Relato 6 El Cuerpo Expedicionario

Relato 6 El Cuerpo Expedicionario

Tras una noche insufrible, la mañana se presentó con los monstruos Zampabollos. Cualquier libro de estrategia o guerra no te sirve para preparar una batalla contra eso. Monstruos enormes de tres metros de altura, con cuatro brazos y que sabían luchar. La falange que preparé fue totalmente rebasada y cada una de las cargas que mandó el comandante fue rechazadas. La última la  dirigió el propio comandante y allí le perdí.

De repente cuando todo era desesperación los monstruos perdieron las ganas y se retiraron. Se fueron a la misma velocidad con que destrozaron nuestra falange. El ejército estaba completamente desperdigado y destrozado. Pocos hombres quedaban de pie y en ese momento les vi. Eran los veintiséis hombres que habían acabado con más de tres cuartos de un ejército imperial. Al frente estaba su capitán mientras que sus hombres se desperdigan para controlar el área.  Cuando llega a posición me dice:

-Coge a tus hombres, estratega real, vete al emperador. Queremos que le lleves un mensaje nuestro.

En aquel momento cualquier sitio era mejor que aquel aunque implicase hacer de mensajero,

-¿Cuál es el mensaje? – consigo articular.

-Sí no quiere que nadie se enteré lo que le paso a la emperatriz Drujna, tendrá que liberar a nuestras familias antes de un mes delante de este mismo bosque, por donde entraste.

-¿O si no? – la curiosidad algún día me matará.

-Iremos a por él -dice mientras sonríen todos los miembros-. Te puedo asegurar que lo que acaba de pasar aquí no es más que un pequeño incidente comparado con lo que puede llegar a suceder si tenemos que ir a por nuestras familias.

Mis piernas empezaron a temblar al mismo tiempo que El Cuerpo Expedicionario de Su Majestad en el Bosque Inhóspito se retiraba.

Seré el mensajero pero no me quedaré en la capital si el emperador se niega a aceptar el ultimátum –pensé-, mientras me dirigía al palacio

Relato 5 Combates Aéreos

Relato 5 Combates Aéreos

-¿Qué es lo que tienes, teniente?

Saca una pistola de medio metro de la funda de su cinturón y se la enseña:

-Esto es una pistola especial que dispara un pequeño misil que tiene en la recámara. Es un prototipo pero no necesita tiempo para disparar, capitán.

-¿Si no le da a la primera?

-Entonces estamos bastante fastidiados. No tengo más cartuchos.

-¡Estupendo! Se quedan un minuto callado y luego dice: creo que volverá a pasar en un minuto: salgo yo y le atraigo; tú sales después y, por favor, acierta.

-Sí, señor.

Cuarenta y cinco segundos después Federico sale tranquilamente del edificio haciendo creer que ya no tiene miedo. Cinco segundos después se da la vuelta cuando escucha el ruido de motores del caza y empieza a correr.

Al minuto exacto sale Marta con su pistola apuntando al cielo y dispara sin mirar. Da de lleno al caza en el ala derecha que se descontrola y se estrella  en los edificios de ese lado de la calle.

-¡¡Capitán ya puede parar!! –grita Marta.

El capitán se da la vuelta y vuelve al trote. En poco tiempo se reúne con la teniente.

-Señor, no me gusta que los cazas vuelen si ya no tiene la plataforma.

-A no ser…

-A no ser ¿qué señor?

-Que sea un rezagado de un ataque todavía más fuerte. Un ataque directo a nuestra base.

-¿Señor?

-Equipo rojo, responda.

-…

-Equipo rojo, responda.

-…

-Teniente a trote ligero hacia la base. Tenemos que contactar con ellos.

-Equipo rojo, responda por favor.

Relato 4 Combates Aéreos

Relato 4 Combates Aéreos

Después de perder la aeronave y destruir la plataforma aérea de los  alienígenas vuelven a su base aérea. Mientras regresan andando tranquilamente, capitán y teniente van hablando.

