Relato 3 El Cuerpo Expedicionario

Relato 3 El Cuerpo Expedicionario.

La primera noche en el Bosque Inhóspito nos atacaron por el noreste unas veinte cabras cargando contra nuestras empalizadas. Pensamos que se iban a quedar atascadas entre los maderos de las mismas pero, en cambio, al primer toque se vinieron abajo todas. Las cabras entraron arrasando por todo el campamento hasta que fuimos capaces de matar a todo el rebaño cuando ya empezaba a amanecer. Lo peor de todo fueron los gritos de los que caían bajo sus cuernos. Me recordaban mi fallo.

Cuando fui a ver qué había pasado con las empalizadas, me di cuenta de que los soldados del Cuerpo Expedicionario habían cavado por debajo de ellas haciéndolas inestables. Por eso habían caído a la primera embestida. Estos hombres saben nuestro método de defensa, por tanto habrá que cambiarlo. Uno de los soldados llega corriendo:

-Señor estratega, hemos sufrido dieciséis heridos.

-Tenemos que cambiar el método de defensa. Que quiten de inmediato todas las empalizadas y que hagan barricadas -las barricadas son más difíciles de fastidiar mediante agujeros- Quiero que estén lo más pronto posible.

Otro soldado se aproxima corriendo a toda velocidad y antes de llegar ya está gritando:

-¡¡¡Señor!!! Viene por el oeste de los monstruos. Son una manada de tres miembros. Delante de ellos hay uno de los presos o eso creemos.

-Vamos para allá ¡¡Rápido!!

Salgo corriendo sin esperar a mis soldados. Si nos mandan los monstruos nada más llegar tenemos que estar preparados para demostrar que somos contundentes. Cuando llego a la primera línea grito al primer soldado que veo:

-¡¡Soldado!! Quiero a los escorpiones preparados detrás de la primera línea defendida por los lanceros con armadura reforzada. En la primera línea arqueros con armadura ligera o mejor sin armadura.

Observo por donde vienen los monstruos, están a más de medio kilómetro, llegarán en unos veinte minutos a la velocidad que vienen. Podemos verlos de lejos gracias a que nos hemos situado en el centro de un claro que hemos encontrado en este dichoso bosque Por lo que parece, el claro debe ser lugar de confluencia, ya que se ven las huellas de muchos monstruos. De los que nos ocupan ahora, delante de ellos, como guiándolos, uno de los soldados del Cuerpo Expedicionario. No se si podremos estar preparados para cuando lleguen.

Los monstruos son de una altura aproximada de tres metros con cuatro brazos y muy peludos. Resultan muy feos y amenazadores.

Miro hacia atrás y veo que el sargento de guardia todavía no ha hecho nada y grito:

-¡¡¡Sargento!!! ¡¡¡No ha oído lo que le he dicho a su soldado!!! ¡¡Cumpla mis órdenes!!!

-Señor solo me da órdenes mi comandante.

-Sargento cumpla con lo que ha dicho el estratega real.

El comandante como aparecido de la nada se presenta a la primera línea de la defensa. Me mira y me pregunta:

-¿Cómo lo ve estratega real?

-Creo que podemos estar preparados para cuando lleguen.

-Las órdenes del estratega real son mis órdenes. ¿Queda claro sargento?

-Sí señor.

Mientras el comandante se dirige hacia otro punto del campamento posiblemente a levantar el ánimo a su tropa.

-Hágalo deprisa sargento. En menos de veinte minutos llegarán aquí.

-Sí señor.

Vuelvo a mirar a los monstruos. Tres peludos y grandes monstruos se acercaban a toda velocidad persiguiendo a una ¿mujer? de esa compañía. No sabía que hubiera también mujeres soldados dentro de esa compañía, lo tendré que preguntar al comandante.

Me doy la vuelta para ver los preparativos que he mandado. El sargento, a pesar de sus reticencias, está las cumpliendo muy eficientemente e incluso han llegado tres sargentos más. Los arqueros llegan casi sin armadura, solo un arco y dos carcajs de flechas, su contra punto serán los lanceros que, prácticamente, no tenía ni una sola parte de su cuerpo sin cubrir.

-Arqueros –Todos me miran como quiero-; hago una línea con el tacón de la bota: quiero que estén todos aquí. La mitad con una rodilla en tierra y los otros de pie. Solo dispararan a mi orden y también a mi orden se dispersaran por los lados. Disparen a los tobillos de los monstruos. TO-BI-LLOS. ¿Queda claro?

-Sí señor –contesta el sargento de los arqueros.

Me dirijo hacia él.

-Caballero quiero que sus hombres se sitúen a los lados de los dos escorpiones y cuando terminen sus disparos les cubrirán. Esperemos que no quede ninguno de los monstruos para ese entonces.

-Sí señor.

Cuando me he querido dar cuenta ya están muy cerca. El grito del sargento de los arqueros se adelanta al mío para ordenar a los soldados. La chica del Cuerpo Expedicionario había desaparecido pero los monstruos seguían en nuestra dirección. Se habían abierto en abanico porque en el claro pueden hacerlo.

-¡¡Arqueros!! Todos a una.

-Sí señor.

Me quito el sudor de la cara con la manga de la camisa que ya está empapada. Los monstruos se acercan rápidamente.

-¡¡Arqueros!! Mitad al extremo derecho y la otra mitad al extremo izquierdo. A los tobillos. A mío grito de ya. Tres…. Dos…Uno ¡¡YA!!

Las flechas salen volando y se clavan en las rodillas y los tobillos de los monstruos. Los objetivos caen por las heridas.

-¡¡Retírense!!

Con una retirada digna de cualquier libro de estrategia se abren en dos columnas cerradas y desaparecen por los laterales que son inmediatamente cubiertos por lo lanceros. Los escorpiones, sin que tenga que gritar, disparan sus lanzas. Las dos se clavan en el abdomen peludo del monstruo que queda en pie pero muere al instante. Los lanceros se lanzan a rematarlos y aunque intento gritar que no lo hagan es tarde. Dos de ellos son cogidos por el monstruo del extremo derecho con las dos manos de su extremo derecha y los estampa contra el suelo mientras que con las otras dos izquierdas hacían saltar por los aires a tres más. Uno de ellos cae de forma muy ruda y no se vuelve a levantar, los otros dos se levantan. El otro coge a tres más con sus manos que los destrozan estampándolos contra el suelo. Sus compañeros se vengan de ellos destrozando con sus lanzas las cabezas de los monstruos. Poco después cuando se dan cuentan de que han matado a los monstruos y hemos enterrado a nuestros seis muertos se disponen a celebrar nuestra primera victoria y a honrar a nuestros muertos.

Yo no me uno a la fiesta. Esto solo es el principio.