Traición 6: Observación

Traición 6: Observación

La supervisión los llevó hasta la plaza del pueblo. Cada uno de los cuatro se encarga de mirar un punto cardinal y se fija en cualquier detalle que no tuviera que estar allí.

Ella se fija en todo y en nada, hasta que los ve. Los seis mercenarios paseaan como si fueran los dueños de todo. La gente se aparta de ellos por sus espadas y la facilidad que tienen para sacarlas. No le gusta esta gentuza.

-Capitana Raina, ¿Qué tal estás?

– Mavore.

-Echo de menos un capitán en esa frase.

-Lo serías si estuvieras en el ejército, pero simplemente eres un mercenario.

Se empieza a reír hasta que dice:

-Por ahora, capitana, por ahora. Espera y verás lo que ocurre. La lucha por la religión del Sol Naciente solo es el principio. Hay nuevos planes para esto.

– ¿Cómo la defensa de tu propio campamento? Se cuenta que han desaparecido soldados.

Las caras de todos dijeron lo suficiente. No era muy dada a los rumores, pero se lo merecían. Y se van con buen paso hacia las murallas, pero menos sonrientes. Al norte y fuera de la ciudad,  dónde está su campamento.

-Capitana, ¿Qué era eso del Sol Naciente? – pregunta Oeste. A los cuatro les gusta que les llamen por el punto cardinal que defienden.

-El duque declaró que estaban en rebeldía. Mando a los mercenarios y los masacraron- La tensión se nota en la voz de la capitana.

-¿No estaba su hermano…?

-Sí, Oeste, mi hermano estaba en el Sol Naciente.

-Nuestras condolencias, capitana.

-Seguid trabajando, muchachos.

Traición 5: Las puertas

Traición 5: Las Puertas

Ya había pasado casi toda la mañana, y seguía llegando gente. Por mucho que fuera un trabajo poco constante era monótono. No había gran ajetreo excepto al amanecer para que los granjeros pudieran poner sus tiendas en el mercado. El resto del día entraba poca gente.

Se acerca el mediodía cuando se acercan dos carros:

– Hombre, Dayo ¡cuánto tiempo!

– Mucho compañero, la vida que da muchas vueltas.

– ¿Está vez dos carros?

– Es que me han dicho que le enseñe el oficio a mi sobrino y me lo voy a llevar unos años conmigo para que le conozcáis.

– ¿Sobrino?

– Por parte de mujer ya sabes las cargas del matrimonio.

– Claro que lo sé, la mía es igual. Mira a mi compañero es de su familia y no sé de qué parte.

Se parten de risa los dos.

– Ya sabes que tenemos que verificar la carga.

– Cómo siempre, no hay ninguno problema,

Mira a su familiar y le hace un gesto con la mirada quien se levanta del muro donde estaba apoyado y empieza con el registro. Mientras la familia de Dayo sale del primer carro y su sobrino del del segundo junto con una mujer.

– Mira son mi sobrino y su mujer. Son unos críos ya me entiendes, Tello, así que les estamos enseñando.

– Encantando, señor.  El sobrino le parece un hombre bastante joven, pero con una mirada muy adulta. Su cara le sonaba de algo, pero no conseguía ubicarla.

– ¿Nos hemos visto en algún sitio?

– Lo dudo mucho señor Tello, me acordaría de usted. Mucha gente me confunde con un soldado de relieve que nació en la misma aldea que yo.

– ¡Ostras! ¿Es verdad!, el rastreador jefe que acabó en la secta del Gran Sol. Os parecéis muchísimo, ahora caigo.

-Madres hermanas, señor.

– Llámame Tello hijo, si eres de la familia de Dayo puedes llamarme así. Encantando de conocerte.

– Jefe, nada – grita el otro.

– Pasa Dayo. Nos vemos.

Todos suben a los carros y entran por las puertas del edificio. No puede ser el mismo ya que las noticias dicen que hubo un ataque de bandoleros a la secta del Gran Sol y murieron todos. Mira a su familiar, otra vez apoyada en el muro de la muralla. Un día sin poco lío.

Traición 4: El Misterio

Traición 4: El Misterio

Un rato después de haber ocultado los cadáveres tanto de soldados como de caballos y atar a los tres caballos sanos al carro, se disponen a escuchar al herido. La familia le deja solo con él.

