Relato 15 El Cuerpo Expedicionario

Relato 15 El Cuerpo Expedicionario

Seguimos en dirección norte. Había que subir lo más rápido posible sin que nadie nos detectará.

Cuando estábamos a una distancia segura del campamento invasor nos detuvimos. La capitana y sus sargentos me rodearon. Ha llegado mi momento culmen donde demuestro porqué merezco seguir.

-Sé que me vais a preguntar y la respuesta es en la ciudad de Milecosi. Los rebeldes os mandaran a cualquier otra para que les ayudéis. Os intentaran engañar, no les hagáis caso.

– ¿Por qué debemos confiar en tí y no en ellos?

– Porque soy el único que se ha preocupado de vosotras. No es lucha anti expansionista. Es una lucha por gobernar y ambos, tanto rebeldes como imperiales, os necesitan en el sur para que adiestréis a sus soldados. Además, vuestro objetivo es reunirnos con el resto del Cuerpo. Nadie os quiere.

– ¿Y tú por qué sí?

Saqué mi mejor sonrisa:

– Quiere aprender tácticas con vosotros. Quiero aprender a luchar en el Bosque Inhóspito.

-Estás majara.

-Ya lo sé pero ahora sabéis con quién estáis. Debéis decidir si confías en mí.

Se reune todo el grupo mientras yo me iba a dar una vuelta. Cuando volví tenían la decisión tomada. Me seguirían.

Lo difícil es que ni rebeldes ni imperiales nos vieran. Ocultar a tantas personas me dieron dolores de cabeza todos los días que estuvimos en ruta antes de llegar. El tiempo nos acompañó. Sólo caminábamos por la noche por los caminos principales, Y seis días después conseguimos entrar en Milecosi. Fue por la mañana, nada más abrirse las puertas.

Cuando nos queremos dar cuenta estamos reunidos con el resto del Cuerpo Expedicionario.

– Entonces subimos hacia el Bosque Inhóspito con este y les dejamos que se rompan la cabeza ellos.

Y así es como empezó mi aventura en el Bosque Inhóspito.

Relato 14 El Cuerpo Expedicionario

Relato 14 El Cuerpo Expedicionario

-Salió como dijiste estratega, buen trabajo. -felicita una de las sargentos tras reunirse todas de nuevas.

-Y ahora, ¿qué hacemos capitana? – pregunta otra de ellas.

-Buscar a los nuestros -responde.

-Creo que se cómo os puedo ayudar- añade el estratega- Hay que preguntar a los rebeldes.

-Porque es lo que haríamos nosotras- dice la capitana mirando al estratega- Está muy bien pensado.

Se encontraban reunidas en medio de la llanura de hierba alta, la misma que se extendía desde el último pueblo conocido hasta los límites de la frontera. La hierba acababa en puntas rojas dotando a toda la llanura una peculiar sensación de calidez. Corrían y saltaban animales por toda la zona mientras que sus depredadores esperaban tranquilos el momento idóneo para abalanzarse sobre ellos.

-Avanzaremos hacia el sur y en el primer pueblo preguntarnos qué pasa por aquí. A ver si tenemos suerte y hay algún rebelde que nos pueda reconocer-

-Es una buena idea capitana -añade el estratega real.

-Pongámonos en marcha. Dentro de poco, en cuanto no descubran nuestro rastro por donde ellos creen que debería estar enviarán patrullas en todas las direcciones. Tenemos que estar en movimiento hasta que lleguemos al pueblo.

Recogieron las pocas posesiones que se habían podido llevar del campamento y empezaron la marcha hacia el norte.

 

 

Mientras tanto unos cuantos barcos pesqueros bajan tranquilamente el río hasta su desembocadura. El Cuerpo Expedicionario se había dividido la ciudad en cinco barrios; de cada uno de ellos se encargaría un sargento que, con sus soldados lo estudiaría en profundidad. Posteriormente el capitán una vez recopilada toda la información intentaría deducir donde retienen a sus mujeres. El plan era sencillo, el asunto que saliera bien.

Relato 13 El Cuerpo Expedicionario

Relato 13 El Cuerpo Expedicionario

Llevábamos dos días planeando como escapar. Había hecho pequeñas pruebas con mis pequeños animalitos. Un truco que aprendí mediante los estudios de campo que nos obligan a hacer a todos los aprendices que quieren ser estrategas reales.

Escapar de un sitio que desconoces por completo. La forma fácil de descubrir si tus ideas pueden funcionar es usar pequeños animalitos que se entrenan fácilmente para que sigan el camino que tú quieras. Como les das de comer, al final vuelven y una pequeña hierba en la boca, una simple brizna, sirve para demostrar que ha salido al exterior.