-Pues no nos han dejado ningún avión, teniente.

-Pensarán que lo estrellaremos también, capitán.

-Pero si solo hemos estrellado tres en tres misiones…. Bueno a lo mejor tienen razón en eso de no dejarnos un avión. ¿Teniente qué te parece si mientras llegamos nos dirigimos por nuestro nombre de pila?

-Tú eres el que más rango tienes, tú mandas.

-Capitán Federico aunque todos me llaman Fede.

-Teniente Marta, todos me llaman Marta.

Mientras hablan cruzan el cielo varias aeronaves.

-Fede, esos eran el equipo rojo ¿no?

-Eso parecía. Muy buenos pilotos. Conocí a la capitana del equipo rojo en la academia de oficiales y era de las mejores.

-Señor.

-Fede, tenemos una buena caminata, no te cortes.

-Fede, ¿por qué no tienes un equipo?

-Porque nunca fui un líder. Se me dan bien las ideas, las locuras pero no se me da bien dirigir a la gente. ¿Y por qué tú me elegiste a mí?

-Le vi pilotar y me encanto. Es uno de los mejores pilotos que he conocido nunca y además prometí a mis hijos que conseguiría que vinieras a comer a casa.

-Eso dalo por supuesto –de repente junta el entrecejo y agudiza el oído- Teniente Marta no oyes un ruido de algo.

-Suena a motor de caza… no es de los nuestros…. Se acerca.

-Rápido al edificio.

-¿Señor?

-No tendrás un lanzamisiles de mano ¿verdad?

-Pues no señor.

-Entonces estamos un poco fastidados.

-Señor, tengo algo mejor.

-Me gusta como piensas.

Relato 5 El Cuerpo Expedicionario

Relato 5 El Cuerpo Expedicionario (Estratega Real)

Otra noche más que no nos dejan dormir tranquilos. Después del triunfo ante esos monstruos y la celebración, no quedaban muchos soldados en buen estado. Los que no estaban algo alcoholizados, estaban totalmente borrachos. Solo quedaban cuarenta soldados o menos que podían hacer guardias activas.

Solo puse dos guardias, una hasta medianoche y otra hasta el amanecer. Veinte hombres cuidando del campamento. No fueron suficientes.

Antes de que pasara la primera hora de guardia empezaron los topos alocados a hacer agujeros por todos lados. Tuvimos al menos diez esguinces de tobillos y tuve que recurrir a toda mi sutileza para poder contar con más hombres. A los menos borrachos les echamos cubos de agua fría y se les pasó la borrachera.

Cuando ya estábamos casi en el cambio de guardia tuvimos más problemas. Esta vez fueron un montón de moscas que imposibilitaron ver lo que  se nos venía encima y no nos dimos cuenta hasta que era demasiado tarde. Cerdos salvajes totalmente descontrolados que pusieron patas arriba todo el campamento provocando más de cinco muertos y diez heridos. Todos ellos era estaban durmiendo la mona y ni se enteraron de que les aplastaron. Las barricadas aguantaron pero como los vigilantes no veían lo que se venía encima no pudieron evitarlo ni parar nada.

Este maldito bosque es imposible de prever.

A medianoche durante el cambio de guardia apareció el comandante y me preguntó:

-Estratega real, ¿ha dormido algo esta noche?

Debo tener mala cara para que me pregunta eso:

-No señor, el Cuerpo Expedicionario no nos quiere dejar dormir.

-¿Alguna idea?

-Sí señor, salgamos de este maldito bosque ahora que podemos.

-Nuestras órdenes son diferentes.

-Con el debido respeto señor, que le den a las órdenes.

-Hijo, vete a dormir yo me encargo de cuidar el campamento.

En ese momento sé que he estado a punto de ser arrestado por desertor pero es que todo lo que me han enseñado, todo lo que sé, no sirve para nada. Nada nos protege contra el Cuerpo Expedicionario.

