Teutoburgo 3

Teutoburgo 3

Después de estar toda la noche partiendo y limpiando el camino a la luz de las antorchas conseguimos seguir avanzando. Cuando, de entre las copas de los árboles, empiezan a vislumbrarse las luces de un nuevo día nos encontramos con la primera patrulla de la XVIII. Suspiramos aliviados. Por fin hemos vuelto a unirnos con las otras dos legiones.

Su campamento está mejor desarrollado que el nuestro. pero, aún así, se nota que fueron diseñados para campo abierto. El foso es de metro y medio de profundidad, no de cuatro metros con estacas afiladas, ni tampoco están las torres de vigilancia. Pero, por todo lo demás, es un campamento de campaña. Las murallas están formadas, las calles perfectamente claras e, incluso, las tiendas de mando están habilitadas en el centro del campamento.

Nuestra legión se sitúa en uno de los cuadrantes al norte. La XVII y la XVIII ocupan cuadrante y medio cada una. Somos la legión que, de lejos, más hemos sufrido.

Cuando nos situamos me encuentro con un centurión que conozco de la XVIII y me cuenta como está la situación.

– El gobernador Varo con la primera cohorte de las dos legiones junto a todos los altos mandos dijo de seguir empujando. Nos hemos encontrado con árboles cortados que los han dejado incomunicados de todos.

Justo al acabar de terminar contar lo que está pasando, las tubas de combate resuenan en todo el campamento. Todo legionario se pone rápidamente de pie para defender la parte de la muralla que tiene asignada. Sin despedirnos, los dos salimos corriendo hacia nuestras respectivas centurias. En este momento es más importante la velocidad que la educación.

En cuanto llego a mi centuria, oigo a los dos optios gritando para poner de pie a todos los soldados. Observo que están bastante cansados como consecuencia de haber estado toda la noche trabajando, pero, ante todo, son legionarios de Roma. Hasta con los ojos cerrados lucharán.

– Optio Cornelio, sus hombres los primeros en la muralla. Optio Regulo, los suyos se encargarán de relevarlos a mi orden. Señores, la muralla es la única que nos separa de la barbarie. La defenderemos hasta el fin. Todo el mundo con los pilums en mano, que nadie los lance. Usadlos para evitar que tomen las murallas.

La muralla está construida con multitud de ramas afiladas que cubren el perímetro del campamento. Por el lado exterior tendría que haber un foso profundo, pero debido a las dificultades del terreno no es posible. Por el lado interior se ha se construido un terraplén, lo que nos permite a los defensores estar por encima de los atacantes. Los pilums mantendrán esa ventaja.

Mantenemos a raya del campamento a los germanos en lo que nos parece una eternidad, mientras que al mirar al cielo solo parece que acabamos de pasar mediodía. Resuenan cuernos germanos, ellos se retiran de las murallas. Nosotros nos retiramos como podemos del terraplén. Aún así, dejo al optio Regulo con tres de sus hombres vigilando. De Cornelio tres hombres han sido heridos mientas que de los de Regulo lo han sido cuatro.

Antes de poder llegar a mi tienda a descansar algo me encuentro al tribuno Casio Querea.

– Centurión Centelo, reunión urgente.

– ¿Qué es lo que pasa ahora, tribuno?

– Las turmae de caballería han decidido dejarnos. Dicen que se van a buscar ayuda ya que no son útiles en la defensa del campamento.

– ¿Cómo? Indíqueme rápido. – el tribuno sale corriendo y yo le sigo como puedo. El cansancio empieza a hacer mella en mis fuerzas. Corremos por la calle principal mientras legionarios, agotados, nos dejan pasar como pueden. Pasamos la tienda principal vacía y lo vemos. Una larga marcha de caballería está saliendo por la puerta. Ya no podré convencer a los decuriones que necesitamos hasta el último soldado para salir de este maldito bosque.

– Lo siento centurión, hice todo lo que puede para convencerles de que se quedaran, pero no me hicieron caso.

– No es culpa suya tribuno. Lo único que están haciendo esos soldados es hacer lo que creen lo propio para nuestro bien. Lo que pasa es que, aunque avisen al resto del fuerte y consigan refuerzos, al volver solo encontrarán nuestros cadáveres. No tenemos ninguna oportunidad de salir de este bosque.

Más y más centuriones se unen a nosotros para ver salir a la caballería. Nadie dice nada, no hay fuerzas. Miran disgustados como, los que consideraban sus hermanos de armas, les abandonan en lo profundo del bosque.

Los miró a todos. Están anonadados. Llevan luchando más de medio día. Todos los altos mandos les han abandonado. Varo les ha metido en una trampa. Y ahora sus hermanos también se van. Solo se me ocurre una cosa. Que mi bocaza sirva para algo de una vez.

– ¡¡Centuriones de Roma!! – rujo con todas las fuerzas que tengo – Lo más seguro es que muramos en este bosque. Que no volvamos a ver a nuestra amada Roma, pero sí podemos hacer algo. Estos germanos nunca olvidarán lo que es un legionario romano. Luchad hasta el fin. Y para eso tenemos que descansar. Dejad patrullas, pero descansad todo lo que podáis. La próxima batalla será nuestra última batalla. Hagámosla memorable.

Un grito surgido de todas las gargantas de los centuriones se convierte en único. Roma. Tengo la sensación de que acabo de ser ascendido a dirigir las tres legiones.

Cada uno se dirige a su centuria. No necesitan más instrucciones. Miró al tribuno Casio Querea y le indicó que se quede conmigo.

– Tribuno Casio Querea, para ti tengo una misión especial.