Aquí usé la misma técnica cuando me fijé en la expresión de los vigías mientras ven a esos ratoncillos corriendo. Su expresión no varía si no les ven moviendo el rabo, pero cuando esto sucede se quedan locos.

Había cinco soldados con cara sorprendida cuando envíe dos por las letrinas, pero ninguno cuando les envié por donde dije. Las soldados de este grupo son magníficas, trabajan a destajo enseñando para la guerra y por la noche preparan todo para irse.

La noche había llegado. Los nervios estaban a flor de piel. Grupos de cinco personas. Rápido y en silencio. Salir hacia la frontera. Seguir hasta llegar al río. Caminar dos kilómetros en dirección hacia el oeste. Y luego hacia al norte de nuevo. Sin esperar al resto. Sin fuego ni antorchas. Solo esperar tras haber superado los veinte kilómetros en dirección norte.

 

Relato 12 El Cuerpo Expedicionario

Relato 12 El Cuerpo Expedicionario

– ¿Cómo vamos a entrar capitán? -pregunta el sargento Phoko mientras El Cuerpo de Expedición camina por el sendero de la Gran Cordillera

– Por dónde menos nos esperan. Por la entrada principal sólo hay una puerta y estarán esperándonos, vigilando a todos los que pasen. Pero en cambio, en la puerta para pesqueros el paso es libre.

– Señor, le recuerdo que no tenemos barcos de pesca -le interrumpe el sargento Phoko.

– Por ahora -dice Risitas con una sonrisa enorme en la cara.

– ¿Les vamos a robar a unos pobres pescadores, señor? -le pregunta directamente el sargento Phoko al capitán.

– Claro que no, sargento – se saca una bolsa llena de oro – la rebelión va a financiar esta operación.

– ¿Lo sabe la rebelión? -pregunta de nuevo Phoko

– En estos momentos, creo que ya se habrán dado cuenta de que lo van a financiar -dice el capitán con una sonrisa.

– Entonces capitán, ¿qué hago con estas bolsitas de oro que los de la rebelión nos han prestado sin saberlo y que mis hombres y yo nos hemos ofrecido a llevar? – dice el sargento Risitas.

– Creo que esto responde a tus preguntas sargento Phoko.

– Sí señor, última pregunta ¿cómo llegamos al mar?

– Huelo agua cercana y en mucha cantidad, un río al este -responde el sargento Olores.

 

 

Mientras tanto en la frontera, hay una reunión en la tienda principal de una capitana. Hay seis personas de pie alrededor de la mesa, la capitana, cuatro sargentos y el estratega real. Por fuera de la tienda sentadas de forma casi desordenadas, diez soldados vigilan que no haya oídos indiscretos que puedan enterarse de lo que se habla.

-Os han puesto en el centro mismo del campamento. Eso quiere decir que os quieren tener vigiladas completamente. Según los libros es donde hay que situar a los aliados que desconfías.

-Nos habíamos dado cuenta. Nuestra idea es huir por el oeste. Por las letrinas. Con ese olor nadie pasará cerca para vigilar -dice la capitana.

-Al revés, esa es la idea que queremos que piensen todos los posibles enemigos. Es donde más vigilancia está situada, pero de forma oculta. Mi idea es pasar por el sur.

-Primero, estamos lejos de nuestro objetivo. Tendríamos que rodear de nuevo el campamento para huir al norte. Y segundo tendríamos que pasar por delante de la tienda de su comandante.

-Esa es la idea. Nunca imaginarán que pasaremos por allí. Lo he estado observando y no hay casi vigilancia.

-¿Y oculta como en las letrinas? -pregunta una de los sargentos.

-Se diferenciarla y no hay nada. Tendréis que confiar en mí. Mi idea es tener todo previsto dentro de dos noches. Mañana preparemos el plan completamente.

Relato 11 El Cuerpo Expedicionario

Relato 11 El Cuerpo Expedicionario

– ¿Sabes dónde está la emperatriz Drujna? -pregunta el capitán.

– En el calabozo más profundo que existe. -responde uno de los jefes de la rebelión.

– ¿En la capital?

– Según nuestra información, no. Está en Milecosi.

– ¿Cuál es el siguiente paso que queréis dar?

– Vosotros vais hacia allí y nosotros haremos un par de planes frustrados por Ankratos, Rekain y Forken. En Milecosi tenemos un par de contactos que os harán pasar por guardias para que estéis cerca del calabozo. Seguramente contrataran nuevos guardias y seréis vosotros los nuevos contratados.