Me desperté al poco rato con otro ataque. Esta vez avispas. No tuvimos más bajas pero si muchas molestias. No hacían más que picar y picar. Todos los borrachos se despertaron y conseguimos matarlas a todas momentos antes de que saliera el sol.

Amaneció para mostrarnos que El Cuerpo Expedicionario traía hacia nuestro campamento nuevos monstruos. Tres nuevos monstruos de tres metros y cuatro brazos contra los que tendríamos que luchar.

Mi único pensamiento fue que quería volverme a la cama. Esto debía de ser una pesadilla.

Relato 4 El Cuerpo Expedicionario

Relato 4 El Cuerpo Expedicionario

Por fin veo al Loco que andamos buscando en medio de un descampado repleto de una manada de cervatillos muertos y desgarrados; se le ve demasiado tranquilo y eso es muy malo. Los Locos tranquilos no se molestan por nada y más si ya han comido. Se habrá comido a toda la manada de cervatillos y se irá a hacer la digestión. No conseguiremos nada por ahora. Tendremos que esperar para llevarle a los novatos pero no podemos. Tendremos que buscar un plan B.

Me acercó a mí el sargento Risitas y le dije:

-Sargento este Loco no lo tendremos hasta dentro de cinco o seis días y no podemos hacer que los novatos tengan ese privilegio.

-Señor, posiblemente tenga algo que le guste.

-Enséñemelo ahora, sargento.

-Será un placer.

Uno de sus soldados se queda observando al Loco desde uno de los grandes árboles mientras que los demás se abren detrás de nosotros en forma de abanico por el bosque. Diez minutos después de andar pasando los abetos y los robles llegamos al lugar donde quería llevarme. Unas grandes plantas rojas asoman entre los árboles. Las miro, y me vuelvo a mirar atónito.

-Señor- Luce su media sonrisa y, medio riéndose, por algo le llamamos Risitas pregunta: -¿les gustará a los novatos?

-Sargento, les encantará, empiece a prepararlo.

-Sí señor.

Me vuelvo a ver lo que ha preparado Duende para esta noche a los novatos. Creo que no van a poder dormir mucho. Van a disfrutar de este bosque gracias a nosotros.

Relato 3.2 Combates Aéreos

Relatos 3.2 Combates Aéreos

Nada más entrar en el túnel el capitán saco el tren de aterrizaje y lo usó para posar la aeronave sobre las vías del metro circulando por él. El primer caza que lo siguió no tuvo tanta suerte; al no caber por el agujero se estrelló. Mientras la teniente seguía pendiente del radar.

-Señor, cinco de los cazas han dado la vuelta y vuelan en dirección a la plataforma.

-Avise a los equipos rojo y azul.

-Sí señor. Por cierto los cuatro cazas que quedan nos siguen desde el aire. Creo que nos tienen controlados por…… radar o infrarrojos.

-¿Está segura de eso teniente?

-No mucho señor pero mantienen nuestro rumbo.

-Vale he visto que dentro de un minuto hay una bifurcación. Avíseme si nos siguen.

El capitán fija los ojos en el túnel y piensa. Piensa en como girar la aeronave y cambiar de dirección. A falta de veinte segundos se le ocurre. Impulsa el morro hacia arriba, la aeronave se eleva unos centímetros de la vía, lo justo para que el capitán pueda situarla en las nuevas vías tomando un rumbo nuevo y diferente al actual. Recorrido treinta segundos la teniente vuelve a hablar.

-Señor, nos siguen los cuatro cazas. Nos tienen vigilados.

-Cuando salgamos nos harán papilla. Necesitamos que los equipos rojo y azul para que nos echen una mano.

-Aquí aeronave señuelo, necesitamos ayuda. Equipo rojo, equipo azul contesten.

-Aquí equipo azul, estamos a cuatro minutos y medio vuestro.

