Teutoburgo

Teutoburgo

Es el año 762 de la creación de Roma. Soy el legionario Marco Lentelio Centelo, centurión de la sexta centuria de la décima cohorte de la legión XIX de Oppidum Ubiorum a las órdenes del legado Publio Quintilio Varo. El centurión más bajo posible porque no fueron capaces de rebajarme a legionario. Mi bocaza, algún día de estos, va a hacerme perder algo más que el rango.

Tres días dentro de un bosque germano rodeados de árboles, como en un bosque espeso. En una senda que se supone es un camino. El camino no tiene ganas de que lo pisen las sandalias romanas. Las copas de los árboles parecen que nos acechan. El propio bosque no nos quiere. Mi centuria, y yo mismo tampoco queremos estar aquí después de tanto tiempo, solo queremos volver a campo abierto. Es en este momento cuando recuerdo el resumen de las palabras que nos dijo Varo para animarnos a seguir:

–  Solo es un paseo. Demostramos nuestras fuerzas, nos dan un tributo, y volvemos a los cuarteles de invierno antes de que se den cuentan con las bolsas llenas. Demostramos que Roma es muy fuerte sin tener que luchar y pasaremos un invierno tranquilo.

¿Y quién no quiere tener dinero para pasar bien el invierno? Tres días en este bosque; cada vez veo más claro que el invierno llegará antes de que salgamos de aquí.

Miró hacia atrás y observo la ballista que acaban de abandonar porque una de las ruedas reventó al amanecer. Media centuria nos hemos llenado de barro intentado cambiar la rueda hasta que me he dado cuenta de que era mejor dejarla. Si Varo la quiere que venga él aquí a cogerla. Reventamos la otra rueda. Si no podíamos llevarla nosotros nadie la movería. Barro, hojas y frío. Lo mejor que te puede dar Germania nos lo regala en este maldito bosque. Además, parece el lugar donde vive Boréas. El viento frío es insoportable.

Lo que nos da más dentera es el silencio. Por mucho que sople el viento en este maldito bosque, hay un silencio inquietante. Desde que hoy nos pusimos en pie no hemos oído ningún ruido típico del bosque. Ni un pájaro cantando, ni un lobo aullando, nada. Todos tenemos los nervios a flor de piel. Algo va a suceder, pronto. El bosque lo sabe, nosotros también.

Por eso, he ordenado que abandonásemos la ballista. La legión se está alargando mucho. Al llegar al bosque podíamos ver perfectamente a nuestra águila; incluso de la dos siguientes se podían ver sus destellos. Ahora mismo no somos capaces de ver a dos cohortes más allá de nuestra propia de la legión.

A lo lejos, en dónde debe estar la cabeza de todas las legiones suena un cuerno de caza. No. De caza no. Los cuernos de caza germanos no suenan así. ¡¡Es un cuerno de guerra!! El resto de los cuernos, a lo largo de toda la columna, resuenan sin parar.

– ¡¡En cuadro!! -grito. Está claro. Nos hemos metido en el fango. En una emboscada. Gracias Varo. – ¡¡A las armas!!¡¡Dejad las mochilas y prepararos para luchar!!

El legionario que está a mi lado no tiene tiempo para más. Cuatro flechas enemigas lo abaten, todas en su pecho. Entonces mi centuria se empieza a colocar en cuadrado. Veo que mi optio grita para que la parte de atrás lo haga más rápido. Intentó ver a la siguiente centuria para podernos juntar. No la veo. Estamos solos. Miró a mi optio.

– Chaval, un segundo cuadrado dentro de este, te encargas tú.

El doble cuadrado lo hacemos justo antes de que salgan salvajes por todos lados. Me encuentro en el centro de unos de los laterales del cuadrado exterior. No llegaremos a juntarnos con la centuria, pero veo la ballista que acabamos de abandonar y se me ocurre una idea.

-¡¡A la ballista!!

Gritó a pleno pulmón. El optio me imita con el grito; todos arrastramos los pies hacia allí. No está demasiado lejos de donde nos encontramos, pero hay un problema. Un gran problema llamado germamos buscando sangre. Sólo nos queda protegernos con los grandes escudos de las enormes hachas y espadas mientras pinchamos con nuestros gladios. Poco a poco, a veces a patadas, otras veces empujando los cadáveres de los germanos, conseguimos situarnos encima de la ballista.

– Segunda fila, ¡¡Adelante!!

Como hemos hecho siempre, la fuerzas que dirijo nos protegemos con los enormes escudos mientras que las fuerzas del optio dan un paso adelante. Nos situamos detrás de ellos; la segunda fila empieza a luchar.

Desde la altura que nos permite la catapulta somos capaces de mantener a distancia a los germanos. Sobre todo, a las largas espadas y hachas. Los germanos aprovechan cualquier descuido para meter sus hachas entre los escudos. Luego tiran al legionario en cuestión y lo matan. Aguantamos como podemos con cambios cada cinco minutos. Nuestro doble cuadrado cada vez es más pequeño, pero aguantamos hasta la noche.  El resonar de unos cuernos en la lejanía obligan a los germanos a retirarse.

Es el momento de preguntarse lo esencial:

-Por las barbas de Plutón, ¿En qué mierda nos ha metido Varo? -pregunta el optio. A mi orden queda la mitad de la centuria, cuarenta hombres. Curenta jóvenes soldados han dejado la vida durante el día.

-Esa no es la pregunta. ¿Cómo diablos salimos de aquí? -dice otro legionario Todos me miran a mí. Soy el centurión, están a mi cargo. Mi cerebro empieza a pensar cualquier idea y hablo en voz alta.

-Lo ideal sería agruparnos con la legión. Vi a la quinta centuria un poco más adelante. Quiero que cojáis todos los pilumm tanto ligeros como pesados, que podáis. No podemos permitirnos hacer nada por nuestros muertos ahora mismo. Dejadlos como están. Primero los vivos y luego los muertos. Recoged vuestras mochilas. Tenemos prisa.

Comienzan a seguir mis órdenes. Yo mismo el primero. Conozco a todos los caídos. Los he entrenado, los he soportado, he ido de juerga con ellos. Tengo que escribir muchas cartas a las familias por su lucha. Si es posible que salgamos de este bosque. Esa es la pregunta que nos hacemos todos. ¿Cómo podemos sobrevivir por el bosque lleno de germanos que nos quieren matar y llegar a alguno de nuestros puestos avanzados? Si nos encontramos con nuestra legión, puede que tengamos alguna oportunidad.

Referencias históricas:

Centurión: Mando intermedio dentro de la legión romana que mantenía a sus órdenes a ochenta legionarios.

Pilums: Arma arrojadiza usada por los legionarios romanos. Una especie de jabalina que se lanzaba antes del combate para hacer daño e inutilizar los escudos enemigos.

Ballista: Máquina de guerra que utilizaban y transportaban las legiones romanas para las batallas a campo abierto y para los asedios. Lanzaban grandes dardos que dañaban a multitud de enemigos.

Agusto: Julio César Octaviano Augusto, primer emperador de Roma. Julio César le eligió su heredero por testamento. Ganó la Tercera Guerra Civil frente a Marco Antonio.