– Como averiguasteis no somos una patrulla normal. Somos del Ejército de Mercenarios del Sur de X contratados por vuestro actual rey. Estábamos volviendo del ataque a la Secta del Gran Sol cuando emboscamos a una patrulla. No dejamos ningún superviviente.

Lo que no se sabe es que tras el desfiladero de Rocker, capturamos viva a vuestra general, y la llevábamos hacia la capital. Nuestro general necesitaba un chivo expiatorio para que lo pudiéramos colgar. Esa es la carreta que tenemos escondida quinientos metros más atrás recuperándose de sus heridas.

La última pregunta ¿tú quién eres?

– Solo un soldado que quiere venganza. Estuve antes del desfiladero, fui el último en salir pero me disteis por muerto.

– No puede ser…. Tú eres el que mataste a quince de los nuestro y heriste como a diez mientras les dejabas huir.

– No me quede para contarlos.

– ¿Qué vas a hacer conmigo?

– Te prometí que no te mataría y cumpliré esa promesa. Tienes dos opciones, ir al norte solo o quedarte aquí.

– Dadme un caballo y no me volverás a ver. Nadie tiene que saber que sobreviví a esto. Si saben lo que te he contado soy hombre muerto.

– Chico listo, te entablillaré la pierna y podrás irte.

 

Traición 3 El combate

Traición 3: El Combate

– Vosotros seguid, yo les intentaré retrasar.

– Ni lo sueñes. Nosotros te apoyamos. Dayo, para.

Y así es como se preparan para la batalla. Él salta del carro justo nada más pararlo en mitad del camino mientras que la patrulla falsa para la carrera. Dejan descansar a los caballos a unos treinta metros del carro. Mientras tanto la familia saca sus arcos y el padre saca una lanza.

– No bajes, sois más de utilidad arriba.

– Pero…. Solo tenemos tres arcos.

– Quédese arriba con la lanza y al que se acerque le ensarta. Dejeme a mí el resto.

Y simplemente estudia. En el camino solo caben tres caballos de golpe por culpa de los árboles que circunda el camino. No les podía rodear de ninguna manera. Con el bajobosque seco que hay por los lados, tardarían mucho y los oirían llegar antes de ser sorpresa.  Por tanto, el ataque será frontal. El camino está totalmente despejado y llano. Una buena carga de caballería. Eran en total nueve soldados, más que cualquier patrulla normal y menos que una de ataque.

– Disparad a los caballos. Si es posible no lo mateís solo heridlos.

Si es posible que la carga sea lo más lenta posible. Y de pronto, ya están preparados. La carga empieza sin gritos ni amenazas. Solo quieren acabar pronto. Mejor. Una sonrisa se dibuja en la cara. Saca la espada de su tahalí y saluda al Sol.

Tres flechas salen disparadas hacia la carga. Solo dos impacta en los caballos, justo en las patas, mientras una se queda clavada en el árbol de al lado. Pero no importa ya que, en el dolor, el caballo derriba al caballo que se había librado. Dos de los jinetes salen disparados hacia delante mientras que otro jinete queda atrapado en su montura por una de sus piernas.

Los otros tres jinetes saltan por encima de los caballos heridos sin ver a sus compañeros caídos y los aplastan.

Las tres flechas aciertan pero esta vez sus jinetes están preparados y saltan antes de que los caballos caigan.

– Disparad ahora a los jinetes- grita mientras se prepara para los jinetes que se levantan. Tres contra uno. Vuelve a sonreír.

Son listos se abren para que tenga más que estar pendiente pero no se esperan que él fuera el primero. Carga contra el de más de la derecha, finta un tajo derecho a la altura de las piernas que se convierte en una profunda estocada en el corazón. Lo atraviesa, pero no lo hunde profundamente para sacar rápidamente el arma mientras se cae el cuerpo sin vida.

Los otros intentan atacar, pero no son lo suficientemente rápidos para él. No quiere ni intentar defenderse, vuelve al ataque a las rodillas del oponente central, el más cercano a él. Cae con la espada atascada en la rodilla derecha desapareciendo su capacidad para el ataque.

Sin espada, se tira al suelo con patada a la espinilla del último contrincante. Cae con el hacha delante suya. Se la clava.

Se pone de pie, destraba la espada de la rodilla del agresor y le corta rápidamente el cuello. Mira a su alrededor. Dos de los jinetes que faltan han caído, uno con una flecha en el cuello, otro con otra en el pecho y con el cuello roto por la caída. El tercero acababa de ser ensartado por la lanza del padre. Bien hecho.