-¿La plataforma?

-La plataforma ha sido abatida.

-¿Y los cazas que van en pos vuestra?

-¿Queréis nuestra ayuda? Ya nos hemos ocupado de ellos. Parte del equipo rojo están persiguiendo a los que quedan. Nosotros venimos a ayudaros. Contra cuatro cazas podemos.

-¿Lo ha oído capitán?

-Lo he oído teniente pero tenemos un problema. Según el mapa en menos de tres minutos el túnel sale al descubierto y seremos patios de feria.

-Cierto señor.

-Solo nos queda hacer una cosa. Probar el sistema de piloto automático.

-¿Señor? No podemos parar la aeronave para bajarnos, se darían cuenta.

-¿Quién ha dicho que tengamos que parar para bajarnos? Pulse el botón de eyección. El cristal amortiguará el impacto contra el techo.

-Déjeme hacer unos cálculos señor.

-Te quedan un minuto y medio.

-Mierda señor no sé si saldrá bien.

-A la de tres, teniente – el capitán respira profundamente y grita- ¡¡Tres!!

Los dos ocupantes de la aeronave pulsan el botón de eyección a la vez. Sus asientos salen disparados contra el techo del túnel. El cristal que los cubre se resquebraja pero no se rompe. Los dos asientos caen al suelo.

-Aquí equipo azul a aeronave señuelo contesten por favor.

-Equipo azul a aeronave señuelo contesten

-¿¿¡¡Hay alguien vivo!!??

-Estamos los dos vivos tranquila capitana simplemente hemos dado una distracción a los cazas –dice con voz tranquila la teniente mientras se levantan de los asientos en mitad del túnel.

-Como me volváis a hacer esto….

-Solo una pregunta- añade el capitán:- No tendréis una aeronave de sobra que dejarnos ¿verdad?

Relato 3 Combates Aéreos

Relatos 3 Combates Aéreos

-Están chulos estos avances en los aviones ¿no opina igual teniente?

-Pues sí capitán, lo que me resulta extraño es que nos den unos de estos “juguetes” cuando hace menos de dos semanas que estrellamos nuestro antiguo avión.

-Ni idea teniente pero vamos a probarlo en esta nueva misión.

-Estoy de acuerdo capitán.

No han acabado la conversación cuando dos grupos de cinco aviones se acercan por detrás de la aeronave negra y se colocan a la izquierda los de color azul y a la derecha los de color rojo.

-Capitana del equipo azul preparada.

-Capitana del equipo rojo preparada.

-Plan original, nosotros entretendremos a los cazas y ustedes se van a por la plataforma. Destrúyanla y luego ya llegaremos a nosotros para celebrar juntos con unas jarras de cervezas.

-Sí, equipo azul preparado.

-Equipo rojo.

-Buen viaje señoras.

Los diez aviones se alejan permitiendo que la aeronave negra se quede sola y se dirija a su destino a gran velocidad. Veinte minutos después se observa a la plataforma tanto en el radar como visualmente y como salen cinco cazas hacia la aeronave.

-Equipo azul y equipo rojo los cazas ya vienen a por mí. Denme diez minutos y la plataforma es toda suya.

La aeronave da media vuelta ofreciendo la parte trasera a los cazas. La teniente dice:

-Capitán, los cazas se encuentran a quinientos metros. Tenemos preparados todos los misiles listos para darles batalla.

-Aquí capitana del equipo Azul. ¡Buena suerte! y le invito a una cerveza por cada caza que destruyan-

-Capitana nos van a deber cinco.

-Delo por hecho capitán.

-Señor, cazas enemigas a mil trescientos cincuenta metros de nosotros. Tienen misiles cuyo alcance es de cien metros. Llegarán a distancia de tiro en dos minutos

-Teniente, ¿a qué distancia se encuentran los túneles de metro?

-A tres minutos y medio dirección suroeste.

-Muy bien.