– ¡Menudo plan! Empezaremos a recoger nuestras cosas para irnos lo antes posible.

Mientras que los rebeldes se separan en tres grupos, el Cuerpo Expedicionario se dirige hacia su nuevo destino.

-Capitán, ¿le parece un buen plan?

-En mi opinión, no, Risitas; la verdad es que creo que nos van a estar esperando en Milecosi.

-¿Y qué vamos a hacer entonces? -sigue preguntado Risitas.

-Exactamente lo que todos esperan que hagamos, pero a nuestra manera sargento.

-Me gusta cómo suena, Capitán.

El Cuerpo Expedicionario se encuentra de camino, y se sienten cada vez más alegres. Si les están esperando mejor, porque les pondrán hacer algunos de sus mejores trucos. Cuanto más esperes a alguien más divertido se hará el combate.

 

Mientras tanto, en la frontera del reino, en el campamento donde se reúne el ejército más numeroso que se ha visto jamás, una sargento entra en la tienda de su capitana cuando está termina su frugal cena.

-Capitana, ha llegado un estratega real con un mensaje para usted.

-Que pase, sargento.

La cortina se corre dejando ver a un hombre totalmente sucio pese a estar sólo parcialmente iluminado por las llamas de las lámparas.

-¿Qué quieres de mí, estratega? Pareces nuevo aquí; ya deberías saber que mi pacto es que yo entrene a las tropas con total libertad.

-Mi señora…

-Capitana, por favor.

-Capitana, mi mensaje es iniciativa propia. Solo le hago saber que su estimado Cuerpo Expedicionario se ha fugado de Fangorl. A mi parecer les toca a ustedes hacer lo mismo.

-¿Qué quiere a cambio de la información?

Una pequeña sonrisa atraviesa la boca del estratega.

-Que me deje ayudarla con la fuga. He estudiado a fondo estos campamentos antes de diseñarlos para que resulten infranqueables; ahora me toca divertirme fugándome de uno de ellos.

-Me encantaría tener ayuda. Primero descanse; puede quedarse en mi propia tienda.

-Gracias, capitana.

Mientras el estratega real se dirige hacia el colchón, la capitana sale de la tienda con su sargento al lado.

-Reúne a todo el equipo. Que estén preparadas porque en breve nos vamos de aquí.

-Sí capitana.

Relato 10 El Cuerpo Expedicionario

Relato 10 El Cuerpo Expedicionario

Después de limpiarse los restos de hierba y paja que tenían por todo el cuerpo, el capitán de El Cuerpo Expedicionario y el sargento Olores se acercan al grupo formado por los demás sargentos de El Cuerpo Expedicionario con los jefes de la rebelión.

-Nosotros hemos cumplido con nuestra parte del trato- está diciendo el sargento Risitas.

-Hemos sacado a la emperatriz Drisnar de su prisión mientras el sargento Olores aquí presente y yo mismo hacíamos de cebo. Os toca vuestra parte del trato. ¿Dónde están nuestras familias? –añade el capitán.

– En el sur. Lo que hemos averiguado es que han sido reclutadas a la fuerza para que dirijan los ejércitos del emperador Drujna. Quiere hacer una guerra en la frontera y quiere ganarla –explica uno de los jefes de la rebelión.

– Vuestro mejor movimiento es el que nosotros también queremos: llevar a la emperatriz Drisnar al trono para que retiren a vuestras familias, mujeres e hijos de los ejércitos.

-¿Y evitar la guerra? –Pregunta Duende.

-Depende de que nos beneficie más.

-En principio estamos con vosotros.

Los jefes de la rebelión se retiran junto a sus hombres con una sonrisa en la cara. Mientras tanto el capitán y sus sargentos se retiran con cara de consternación.

-¿Se fía de ellos, señor?- pregunta a los cinco minutos el sargento Phoko.

-No, antes me fio de vacas que vuelen que de esos tíos. Quieren poner a la emperatriz porque la quieren como títere para poder hacer sus tejemanejes. Saben que somos su mejor baza y no nos van a dejar  ir tan fácilmente.

-¿Nuestras familias no están en el sur? –sigue preguntando el sargento Phoko.

– No creo que nos mienta respecto a eso. De lo que no estoy tan seguro es de que dejen marchar a las mejores líderes que tienen.

-En cuanto a lo de que las vacas vuelen, señor, si hacemos una catapulta como lo del cadalso… – empieza a pensar en voz alta el sargento Risitas.

