Traición 5: Las puertas

Traición 5: Las Puertas

Ya había pasado casi toda la mañana, y seguía llegando gente. Por mucho que fuera un trabajo poco constante era monótono. No había gran ajetreo excepto al amanecer para que los granjeros pudieran poner sus tiendas en el mercado. El resto del día entraba poca gente.

Se acerca el mediodía cuando se acercan dos carros:

– Hombre, Dayo ¡cuánto tiempo!

– Mucho compañero, la vida que da muchas vueltas.

– ¿Está vez dos carros?

– Es que me han dicho que le enseñe el oficio a mi sobrino y me lo voy a llevar unos años conmigo para que le conozcáis.

– ¿Sobrino?

– Por parte de mujer ya sabes las cargas del matrimonio.

– Claro que lo sé, la mía es igual. Mira a mi compañero es de su familia y no sé de qué parte.

Se parten de risa los dos.

– Ya sabes que tenemos que verificar la carga.

– Cómo siempre, no hay ninguno problema,

Mira a su familiar y le hace un gesto con la mirada quien se levanta del muro donde estaba apoyado y empieza con el registro. Mientras la familia de Dayo sale del primer carro y su sobrino del del segundo junto con una mujer.

– Mira son mi sobrino y su mujer. Son unos críos ya me entiendes, Tello, así que les estamos enseñando.

– Encantando, señor.  El sobrino le parece un hombre bastante joven, pero con una mirada muy adulta. Su cara le sonaba de algo, pero no conseguía ubicarla.

– ¿Nos hemos visto en algún sitio?

– Lo dudo mucho señor Tello, me acordaría de usted. Mucha gente me confunde con un soldado de relieve que nació en la misma aldea que yo.

– ¡Ostras! ¿Es verdad!, el rastreador jefe que acabó en la secta del Gran Sol. Os parecéis muchísimo, ahora caigo.

-Madres hermanas, señor.

– Llámame Tello hijo, si eres de la familia de Dayo puedes llamarme así. Encantando de conocerte.

– Jefe, nada – grita el otro.

– Pasa Dayo. Nos vemos.

Todos suben a los carros y entran por las puertas del edificio. No puede ser el mismo ya que las noticias dicen que hubo un ataque de bandoleros a la secta del Gran Sol y murieron todos. Mira a su familiar, otra vez apoyada en el muro de la muralla. Un día sin poco lío.