La aeronave negra gira para dirigirse a esa dirección; ese movimiento es copiado por los cinco pequeños cazas azules que las persiguen.

-¿Siguen abiertos los túneles del metro?- pregunta el capitán.

-Sí –dice la teniente: -y la aeronave entra por ese espacio si achatamos las alas. El túnel más cercano está a dos minutos.

-Me lees el pensamiento. Vamos a por ello.

Cinco naves enemigas aproximándose en el radar, se encuentran a un minuto de distancia de disparo!- grita el ordenador de a bordo.

Se dirigen hacia el túnel fijando el rumbo. Mientras tanto la teniente se descarga un mapa de los túneles de las vías ferroviarias y le va diciendo el itinerario al capitán.

-Teniente.

-Sí señor.

-Si no salimos de esta quiero que sepa que ha sido un honor volar con usted.

-El honor ha sido mío señor. Sí algún día mis hijos vuelan libres en este planeta es gracias a usted.

-Teniente, mi objetivo es enseñar a volar a sus hijos.

-Será un honor.

Diez naves enemigas aproximándose en el radar, se encuentran a medio minuto de distancia de disparo!

-¡¡¡Teniente!!!

-Señor acaban de aparecer cinco naves.

-Eso ya lo he oído.

-Parece ser que estaban en una formación muy cerrada y el radar no las ha detectado hasta ahora.

-¡¡Mierda!!-grita mientras da un puñetazo a la mesa: -El plan sigue siendo el mismo. Túneles del metro y distraerles lo máximo posible. Avisa a los otros dos grupos de mando.

-Sí señor, llegamos en veinte segundos. Aquí avión cebo, tenemos diez aviones en cola, les entretendremos todo lo posible. Dense prisa Equipo Azul y Equipo Rojo.

El capitán respira profundamente y baja el avión a altura del suelo mientras que el ordenador de a bordo grita:

-¡¡¡Altura demasiada baja!!! Menos de cinco metros del suelo.

-¡¡Diez aviones enemigos en  distancia de disparo!!

-Vamos a allá teniente.

-Estoy preparada capitán.

Las alas del avión se pliegan de forma que la aeronave queda como un tubo y se adentra en el conducto que forma la entrada al metro. La teniente pregunto cuando entraron:

-¿Saldremos de aquí?

-Eso es una buena pregunta.

Relato Cien Palabras

Relato Cien Palabras

Siempre me ha gustado entrar en un bar un día cualquiera y observar a la gente. Hoy es uno de esos días. Miro como una pareja de ancianos están más de media hora mirándose a los ojos sin decir nada, simplemente tomándose su café, como si se tratara de una película de amor. El otro cliente del bar de unos sesenta años, con bigote y perilla blanca y una camisa de manga corta con rayas horizontales rojas y blancas, pidió una copa de brandy de Jerez y le observé mientras se la tomaba. No sé de brandy pero observando a ese señor aprendí. Cuando se la sirvieron esperó un poco, luego se acercó la copa la nariz y aspiró levemente los aromas que desprendía y después la bebió poco a poco, en pequeños sorbos, saboreándola.

Relato 3 El Cuerpo Expedicionario

Relato 3 El Cuerpo Expedicionario.

La primera noche en el Bosque Inhóspito nos atacaron por el noreste unas veinte cabras cargando contra nuestras empalizadas. Pensamos que se iban a quedar atascadas entre los maderos de las mismas pero, en cambio, al primer toque se vinieron abajo todas. Las cabras entraron arrasando por todo el campamento hasta que fuimos capaces de matar a todo el rebaño cuando ya empezaba a amanecer. Lo peor de todo fueron los gritos de los que caían bajo sus cuernos. Me recordaban mi fallo.