-¡¡Sargento Risitas!! Ni se le ocurra volver a hacer nada de eso.

-Sí señor.

Relato 9 El Cuerpo Expedicionario

Relato 9 El Cuerpo Expedicionario

-¿Quieres saber quiénes os traicionaron?

-¿Nuestros amigos, los rebeldes?

-Emperador, capitán, emperador. Exacto, os dieron papeles falsos, capitán, no ibais a poder pasar nunca.

El emperador se encontraba en las mazmorras donde tenía al capitán y al sargento Olores encadenados contra la pared en forma de cruz.

-Querido capitán del Cuerpo Expedicionario del Bosque Inhóspito, no deberías haberme desafiado nunca. Así lo aprenderá cualquier mando de mi ejército. Después vendré para el interrogatorio.

El emperador sale de la mazmorra cerrando la puerta tras de él, dejando solos a Olores y a (nombre). Por primera vez desde que fueron capturados pueden hablar.

-¿Nos traicionan los rebeldes, jefe?

-Es la forma de que los soldados miren hacia otro lado. Tendrán algo preparado para nuestro querido emperador.

-Ahora nos toca a nosotros.

-Salimos de Fangorl, por tanto, esto debe ser pan comido. Lo más seguro que el emperador espera que huyamos y lo aprovechará  para seguirnos con el fin de capturar al resto… ¿Cómo te encuentras Olores?

-Bien, capitán, me gustan los olores que hay por aquí. Estoy muy cómodo, así que, jefe, por mi perfecto quedarme por aquí.

-Perfecto sargento. Me siento orgulloso de ti.

 

 

 

ESTRATEGA REAL

Por mucho que digan los voceros reales, hay algo que me huele mal. No creo que captures tan fácilmente al capitán y a uno de los sargentos del Cuerpo Expedicionario. Muchos dicen que al salir del Bosque Inhóspito se condenaron pero no lo creo. Hay algo más en todo esto. ¿Por qué los rebeldes iban a dejar que cogieran a su mejor adquisición? ¿Dónde está el resto del Cuerpo?

Me dirijo hacia el cadalso que han montado en el centro de la capital, Nachdur, donde se está dirigiendo toda la gente. Cuando llego, la plaza ya está a rebosar y eso que hay un montón de soldados que protegen desde todos los lados. Temen un intento de salvamento del resto del Cuerpo.

Demasiado fácil para ellos. De lo poco que sé es que hay que esperarlos cuando no lo creas, prepararte para todo. Esto es….. ¡¡Claro que sí!! La mayor y más grande de las distracciones.

En poco tiempo, salen el capitán y el sargento encadenados y escoltados por la Guardia Imperial. Hay que reconocer que el emperador sabe hacer las cosas. La gente empieza a abuchearlos.

Suben el cadalso mientras que la Guardia Imperial lo rodea. El verdugo presenta el hacha al capitán mientras que él en un gesto rapidísimo se la quita. Casi tan rápido como le quita el hacha golpea una cuerda que estaba por allí y salen disparados fuera de la muralla. El cadalso era una catapulta, lo tenía todo preparado. Solo queda saber para que habían planeado toda esta distracción.

Relato 8 El Cuerpo Expedicionario

Relato 8 El Cuerpo Expedicionario

Caminan hacia Rekaim mientras que hablan como si fueran unos comerciantes más que quieren entrar en la ciudad.

-Señor, ¿no le hemos dicho al estratega que esperaremos una semana para que nos traiga a nuestras familias?

-Risitas, el emperador no va a traer a nuestras familias así que iremos a buscarlas por nuestra cuenta. Nos esperan dentro de una semana y ahora estarán movilizando a sus tropas hacia el norte, hacia el bosque. Nosotros iremos en dirección contraria.

-Señor, necesitaremos papeles –dice Pokho.

-Por eso vamos a la ciudad. Creo que Duende tiene contactos con los rebeldes. Ellos nos proporcionarán los papeles. Les gustará saber que estamos de su parte.

-¿Y lo estamos, señor? –pregunta Duende.

-Por el momento, señores, por el momento.

En ese momento es cuando pasan por la puerta principal de Rekaim. En la ciudad no hay controles porque el peligro está en el sur y, además, nadie sabe que El Cuerpo Expedicionario se ha fugado de Fangurl.

Olores se había tapado la nariz porque odia todo el olor a ciudad. Siempre que está en cualquier urbe refunfuña por los ataques constantes a su desarrollada sensibilidad, y que tiene que aguantar mientras Risitas se ríe a mandíbula batiente de su sufrimiento.