Solo falta una cosa por hacer. El herido debajo de su caballo. Se acerca a él.

– ¿Quién eres y qué quieres?

– Si no me matas te lo digo todo además de dónde está la carreta.

– ¿Qué carreta?

– Eres un creyente de la secta Gran Sol ¿no? Te interesa saber la carreta pero antes necesito que me quites a mi caballo de encima.

Traición 2: Primeras impresiones

Traición 2: Primeras impresiones

Según comen los conejos que había cazado, empiezan a contar cada uno su historia.

Él solo cuenta lo relativo a su apariencia. Soldado retirado, perseguido por una banda de bandoleros, tuvo que huir por el río, cayó por la cascada.

Ellos, una familia de comerciantes en busca de la capital del reino para poder vender sus pieles. Están armadas por el peligro actual, no se fían de lo que dicen los reyes sobre la seguridad de los caminos ya que varios de su gremio ya han muerto.

Quedaron en que juntarían sus caminos hasta llegar a la capital. Él se situó detrás del carro cuidando de las espaldas andando.

Nunca le ha importado andar, andaba mucho como rastreador y ya retirado del ejército siguió dando largos paseos. Seguir el ritmo de un carro cargado no iba a ser ningún problema la semana que les quedan hasta la capital.

Su historia era cierta pero no completa. Es verdad que es un rastreador retirado, que le persiguen una banda de maleantes, pero … la banda de maleantes atacaron una comunidad de soldados retirados que seguían una nueva religión. Eran familias enteras que seguían un sendero pacifista.

Tuvo que apoyar en la huida con los pocos que tuvieron las espadas en la mano de todas las familias. Cuando les ganaron el tiempo posible, empezaron a correr la retaguardia él se quedó el último y se tiró al río para poder huir.

El río está en aguas bravas y le llevaron a una catara. Milagrosamente, sobrevivió a todos eso. Ahora quería algo más. Quería venganza. Han quemado su casa y su única posibilidad de ser feliz. Ahora le toca saber qué es lo que ha pasado. Y primero es averiguar lo que pueda en la capital.

Mira un solo momento para atrás:

-¡¡Caballería detrás!! Coged las armas.

La hija que le estaba observando pregunta:

-Parecen que son soldados del rey. Una patrulla.

-¿Desde cuándo las patrullas llevan carros?

Traición 1: Cansancio

Traición 1: Cansancio

Sale despacio, muy despacio, de las apacibles aguas del lago, casi arrastrándose para llegar a la orilla. El cansancio se le nota en las grandes ojeras que resaltan en su rostro.

Deja de moverse cuando toca tierra seca; ya no hay agua que le pueda arrastrar. Acaba de amanecer.

Le despierta el hambre. El sol está a punto de ponerse por la montaña de la cascada que riega el lago. Se incorpora lentamente y lo primero que hace es buscar fruta entre los árboles. Encuentra un puñado de pequeñas piezas rojas comestibles. Nada más comerlas comienza a oscurecer. Sin luz llegará el frío por lo que resulta urgente encontrar leña seca para poder realizar un buen fuego.

Casi una hora después está sentado junto a un fuego con más fruta mientras seca la ropa para poder dormir algo más. Ese es su deseo, descansar y calmar sus doloridos músculos.

Nada más amanecer, se levanta más animado y lleno de energía; se ejercita con la espada, la única posesión que mantuvo en toda su huida, durante una hora. Después de estirar los músculos, vuelve a buscar más comida. Quiere algo más que fruta. Busca caza. Donde hay fruta, hay animales que la comen.

Experto en rastreo, le resulta es demasiado fácil cazar un conejo. Por eso siempre iba en las vanguardias de los ejércitos porque era el mejor rastreador.

Cuando el sol ya está en el centro del cielo y él cocinando su conejo un carro se acercó hacia él.

Mientras un niño pequeño, de unos seis años, llevaba las riendas, la madre le apuntaba con un arco. Cuando el crío para el carro, el padre y la hija mayor, de unos quince años, salen de la parte de detrás con ambas lanzas apuntándole.

La operación está muy bien ejecutada. Muy rápida.

Se levanta despacio y lanza su espada, que está junto a su mano, lejos de su alcance.

– ¿Quieren conejo? Creo que he hecho para todos.