Cuando fui a ver qué había pasado con las empalizadas, me di cuenta de que los soldados del Cuerpo Expedicionario habían cavado por debajo de ellas haciéndolas inestables. Por eso habían caído a la primera embestida. Estos hombres saben nuestro método de defensa, por tanto habrá que cambiarlo. Uno de los soldados llega corriendo:

-Señor estratega, hemos sufrido dieciséis heridos.

-Tenemos que cambiar el método de defensa. Que quiten de inmediato todas las empalizadas y que hagan barricadas -las barricadas son más difíciles de fastidiar mediante agujeros- Quiero que estén lo más pronto posible.

Otro soldado se aproxima corriendo a toda velocidad y antes de llegar ya está gritando:

-¡¡¡Señor!!! Viene por el oeste de los monstruos. Son una manada de tres miembros. Delante de ellos hay uno de los presos o eso creemos.

-Vamos para allá ¡¡Rápido!!

Salgo corriendo sin esperar a mis soldados. Si nos mandan los monstruos nada más llegar tenemos que estar preparados para demostrar que somos contundentes. Cuando llego a la primera línea grito al primer soldado que veo:

-¡¡Soldado!! Quiero a los escorpiones preparados detrás de la primera línea defendida por los lanceros con armadura reforzada. En la primera línea arqueros con armadura ligera o mejor sin armadura.

Observo por donde vienen los monstruos, están a más de medio kilómetro, llegarán en unos veinte minutos a la velocidad que vienen. Podemos verlos de lejos gracias a que nos hemos situado en el centro de un claro que hemos encontrado en este dichoso bosque Por lo que parece, el claro debe ser lugar de confluencia, ya que se ven las huellas de muchos monstruos. De los que nos ocupan ahora, delante de ellos, como guiándolos, uno de los soldados del Cuerpo Expedicionario. No se si podremos estar preparados para cuando lleguen.

Los monstruos son de una altura aproximada de tres metros con cuatro brazos y muy peludos. Resultan muy feos y amenazadores.

Miro hacia atrás y veo que el sargento de guardia todavía no ha hecho nada y grito:

-¡¡¡Sargento!!! ¡¡¡No ha oído lo que le he dicho a su soldado!!! ¡¡Cumpla mis órdenes!!!

-Señor solo me da órdenes mi comandante.

-Sargento cumpla con lo que ha dicho el estratega real.

El comandante como aparecido de la nada se presenta a la primera línea de la defensa. Me mira y me pregunta:

-¿Cómo lo ve estratega real?

-Creo que podemos estar preparados para cuando lleguen.

-Las órdenes del estratega real son mis órdenes. ¿Queda claro sargento?

-Sí señor.

Mientras el comandante se dirige hacia otro punto del campamento posiblemente a levantar el ánimo a su tropa.

-Hágalo deprisa sargento. En menos de veinte minutos llegarán aquí.

-Sí señor.

Vuelvo a mirar a los monstruos. Tres peludos y grandes monstruos se acercaban a toda velocidad persiguiendo a una ¿mujer? de esa compañía. No sabía que hubiera también mujeres soldados dentro de esa compañía, lo tendré que preguntar al comandante.

Me doy la vuelta para ver los preparativos que he mandado. El sargento, a pesar de sus reticencias, está las cumpliendo muy eficientemente e incluso han llegado tres sargentos más. Los arqueros llegan casi sin armadura, solo un arco y dos carcajs de flechas, su contra punto serán los lanceros que, prácticamente, no tenía ni una sola parte de su cuerpo sin cubrir.

-Arqueros –Todos me miran como quiero-; hago una línea con el tacón de la bota: quiero que estén todos aquí. La mitad con una rodilla en tierra y los otros de pie. Solo dispararan a mi orden y también a mi orden se dispersaran por los lados. Disparen a los tobillos de los monstruos. TO-BI-LLOS. ¿Queda claro?

-Sí señor –contesta el sargento de los arqueros.

Me dirijo hacia él.

