigos, los rebeldes?

-Emperador, capitán, emperador. Exacto, os dieron papeles falsos, capitán, no ibais a poder pasar nunca.

El emperador se encontraba en las mazmorras donde tenía al capitán y al sargento Olores encadenados contra la pared en forma de cruz.

-Querido capitán del Cuerpo Expedicionario del Bosque Inhóspito, no deberías haberme desafiado nunca. Así lo aprenderá cualquier mando de mi ejército. Después vendré para el interrogatorio.

El emperador sale de la mazmorra cerrando la puerta tras de él, dejando solos a Olores y a (nombre). Por primera vez desde que fueron capturados pueden hablar.

-¿Nos traicionan los rebeldes, jefe?

-Es la forma de que los soldados miren hacia otro lado. Tendrán algo preparado para nuestro querido emperador.

-Ahora nos toca a nosotros.

-Salimos de Fangorl, por tanto, esto debe ser pan comido. Lo más seguro que el emperador espera que huyamos y lo aprovechará  para seguirnos con el fin de capturar al resto… ¿Cómo te encuentras Olores?

-Bien, capitán, me gustan los olores que hay por aquí. Estoy muy cómodo, así que, jefe, por mi perfecto quedarme por aquí.

-Perfecto sargento. Me siento orgulloso de ti.

 

 

 

ESTRATEGA REAL

Por mucho que digan los voceros reales, hay algo que me huele mal. No creo que captures tan fácilmente al capitán y a uno de los sargentos del Cuerpo Expedicionario. Muchos dicen que al salir del Bosque Inhóspito se condenaron pero no lo creo. Hay algo más en todo esto. ¿Por qué los rebeldes iban a dejar que cogieran a su mejor adquisición? ¿Dónde está el resto del Cuerpo?

Me dirijo hacia el cadalso que han montado en el centro de la capital, Nachdur, donde se está dirigiendo toda la gente. Cuando llego, la plaza ya está a rebosar y eso que hay un montón de soldados que protegen desde todos los lados. Temen un intento de salvamento del resto del Cuerpo.

Demasiado fácil para ellos. De lo poco que sé es que hay que esperarlos cuando no lo creas, prepararte para todo. Esto es….. ¡¡Claro que sí!! La mayor y más grande de las distracciones.

En poco tiempo, salen el capitán y el sargento encadenados y escoltados por la Guardia Imperial. Hay que reconocer que el emperador sabe hacer las cosas. La gente empieza a abuchearlos.

Suben el cadalso mientras que la Guardia Imperial lo rodea. El verdugo presenta el hacha al capitán mientras que él en un gesto rapidísimo se la quita. Casi tan rápido como le quita el hacha golpea una cuerda que estaba por allí y salen disparados fuera de la muralla. El cadalso era una catapulta, lo tenía todo preparado. Solo queda saber para que habían planeado toda esta distracción.

Relato 8 El Cuerpo Expedicionario

Relato 8 El Cuerpo Expedicionario

Caminan hacia Rekaim mientras que hablan como si fueran unos comerciantes más que quieren entrar en la ciudad.

-Señor, ¿no le hemos dicho al estratega que esperaremos una semana para que nos traiga a nuestras familias?

-Risitas, el emperador no va a traer a nuestras familias así que iremos a buscarlas por nuestra cuenta. Nos esperan dentro de una semana y ahora estarán movilizando a sus tropas hacia el norte, hacia el bosque. Nosotros iremos en dirección contraria.

-Señor, necesitaremos papeles –dice Pokho.

-Por eso vamos a la ciudad. Creo que Duende tiene contactos con los rebeldes. Ellos nos proporcionarán los papeles. Les gustará saber que estamos de su parte.

-¿Y lo estamos, señor? –pregunta Duende.

-Por el momento, señores, por el momento.

En ese momento es cuando pasan por la puerta principal de Rekaim. En la ciudad no hay controles porque el peligro está en el sur y, además, nadie sabe que El Cuerpo Expedicionario se ha fugado de Fangurl.

Olores se había tapado la nariz porque odia todo el olor a ciudad. Siempre que está en cualquier urbe refunfuña por los ataques constantes a su desarrollada sensibilidad, y que tiene que aguantar mientras Risitas se ríe a mandíbula batiente de su sufrimiento.

Los demás miembros del cuerpo desaparecen y se infiltran entre los habitantes hasta nuevas órdenes. Cumplen con la única consigna del día: pasar desapercibidos.

Relato 7 El Cuerpo Expedicionario

Relato 7 El Cuerpo Expedicionario

Dentro del salón de trono el estratega real ha contado su relato mientras el emperador y su consejero, que está sentado a su derecha en un taburete más bajo que el trono, conversan.

-Entonces me estás diciendo que esos veinte tíos.

-Veinticinco soldados profesionales, mi señor.

-¡Me da igual!- le grita el emperador Drujna:- A lo que iba, esa panda de soldados ¿se creen que tiene poder para amenazarme?

-Sí señor, digo no señor- estoy demasiado nervioso para atinar con las palabras.

-Señor, ¿qué quiere que hagamos?

-Tú eres mi consejero, aconseja.

-Señor, en su terreno son inexpugnables. Mejor ceder. Devolver a sus familias no dolerá tanto como movilizar a todas las patrullas de las ciudades del norte para que estén pendientes de veinticinco hombres. Le recuerdo que tenemos esos pequeños reductos de rebeldía en el norte además de todos los ejércitos en el sur para la invasión.

-Menuda mierda de consejo. La invasión seguirá según el plan. Los reductos de rebeldía que apoyan a la emperatriz serán destruidos aunque tenga que ir yo mismos. Esos hombres no me dan miedo. – da un puñetazo al resposabrazos y empiezan a dar gritos: – ¡¡Un emperador no tiene que tener miedo!! ¡¡Váyanse todos!!

Inmediatamente la guardia personal del emperador sale para expulsar tanto al consejero como al estratega real y así cumplir la orden del emperador.

Cuando éste se queda solo, se levanta del trono, baja los cinco escalones dónde está situado y llega a un mesa con una botella. Descorcha el tapón y se sirve tres dedos del líquido amarillo en una copa que tiene al lado. Lo bebe despacio y mira al capitán de su guardia personal quien estaba dedicándose a buscar asesinos encubiertos por la habitación. Como si tuviera un sexto sentido se da la vuelta y el emperador le dice:

-Quiero que desaparezcan los dos esta misma noche.

-Sí señor.

El capitán se está dando la vuelta cuando el emperador ordena de nuevo:

-Quiero que parezcan que se han fugado para ayudar al Cuerpo de Exploración. Observa a toda la corte en busca de alguno otro que parezca que quiera hacer lo mismo.

-Sí señor.