Los demás miembros del cuerpo desaparecen y se infiltran entre los habitantes hasta nuevas órdenes. Cumplen con la única consigna del día: pasar desapercibidos.

Relato 7 El Cuerpo Expedicionario

Relato 7 El Cuerpo Expedicionario

Dentro del salón de trono el estratega real ha contado su relato mientras el emperador y su consejero, que está sentado a su derecha en un taburete más bajo que el trono, conversan.

-Entonces me estás diciendo que esos veinte tíos.

-Veinticinco soldados profesionales, mi señor.

-¡Me da igual!- le grita el emperador Drujna:- A lo que iba, esa panda de soldados ¿se creen que tiene poder para amenazarme?

-Sí señor, digo no señor- estoy demasiado nervioso para atinar con las palabras.

-Señor, ¿qué quiere que hagamos?

-Tú eres mi consejero, aconseja.

-Señor, en su terreno son inexpugnables. Mejor ceder. Devolver a sus familias no dolerá tanto como movilizar a todas las patrullas de las ciudades del norte para que estén pendientes de veinticinco hombres. Le recuerdo que tenemos esos pequeños reductos de rebeldía en el norte además de todos los ejércitos en el sur para la invasión.

-Menuda mierda de consejo. La invasión seguirá según el plan. Los reductos de rebeldía que apoyan a la emperatriz serán destruidos aunque tenga que ir yo mismos. Esos hombres no me dan miedo. – da un puñetazo al resposabrazos y empiezan a dar gritos: – ¡¡Un emperador no tiene que tener miedo!! ¡¡Váyanse todos!!

Inmediatamente la guardia personal del emperador sale para expulsar tanto al consejero como al estratega real y así cumplir la orden del emperador.

Cuando éste se queda solo, se levanta del trono, baja los cinco escalones dónde está situado y llega a un mesa con una botella. Descorcha el tapón y se sirve tres dedos del líquido amarillo en una copa que tiene al lado. Lo bebe despacio y mira al capitán de su guardia personal quien estaba dedicándose a buscar asesinos encubiertos por la habitación. Como si tuviera un sexto sentido se da la vuelta y el emperador le dice:

-Quiero que desaparezcan los dos esta misma noche.

-Sí señor.

El capitán se está dando la vuelta cuando el emperador ordena de nuevo:

-Quiero que parezcan que se han fugado para ayudar al Cuerpo de Exploración. Observa a toda la corte en busca de alguno otro que parezca que quiera hacer lo mismo.

-Sí señor.

Relato 6 El Cuerpo Expedicionario

Relato 6 El Cuerpo Expedicionario

Tras una noche insufrible, la mañana se presentó con los monstruos Zampabollos. Cualquier libro de estrategia o guerra no te sirve para preparar una batalla contra eso. Monstruos enormes de tres metros de altura, con cuatro brazos y que sabían luchar. La falange que preparé fue totalmente rebasada y cada una de las cargas que mandó el comandante fue rechazadas. La última la  dirigió el propio comandante y allí le perdí.

De repente cuando todo era desesperación los monstruos perdieron las ganas y se retiraron. Se fueron a la misma velocidad con que destrozaron nuestra falange. El ejército estaba completamente desperdigado y destrozado. Pocos hombres quedaban de pie y en ese momento les vi. Eran los veintiséis hombres que habían acabado con más de tres cuartos de un ejército imperial. Al frente estaba su capitán mientras que sus hombres se desperdigan para controlar el área.  Cuando llega a posición me dice:

-Coge a tus hombres, estratega real, vete al emperador. Queremos que le lleves un mensaje nuestro.

En aquel momento cualquier sitio era mejor que aquel aunque implicase hacer de mensajero,

-¿Cuál es el mensaje? – consigo articular.

-Sí no quiere que nadie se enteré lo que le paso a la emperatriz Drujna, tendrá que liberar a nuestras familias antes de un mes delante de este mismo bosque, por donde entraste.

-¿O si no? – la curiosidad algún día me matará.

-Iremos a por él -dice mientras sonríen todos los miembros-. Te puedo asegurar que lo que acaba de pasar aquí no es más que un pequeño incidente comparado con lo que puede llegar a suceder si tenemos que ir a por nuestras familias.

Mis piernas empezaron a temblar al mismo tiempo que El Cuerpo Expedicionario de Su Majestad en el Bosque Inhóspito se retiraba.

Seré el mensajero pero no me quedaré en la capital si el emperador se niega a aceptar el ultimátum –pensé-, mientras me dirigía al palacio