Relato 8 El Cuerpo Expedicionario

Relato 8 El Cuerpo Expedicionario

Caminan hacia Rekaim mientras que hablan como si fueran unos comerciantes más que quieren entrar en la ciudad.

-Señor, ¿no le hemos dicho al estratega que esperaremos una semana para que nos traiga a nuestras familias?

-Risitas, el emperador no va a traer a nuestras familias así que iremos a buscarlas por nuestra cuenta. Nos esperan dentro de una semana y ahora estarán movilizando a sus tropas hacia el norte, hacia el bosque. Nosotros iremos en dirección contraria.

-Señor, necesitaremos papeles –dice Pokho.

-Por eso vamos a la ciudad. Creo que Duende tiene contactos con los rebeldes. Ellos nos proporcionarán los papeles. Les gustará saber que estamos de su parte.

-¿Y lo estamos, señor? –pregunta Duende.

-Por el momento, señores, por el momento.

En ese momento es cuando pasan por la puerta principal de Rekaim. En la ciudad no hay controles porque el peligro está en el sur y, además, nadie sabe que El Cuerpo Expedicionario se ha fugado de Fangurl.

Olores se había tapado la nariz porque odia todo el olor a ciudad. Siempre que está en cualquier urbe refunfuña por los ataques constantes a su desarrollada sensibilidad, y que tiene que aguantar mientras Risitas se ríe a mandíbula batiente de su sufrimiento.

Los demás miembros del cuerpo desaparecen y se infiltran entre los habitantes hasta nuevas órdenes. Cumplen con la única consigna del día: pasar desapercibidos.