-Caballero quiero que sus hombres se sitúen a los lados de los dos escorpiones y cuando terminen sus disparos les cubrirán. Esperemos que no quede ninguno de los monstruos para ese entonces.

-Sí señor.

Cuando me he querido dar cuenta ya están muy cerca. El grito del sargento de los arqueros se adelanta al mío para ordenar a los soldados. La chica del Cuerpo Expedicionario había desaparecido pero los monstruos seguían en nuestra dirección. Se habían abierto en abanico porque en el claro pueden hacerlo.

-¡¡Arqueros!! Todos a una.

-Sí señor.

Me quito el sudor de la cara con la manga de la camisa que ya está empapada. Los monstruos se acercan rápidamente.

-¡¡Arqueros!! Mitad al extremo derecho y la otra mitad al extremo izquierdo. A los tobillos. A mío grito de ya. Tres…. Dos…Uno ¡¡YA!!

Las flechas salen volando y se clavan en las rodillas y los tobillos de los monstruos. Los objetivos caen por las heridas.

-¡¡Retírense!!

Con una retirada digna de cualquier libro de estrategia se abren en dos columnas cerradas y desaparecen por los laterales que son inmediatamente cubiertos por lo lanceros. Los escorpiones, sin que tenga que gritar, disparan sus lanzas. Las dos se clavan en el abdomen peludo del monstruo que queda en pie pero muere al instante. Los lanceros se lanzan a rematarlos y aunque intento gritar que no lo hagan es tarde. Dos de ellos son cogidos por el monstruo del extremo derecho con las dos manos de su extremo derecha y los estampa contra el suelo mientras que con las otras dos izquierdas hacían saltar por los aires a tres más. Uno de ellos cae de forma muy ruda y no se vuelve a levantar, los otros dos se levantan. El otro coge a tres más con sus manos que los destrozan estampándolos contra el suelo. Sus compañeros se vengan de ellos destrozando con sus lanzas las cabezas de los monstruos. Poco después cuando se dan cuentan de que han matado a los monstruos y hemos enterrado a nuestros seis muertos se disponen a celebrar nuestra primera victoria y a honrar a nuestros muertos.

Yo no me uno a la fiesta. Esto solo es el principio.

Atraco

Atraco

Cuando hay un atraco en un banco y hay rehenes y la policía llega tarde, la consecuencia es que investigan a todo el mundo, incluido a un pobre rehén que simplemente quería sacar dinero del cajero.

Mientras los últimos GEO comprobaban que no quedaba ningún atracador más dentro del banco, los rehenes, entre los que me incluyo, salíamos lo más deprisa que podíamos después de haber estado una hora tumbados en el frío suelo de la oficina.

Los policías habían acordonado la calle entera e interrogaban a todos los testigos por los acontecimientos. Uno de estos agentes me preguntó qué era lo que había pasado y empecé a recordar. Con un simple “No funciona”, a lo mejor no me había pasado todo esto. Un simple cartel que hubieran puesto en el cajero ahorrándome diez minutos de meter y sacar la tarjeta, de soplar la tarjeta, de limpiarla con la camiseta de los Rolling Stones  y, sobretodo, de desquiciarme. Cuando miré hacia atrás y observe toda la cola de gente que había producido, pensé que era un buen momento para entrar en la oficina y pedir amablemente a los cajeros que me dieran veinte euros de mi cuenta para poder invitar a comer a mi novia.

-Creo que no funciona. Probad el resto si queréis- les dije a las cinco personas que estaban detrás mío.

Dejé el cajero y me dirigí hacia la puerta de la oficina bancaria que se abre tirando pero yo, con toda la confianza del mundo, la empujo y me estrello. Definitivamente hoy no era mi mejor día.

Lo que más me sorprendió es que con mi habitual despiste entré tranquilamente con todas las llaves en el bolsillo; las de mi piso; las de mi garaje y las de mi Kawasaki Z 1000SX Tourer y pasé tranquilamente el detector de metales- ¿Cómo se puede pasar un detector de metales con los bolsillos llenos de llaves metálicas sin que suene ni te pare? Esa pregunta me rondó por la cabeza cuando me situaba en la cola para los cajeros humanos y todo se vino abajo.

Entraron rápidamente seis personas con caras de payasos y lo que era peor con unas metralletas muy largas. Uno se situó en la entrada mientras que los otros se abrían en abanico perfectamente coordinados:

-¡Todo el mundo al suelo! ¡Y que nadie se haga el héroe que no estamos en una película!

Dos se fueron rápidamente al mostrador de los cajeros, otros dos a las mesas y el tercero al despacho del director. El último se quedó en la puerta detrás de todos los rehenes y la cerró con un candado mientras decía:

-Nuestro objetivo es hacer el atraco rápido, sin tiros y fundamentalmente sin heridos. No se preocupen solo atacamos si nos atacan. No quiero ningún héroe muerto.

Su voz era relajada, tranquila, un poco cascada posiblemente por el alcohol o el tabaco, como si fuera un abuelo contando a su nieto un cuento para dormirle pero lo más raro era su forma de andar. Un andar tranquilo de un chaval de veinte años que no concordaba para nada con su voz, perfecto, en cualquier caso, para confundir a los testigos. Siempre daba paseos cortos vigilando a todos los rehenes.

Mientras que el que parecía que lideraba controlaba por detrás de nosotros, otros dos de sus compañeros se dedicaban a enchufar pen drives en los ordenadores del banco. El cuarto se puso encima la mesa de los cajeros y nos apuntaba a los rehenes con la metralleta, flanqueado a derecha e izquierda por otros de sus compañeros.

Con uno delante apuntándonos, el otro por detrás y otros dos en los laterales que no paraban de dar pequeños paseos ninguno de nosotros movía ni un solo músculo mientras sucedía todo.

En menos de dos minutos habían sacado todos los pen drives de los ordenadores y habían salido por la puerta del banco de la misma manera que habían entrado, muy rápido.

-Entonces ¿los atracadores salieron por donde entraron?- me preguntó el agente.

-Si señor eso creo, aunque no estoy seguro ya que me mantuve pegado al suelo- contesté.

-Muchas gracias. Si nos hace un último favor dele sus datos a ese agente para que podamos contactar con usted por si tenemos alguna duda sobre su testimonio- me pidió el agente.

Una vez que terminé intenté salir de todo este lío de agentes, testigos, rehenes, ambulancias, coches de policía con las sirenas puestas con un ruido ensordecedor, coches parados y sobre todo con una multitud de observadores anónimos que no dejaban de llegar. A empujones y a “perdón” o  “paso por favor” me moví unos tres metros en diez minutos  y aun así no veía el final del gentío.

De repente uno de esos reporteros que andan cazando noticias espectaculares para salir el mayor tiempo posible en el telediario de la noche me enchufó con su alcachofa y me preguntó:

-¿Me puede hablar del atraco?

-Sí claro le hablo de lo que quiera si me saca de aquí.

-Por supuesto. ¡Señores dejen pasar a este pobre hombre!

Después de que pude pasar, hice algo de lo que no me siento muy orgulloso.

-Señor, la verdad es que no he visto mucho. Solo sé que eran seis atracadores y que estaban muy bien organizados pero muchas gracias por sacarme de ese gentío.

-Gracias a usted, nadie quiere hablar conmigo- me respondió el reportero con una pequeña decepción en su cara a causa de la brevedad de mi relato. La verdad es que le podía haber dicho muchas más cosas pero me encontraba cansado y quería salir de allí ya.

Lo peor fue llegar al lado de mi  Kawasaki Z 1000SX Tourer y encontrármela caída y con una gran rallón en el lado derecho. Eso me va  a costar una pasta en el taller.

Esto demuestra que no es mi mejor día, aunque lo peor de todo es que todavía no es ni mediodía.